Eterna Inocencia: Nuestras voces están unidas esta noche

Sábado 15 de diciembre, 2018
Teatro Cariola

Eran alrededor de las 20:00 horas en el centro de Santiago. Varios minutos antes ya comenzaban a llegar las primeras personas con su boleto en mano, o el billete asegurado para adquirir las últimas entradas disponibles para el concierto. El comentario obligado hacía alusión al elevado precio de los tickets, y entre reclamo y reclamo los sorbos de cervezas parecían no agotarse. La apertura de puertas y el ingreso fue puntual. Y luego de sortear un minucioso control de seguridad, todos los asistentes esperamos pacientemente que la banda apareciera en escena. Cuando ya el retraso de 30 minutos se hizo notar, comenzaron los cánticos: “Eterna” se escuchaba en el teatro, a coro y con la típica melodía de los gritos de estadio.

“América en mis ojos, su pueblo entre mis manos” fueron las primeras frases en salir a sacudir los oídos de la gente. Con el ritmo más punk que Eterna Inocencia domina, el pogo en el Teatro Cariola alcanzó la magnitud digna de la canción. Incluso en su inicio -y con la euforia propia de América - parecía que el teatro se llenaba. Sin embargo, la travesía del concierto nos haría notar algunos espacios vacíos en el lugar, pero el fervor no disminuyó en ningún momento.

Las canciones que sucedieron a continuación contaron con una correcta ejecución por parte de la banda, demostrando sin pudor los más de 20 años de experiencia musical. Bastó que apareciera el clásico Hazlo tú mismo para que el coro de la gente se hiciera fuerte, incluso más que la misma voz de “Guille”. Al ritmo de los riffs de guitarra, comenzaron a caer panfletos como lluvia: Santiago Maldonado, Alejandro Castro y Camilo Catrillanca eran los motivos.

Luego de 13 tracks sacados entre “EI” (2010), “Las palabras y los ríos” (2004) y “A los que se han apagado” (2001), vino el turno de comenzar a despedir el disco que convocó a este encuentro. “Entre llanos y antigales” (2014) -su última producción de estudio- fue tocado en estricto orden, de principio a fin y sin excepciones.

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Guillermo Mármol, la voz peculiar detrás de este sueño adolescente, hizo esfuerzos por contextualizar la producción de las canciones. Entregaba datos, fechas, pero por sobre todo historias. Sin embargo, difícil fue entender completamente el relato del argentino: las dificultades que arrastraba el sonido no permitieron que ese relato calara aún más hondo en los presentes. Cada una de las canciones del disco tuvo su respectiva explicación, pero los gritos de otras consignas y alguno que otro abucheo opacó el ejercicio de intimidad que los trasandinos pretendieron.

El momento emotivo, como era de esperarse, vino de la mano de Weichafe Catrileo . La contingencia era mayor que nunca. Y a pesar de que la canción fue escrita hacia el año 2009, “Guille” reconoció que jamás pensó que en pleno 2018 esta canción podría volver a funcionar tan bien para retratar los horrores cometidos entre Temuco y Neuquén. “¡Llueven balas sobre la Araucanía!” gritó el Cariola, con puños firmes hacia arriba y la rabia más viva que nunca. A esta declaración de intransigencia le siguió Nuestras fronteras , track escogido para cerrar la jornada que siempre -casi como un himno- termina por emocionar en su final: “¡Vamos, mi vida!” se escuchó a todo pulmón y junto a ello, una salida instrumental impecable.

La noche del 15 de diciembre nos trajo de vuelta el siempre necesario golpe de realidad. Eterna Inocencia fue capaz de reproducir, con perfecta exactitud, el setlist de su DVD lanzado este año: “Verano Permanente” (2018); y a pesar de ello, fueron capaces de mantener a su público expectante y reaccionario. Hubo momentos para las anécdotas juveniles, para las historias políticas contemporáneas, incluso para hablar de la Revolución Española. Todas las voces y todas las quejas fueron escuchadas esa noche.

Jimena Conejeros
Fotos: Crisitán Dunivicher



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