Niños del Cerro: Fiesta latinoamericana

Viernes 7 de diciembre, 2018
Matucana 100

Se dice que la música de guitarras está casi extinta en nuestro tiempo, y que lo que queda, ya no es lo mismo de antes. También se dice que faltan guitarristas enigmáticos, vocalistas carismáticos y bateristas que no tengan miedo de quebrar más de una baqueta durante los conciertos.  Anoche, en el lanzamiento de “Lance”, segundo álbum de Niños Del Cerro, no solamente se dejó en claro que las guitarras aún siguen estando vigentes, sino que en el caso de la banda floridana también siguen rescatando los sonidos latinoamericanos.

Con ‘Sufre’, se dio inició al show, aunque de manera  tímida y con más de un problema de tempo, producto de los nervios. Rápidamente, con ‘La pajarería’ y ‘Ropa de verano’ –pertenecientes a su debut, “Nonato Coo”– la gente dejó los asientos y se amontonó frente al escenario. Comenzaron a saltar y cantar, como si fuera la última tarde de su vida. Como siempre. Eso no fue todo, ya que también empezaron a circular los primeros “cigarrillos” comunitarios entre el público, mística entre los eguidores de la banda. De este modo, el teatro principal de M100 se parecía más al Bar Loreto repleto a las dos de la mañana. ‘Flores, labios, dedos’ desató la histeria y euforia del ya encendido público, que se movía al sonido de las guitarras y la poderosa batería de Pepe Mazurett, quien daba la impresión de estar al borde de un paro cardiaco debido a sus intensos movimientos. Verlo fue un espectáculo aparte. El menudo baterista es la mezcla perfecta entre la técnica y la fuerza. Cuando se deja llevar por el pulso de la música, parece que estuviera tras los tambores de una banda punk de fines de los 70, en cambio cuando golpea su batería con movimientos quirúrgicos, es como un percusionista de conservatorio. Pura versatilidad y talento.

No todo fue desenfreno. La pausa llegó con ‘El sueño pesa’ –que contó con la participación de Chini Ayarza (de Chini & The Technicians)–, ‘Las Distancias’ –en un ya clásico de la banda y que fue acompañaad de Martina Lluvias–, y ‘Nos vemos cómodos en este frío’.  Con estas canciones, el público pasó de ser una intensa marejada a suaves olas, las que eran manejadas a placer por él grupo. Tras esta calma, volvió la fiesta de con la histriónica ‘Lance’, que encendió nuevamente los fuegos para no dejar pies sin moverse ni garganta sin cantar. Sin embargo, fue ‘José de los rayos’ la que hizo sacar brillo al piso del teatro principal de M100, gracias a una tremenda interpretación que contó con la ayuda de Pipa Ugarte (Playa Gótica), en una performance simplemente memorable y de toques caribeños.

Una vez finalizada la presentación, Simón Campusano confesó temer que no llegara nadie a verlos y agradeció emocionado al público, ese mismo con el que tiene una conexión natural, que no lo ve como alguien lejano, sino que como un amigo que está triunfando haciendo lo que más le gusta. Campusano, no es de esos frotnman que tratan de llenar el espacio con sus extraños movimientos, vestuarios atípicos o interesantes bailes, su manera de hacerlo es siendo natural y generando empatía, haciendo solo lo la conciencia le dicta cada momento.

Lo que presentó Niños del Cerro ayer no fue solamente la presentación de su más reciente material de estudio ­–el que solo ha recibido elogios por parte de la crítica especializada, tanto en Chile como en el extranjero–, sino que también, fue el broche de oro de un año simplemente brillante para la banda. La interesante mezcla de guitarras atmosféricas y base rítmica totalmente latinoamericana, ha construido su identidad sonora única y propia, y les ha permitido ir aumentando su popularidad (aunque ellos dicen nunca haberla buscado), entre un público cada día más masivo que se cautivan con su propuesta. Resistirse a su música en base al prejuicio es, simplemente, un error de ignorancia.

Bastián Fernández
Foto: Carlos H. Juica para Quemasucabeza



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