Roger Waters: La sinfonía de un adiós
Con la gira "This Is Not a Drill" el artista británico se despide de los escenarios.
Pasadas las 9 de la noche y con un Coliseo MedPlus a reventar, se inició una cuenta regresiva de tres avisos que nos anunciaban que seríamos testigos de uno de los mejores shows que se haya brindado en la capital colombiana. En una simulación de un sanatorio mental, apareció el miembro más destacado de Pink Floyd en los últimos tiempos.
‘Comfortably Numb’ y ‘The Happiest Days of Our Lives’ fueron las canciones que dieron inicio y acompañaron este performance de un extraterrestre ingresado en una clínica de reposo. Las dos últimas partes de ‘Another Brick In The Wall’ con el unísono “¡Hey, Teacher! ¡Leave them kids alone!” resonaron y sacaron lágrimas de emoción.
El concierto fue una mezcla de mensajes políticos, como es acostumbrado, y de la vida de Waters, su pasado y presente. Esto se vio reflejado en el primer acto del show, donde a través de las pantallas se proyectaban mensajes y se narraba la historia de sus momentos con Syd Barret, desde el nacimiento de la descomunal banda que conocimos hasta el doloroso final de Barret. También rindió homenaje a su fallecido hermano Jhon D Waters, recordando su infancia y todo el proceso en el que él le brindó apoyo.
Tras 15 minutos, un cerdo con ojos rojos, adornado con los artes del álbum "The Wall", dio inicio al segundo acto del británico mientras volaba por el Coliseo. Contundentes mensajes en contra de las invasiones armadas, actos de guerra de países como USA, Israel, Rusia y eventos sucedidos en Bogotá fueron el punto central de la segunda parte del show. Además, como factor principal, la palabra clave durante este evento fue "derechos humanos", donde el artista expuso sus pensamientos por un mundo en donde los seres humanos tuviésemos acceso a derechos sin importar religiones, nacionalidades, sexualidad o pensamiento.
El esperado prisma del "Dark Side of the Moon" tuvo lugar en "Any Colour You Like", un momento en el que los láseres dejaron estupefactos a los asistentes. Pasado este espectáculo de luces que daba inicio al fin del show, Waters llegó con ‘The Bar’, un tema que tiene como epicentro un gran piano de cola y a su alrededor todos los músicos de la banda. Uno a uno fueron presentados, dando paso a este íntimo tema del británico, dedicado a su hermano, a su esposa Kamilah Chavis y a Bob Dylan. Allí, el músico y su banda iniciaron su camino al backstage acompañados de una cámara, bailes y sonrisas del artista dieron fin a la presentación.
Un show marcado por la recurrente presencia de la bandera palestina y cánticos en apoyo a su liberación fueron el centro de este espectáculo. Además de exponer la naturaleza humana a la autodestrucción y la vulneración de los derechos de aquellos considerados seres humanos de segunda clase, Waters no es un artista que caiga bien en muchas zonas del mundo, pero es capaz de, sin censura, dar a conocer sus posiciones políticas y sociales.
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