White Lies: ''Este disco es un recordatorio de por qué empezamos''
Los ingleses abordan el reciente ''Night Life''
Con cerca de dos décadas de trayectoria, White Lies reafirma su identidad a través de una obra que dialoga con el pasado sin perder la mirada hacia adelante. En los primeros días de noviembre, la banda británica suma a su catálogo "Night Light", un disco que irradia un espíritu setentero, concebido en tomas en vivo y bajo una estética vintage que refleja un deseo profundo de reconexión. Más que un nuevo capítulo, se presenta como un punto de inflexión en su recorrido sonoro. "Para nosotros es un pequeño cambio respecto a lo que veníamos haciendo. Es el primer álbum que grabamos de forma realmente en vivo, queríamos capturar la energía de tocar juntos. Está muy influido por la manera en que se grababan los discos en los años setenta, cuando las bandas entraban al estudio a tocar sin tanta edición. Antes solíamos construir las canciones por partes, pero esta vez llegamos muy ensayados, seguros del material, y grabamos tomas completas de cada tema. Fue un proceso divertido, inspirador y creativo, que nos recordó por qué empezamos a hacer música juntos", asegura el músico.
"Night Light" se erige como un ejercicio de autenticidad colectiva, una búsqueda de equilibrio entre la técnica y la intuición. Aunque se construye a partir de múltiples conceptos, estos terminan por unificarse gracias a nuevas cabezas y colaboraciones que amplían el horizonte creativo del grupo. "Ensayamos un par de semanas con Seth, un tecladista que también ha trabajado con Black Midi, y fue en esos ensayos cuando todo encajó. Las canciones fluían naturalmente y compartían una identidad común. Ahí entendimos qué tipo de álbum estábamos haciendo", explica Jack.
"Night Light": Exploración y dinamización
El proceso de postproducción también implicó un giro inesperado, una experiencia atravesada por la distancia y la adaptación tecnológica. "Lo hicimos con Chris Cody, desde Los Ángeles, completamente por Zoom. Cada noche nos conectábamos durante tres horas, revisábamos canciones, hacíamos comentarios y al día siguiente escuchábamos los avances. Fue raro al principio, porque siempre nos gusta estar presentes en el estudio, pero terminó siendo liberador. Nos obligó a soltar un poco el control y dejar que otro aportara su mirada. Chris es un gran ingeniero, y confiamos plenamente en él. Todo lo que le enviamos ya nos gustaba, así que solo buscábamos llevarlo un paso más allá".
En esa combinación de precisión y soltura, "Night Light" reafirma la madurez de White Lies, una banda que, después de casi dos décadas, sigue encontrando en el acto de grabar una forma de redescubrirse. Un trabajo que mira hacia atrás sin nostalgia, rescatando la calidez del sonido en vivo y la química de tocar juntos, como si el tiempo solo hubiera servido para afinar la conexión entre ellos. En el terreno visual, el trío también decidió reescribir su identidad. Este flamante trabajo no solo marca un cambio sonoro, sino también una forma distinta de mostrarse: una apertura hacia la luz, literal y simbólica. "Por primera vez decidimos aparecer en la portada. Siempre habíamos usado ilustraciones, pero esta vez queríamos mostrarnos, aunque nos daba cierta timidez. Usamos trajes vintage de los sesenta y setenta, inspirados en ese espíritu clásico de las bandas que admiramos", cuenta Jack Lawrence-Brown. La estética del disco se alinea con su esencia musical, la construccuón un universo de claroscuros donde la nostalgia se mezcla con una modernidad contenida. "También trabajamos nuevamente con Andreas Nielsen, quien dirigió el video de 'In the Middle' desde Hong Kong. Es un clip surrealista —un tipo que se saca una flauta del estómago—, pero amamos su forma de interpretar la música. En conjunto, todo el arte del disco tiene ese aire polvoriento, retro, que dialoga con el sonido y el concepto general".
Esa conexión entre imagen y sonido también se refleja en los pequeños gestos del álbum, en la forma en que cada instrumento parece respirar su propio espacio. Uno de los ejemplos más evidentes está en 'Keep Up', donde el bajo sostiene la tensión con una precisión casi cinematográfica. "Fue una de las canciones más rápidas que hicimos. La comenzamos y terminamos en un día. La base de bajo y batería se mantiene casi igual durante todo el tema, lo que crea un groove constante. Queríamos que la canción se sintiera hipnótica y contenida, hasta que todo explota al final". Esa paciencia estructural —esa manera de postergar el estallido— se ha vuelto una marca de la casa. "En White Lies nos gusta postergar los momentos de clímax; preferimos que el oyente espere pacientemente hasta que ocurre algo realmente emocional. 'Keep Up' tiene un estribillo inmediato, pero su fuerza está en la tensión que se acumula hasta el cierre", complementa el inglés.
En conjunto, las declaraciones de Jack revelan un afán de síntesis entre forma y fondo: la decisión de aparecer en la portada, de grabar en vivo y de sostener la tensión musical responden a una misma búsqueda de verdad. "Night Light" ilumina la madurez de una banda que ya no teme mostrarse —ni física ni emocionalmente—, que encuentra belleza en el control medido y en el desborde contenido, en esa luz que persiste incluso cuando el sonido se apaga.

