Dropkick Murphys: Cofradía en ascenso
Jueves 2 de noviembre. Teatro Cariola
En los shows de Dropkick Murphys hay un encomiable espíritu de fraternidad. No hablamos de ese apego forzado de las bandas en carretera, ellos tienen claro lo lejos que han llegado y cada presentación de estos orgullosos borrachos de Boston respira gratitud y entrega. Efectivamente, esos retratos sociales firmados en el sensible 11 Short Stories Of Pain & Glory amplificaron el mensaje y llegada de la banda, pero la esencia ha sido construida en conjunto con su público desde mediados de los noventas. Una gran fraternidad en constante crecimiento.
Pese a los problemas de sonido en el inicio de la presentación, la gente conectó de inmediato con estos optimistas parranderos; a estas alturas nadie podría criticar el mestizaje sonoro aportado por Dropkick Murphys y todo lo que proyectan: el corte instrumental The Lonesome Boatman, el infalible gancho tras The Boys Are Back más I Had A Cat, brindaron un torbellino a la pista del Cariola animado por skinheads, fans del punk melódico y varios entusiastas con camisetas verdes con tréboles impresos. Todo en modo celebración.

Al Barr no para de saltar, gritar y animar al público, también llegando a la barricada y representando el entusiasmo de sus compañeros, un colectivo todo terreno escudado en un impactante imaginario épico. No es solo lo esperable de esa aguerrida ascendencia irlandesa o el aura festiva de la música celta, el espíritu del grupo está por sobre todas las cosas. Está la raíz hooligan en The Boys Are Back, también el equilibrio aportado por la voz de Ken Casey y el evidente apego hacia el street punk, aún muy presente para tranquilidad de sus fans clásicos.

Puede ser con los guiños hacia el lejano disco Do or Die u homenajeando las raíces (Ramones, The Clash, Sonny Curtis), todo rige de igual forma. Dropkick Murphys se muestran como guías espirituales para levantarte de una, armados en guitarras, mandolinas, acordeones y un puñado de himnos generosos en calle y muy difíciles de equiparar dentro del surtido árbol genealógico del punk celta.
Fieles a su libreto, Al Barr y sus compañeros propician la clásica invasión al escenario durante su relectura para el petardo oi! De los Sham 69, If The Kids Are United; fuertes en espíritu y repertorio. Un ritual necesario para brindar y validar, nuevamente, el sentido liberador de la música. Esta pandilla sigue sumando adherentes y no hay por donde bajarla. Salud por los Dropkick Murphys.
Fotos :Peter Haupth
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