La Brígida Orquesta: manosear el oído puritano

Viernes 7 de diciembre, 2018
Teatro Oriente

I

Gabo Paillao tiene cosas para mostrar. Y quiere mostrarlas todas al mismo tiempo. El pianista y director musical criado en el seno de la Conchalí Big Band y fortalecido luego de su paso por Como Asesinar A Felipes, hoy comanda una de las agrupaciones más deslumbrantes de la escena nacional: La Brígida Orquesta, una quimera sonora de once excelsos músicos que brinda elegancia al estilo musical más pendenciero de todos, el rap.

Por eso, el comienzo de su show en el Teatro Oriente –antecedido por una bestial presentación de CAF– está entregado a las artes escénicas. Jani Dueñas, caracterizada como Madame Brigitte, da el anuncio al comienzo del espectáculo. Se abren las cortinas y el comando de siete bronces uniformados como los gangsters jacksonianos de “Moonwalker” ejecutan a un encapuchado y sometido personaje con la banda presidencial. El mensaje es tan claro como la mítica canción de La Floripondio. Momentos artísticos como ese se intercalan durante toda la presentación, como en la interpretación en clave clown de la nostálgica ‘Payasos bailarines’, o en el interludio de magia en la medianía del show, con música de Nino Rota de  fondo y la orquesta integrándose a escena disfrazados. La aparición de Orquestina y la banda fantasmal se suman a la misma dinámica teatral que la banda ofrece.

II

“Escuchamos a Mingus y a Parker / Periféricamente adorables, corte elegante pero piante”, rapea Paillao en ‘Corte elegante’, el track que le da nombre a su disco debut. La referencia no es gratuita. El show, de hecho, fue prologado por ‘The clown’, del maestro Charles Mingus. Pero no hay que marearse con la alusión. La Brígida no es concebida solo como una big band de espíritu jazz –aunque bebe a vaso ancho de su influjo– donde se rapea encima. No, el imaginario de Paillao para este proyecto es la creación de una orquesta rapera. Una tornamesa orgánica que haga, en vivo y en directo, las bases rítmicas para que el MC haga de las suyas. Así, cuando parte ‘No hay apuro’ con su melodía ascendente en la que Matiah Chinaski va disparando sus versos raperos, la banda parece jugarse la vida en cada síncopa, como exploradores obsesivos de los rincones más secretos del ritmo. ¿El resultado? Una explosión bailable que pone a todos a debatirse entre saltar, levantar los brazos, corear fervientemente o registrar el momento en una historia de Instagram.

No pasa mucho para que La Brígida Orquesta hipnotice y deje al público suscitado al frenesí de su música, en la que hacen dialogar estilos de origen afroamericano de hace 50 años con la gesta propia del rap criollo. Porque, y hay que ser claros, esta propuesta no es la misma que la que desarrollan genios actuales como Thundercat, Flying Lotus, Kamasi Washington, Kendric Lamar o Anderson .Pakk. El combo –desde el nombre– tiene su conexión ineludible a nuestra tierra. Se escuchan melodías y proclamas urbanas, latinoamericanas, criollas, populares y urgentes. No del Bronx, sino de nuestra periferia mágica capitalina, como si en su interior convivieran la Orquesta Huambaly, la Royal Orchestra, Panteras Negras, De Kiruza, Liricistas y Franz Mesko, pero sonando a sí mismos, a unos virtuosos que rapean con el corazón en la mano a la vez que entregan una melodía llena de swing capaz de levantar muertos.

III

Como si no les alcanzara con condensar todos esos universos y romper, de paso, unos cuántos paradigmas en la música popular, La Brígida Orquesta funciona como una vitrina donde cada uno de sus integrantes muestra su virtuosismo. Paillao en varias ocasiones deja su teclado para dirigir al ensamble de vientos; también se atreve a rapear, hacer chistes, y es cosa seria cuando se deja llevar por la improvisación en su Hammond, derrochando talento y proyectándose como un Thelonious Monk del hip-hop, donde la rapidez y precisión de sus dedos parecieran rapear sobre las teclas blancas y negras. Lo que pasó hacia el final de ‘Balada para un caminante’ es un ejemplo de aquello. El emcí es otro que destaca. Matiah Chinaski hace ver fácil el arte del rapping, empleando pausas y cortes en sus rimas para hacerlas cuadrar con la música. Así, es sutil a la hora de interpretar ‘Si te busca’ o punzante en ‘Bla bla bla’. Felipe Salas y Tomás Alud –que también rapea–, en batería y bajo respectivamente, son el beat y llevan el pulso constante todas las canciones, manteniendo la sincronía. Las “cañerías”, como les dice Chinaski a trombones, saxos y trompetas, son el cuerpo robusto. Un arsenal de recursos que sorprenden a cada segundo, con cada uno de los siete músicos brillando en solitario en distintos momentos, arengándose entre sí, además de involucrarse en coros, hacer coreografías y situándose en primer plano para subir decibeles y crear una jam de vientos, como lo que pasó en ‘Querida’, que además tuvo la participación de Terrible de Mente Sabia Crú.

“Somos once voces y veintidós manos”, gritan todos al unísono en ‘Corte elegante’. Son un colectivo lleno de groove chispeante que están remeciendo la música urbana a la sombra del trap, con quizás muchos más argumentos musicales pero alejados del radar mediático. En el atraco al Teatro Oriente, con tiempo y público a favor, La Brígida Orquesta expandió los límites de la fusión con la interpretación de su disco debut y toda su artillería performática. “Solo buscamos, la oportunidad”, bromean todos a capela al final de ‘Elba Surita’, parafraseando un viejo jingle político de los 90. Después de ver de lo que son capaces, esperamos que esa oportunidad llegue más temprano que tarde.

César Tudela
Fotos: Juan Pablo Maralla



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