Trayectoria como punto de enunciación
"As I Try Not to Fall Apart" (2022) fue un álbum profundamente emocional; el reflejo prístino de aquello que alguna vez White Lies edificó como cimiento, y que hoy, con su séptima producción, se erige con natural soltura, casi como si el tiempo se hubiera vuelto su mejor maestro. "Ese álbum se escribió y grabó durante la pandemia, cada uno desde su casa. Fue un proceso difícil. Así que con Night Light queríamos lo contrario: estar juntos en la misma sala, trabajar como una banda de verdad".
La honestidad, sin embargo, no llega sin su cuota de autocrítica. Es en esa apertura donde aparece la posibilidad de cuestionarse para avanzar, Jack sentencia como quien encuentra valentía en la sinceridad. "Somos lentos componiendo, pero eso es parte de nuestra identidad. Nos gusta discutir, pulir ideas y llegar a acuerdos. Este disco nació de ese trabajo colectivo, todos los días los tres en la misma habitación. Fue muy reconfortante", comenta. El tiempo, antes enemigo, se volvió método, forjando una ética de la calma que blinda el oficio contra la ansiedad del calendario. En esa pausa aparece el disco como taller, capas que respiran, decisiones que maduran, silencios que adquieren contorno. "Aprendimos a no apurarnos. En el pasado sentíamos presión por entregar rápido, pero ahora tomamos el tiempo necesario. Es un lujo poder hacerlo, y fue clave para que cada decisión creativa nos dejara satisfechos".
La época vivida en medio de "As I Try Not to Fall Apart" no solo describe un proceso: declara una estética. "Fue una locura hermosa. Éramos muy jóvenes, teníamos presupuesto y libertad. Grabamos con orquesta, experimentamos sin límites. Quizás haríamos algunas cosas distinto, pero no cambiaría nada: ese disco es una postal de lo que éramos a los veinte. Llegó al número uno en Reino Unido y nos cambió la vida. No es perfecto, pero me llena de orgullo". Esa locura, esa entrega sin cálculo, fue también una manera de vivir el arte en su forma más pura: el vértigo de crear sin saber aún el peso de lo que se construye. Y, sin embargo, entre la euforia y el exceso, hay momentos que cristalizan como pequeños relámpagos de belleza. "Cuando nos avisaron que el álbum era número uno, estábamos filmando el video de 'Farewell to the Fairground' en Siberia, a menos veinte grados. Recibimos la llamada de la BBC en medio de la nieve, los tres solos, brindando con vodka. Fue un momento surrealista, uno de los más felices de mi vida".
La lentitud, esa que se vuelve sospechosa en la industria, aquí es una apuesta de claridad. El pulso rítmico deja espacio a la respiración de las melodías; la voz entra no para coronar, sino para conducir; la guitarra abandona la urgencia del impacto y elige la precisión del trazo. Se escucha la confianza: arreglos que no compiten, se ordenan; texturas que no saturan, sostienen. La luz del título no es estridencia: es una lámpara encendida sobre lo esencial, un brillo franco sobre la arquitectura emocional del grupo.
El tiempo como refugio en la era de lo inmediato
Si el gran aprendizaje de su obra anterior fue entender la importancia de tomarse las cosas con calma, esa lección hoy se transforma en una ética: una retórica de la paciencia que cobra sentido frente a la constante seducción de las temporalidades algorítmicas y el vértigo del presente. "Tuvimos suerte: nuestra banda se formó cuando aún se vendían CDs. Nuestros fans crecieron con nosotros y no están tan pendientes de TikTok o de las modas del streaming. De todas formas, no estamos en contra de esas plataformas. Si sirven para que alguien nos descubra, genial. Tenemos TikTok porque el sello lo pidió, pero no somos una banda que haga bailes. Preferimos usarlo para mostrar cómo trabajamos, compartir un poco del proceso".
Y aunque esa serenidad les ha permitido navegar con soltura los ritmos cambiantes de la industria, la "suerte" de pertenecer a una generación intermedia no se traduce en todas las áreas. En lo que respecta a las giras de gran escala, la realidad parece seguir marcada por la distancia geográfica y estructural. "Nos encantaría. Vamos seguido a México, pero tenemos una gran deuda con Sudamérica. Solo hemos estado una vez en Chile y en la región, y eso queremos cambiar. Espero que pronto podamos volver y tocar como corresponde".
En esa mezcla de paciencia y deseo late la esencia de un disco que no corre, que observa, que entiende que el tiempo —esa materia invisible que todo lo determina— también puede ser una forma de resistencia. Mientras el mundo se acelera al ritmo del algoritmo, White Lies elige detenerse, escuchar y volver a empezar, recordándonos que el arte no se mide por la inmediatez, sino por la permanencia de su eco. En esta última entrega, la banda se permite respirar. No hay prisa ni artificio: solo cabezas en sincronía buscando una forma de verdad entre luces cálidas y sombras persistentes. Jack habla de música, pero también de reencuentro, enfatiza en el instante en que una banda vuelve a escucharse, a mirarse, a reconocerse en lo esencial. Es un gesto casi humanista, una reconciliación con la lentitud en tiempos que premian la velocidad. Así, "Night Light" no solo ilumina un nuevo capítulo para la banda, también instala un tiempo propio. Un tiempo que no corre, acompaña. Que no exige, permite. El resplandor que vemos es el de una banda reconciliada con su ritmo interno, madura porque escucha, paciente porque confía, y más humana porque sabe que la belleza también necesita demorarse.
Karin Ramírez R. - Bastián Fernández C.
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