Primavera Sound 2024: tensión sensual
Lana del Rey dominó multitudes en la tercera jornada
Parc del Fórum, Barcelona
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La tercera tarde consecutiva del festival en Barcelona estuvo dedicada a la diva neoyorquina que provocó una avalancha multitudinaria de devotos, como asistentes a una peregrinación, esperaron durante horas y perdonó los 25 minutos de demora para su recital-ceremonia. Una jornada eclipsada por Lana del Rey pero que benefició a su antecesor Troye Sivan y dejaría la pista libre para el rock melancólico de The National.
Lo que hace un año fue Rosalía este viernes se replicó con más claridad y fanaticadas vestidas para la ocasión, Lana del Rey se coronó indiscutiblemente como la reina del certamen, al menos en lo que convocatoria y celulares grabando se refiere. Con incondicionales agolpados horas antes de su horario pronosticado y que esperó pacientemente la casi media hora de retraso hasta que la glamorosa cantante apareció en escena como una ilusión óptica y fantasía erótica hecha realidad.
Horas antes, en la entrada al recinto oigo a una joven decirle a su amiga “ver a Lana del Rey es historia, como ver a los Beatles” con una seguridad propia de su generación. ¿Es Lana del Rey el mayor producto pop de su tiempo? Cuando hace dos días Madrid se sacudió por la llegada de Taylor Swift, o que simplemente aún su importancia en la historia en la música está por verse. Sin embargo podríamos catalogar que Lana es al pop alternativo lo que Taylor es al pop mainstream, como dos fenómenos difíciles de entender fuera de sus fieles.
Aunque la cantante de 'Summertime Sadness' defiende lo suyo desde una propuesta más sensual, lánguida y melancólica, en baladas monótonas que no requieren mucho esfuerzo interpretativo. Vocalmente la cantante es limitada, plana, y cubre sus debilidades acompañada de tres coristas y el público que no deja de corear cada uno de sus temas. Y así se escuchó en el segundo tema ‘West Coast’ o la versión soul de ‘W & A’ en lo que fue el único momento musical diferente de su espectáculo. Un show montado sobre una recargada escenografía, estilo jardín de palacio, en la que la futura heredera se columpia y desplaza exudando sensualidad mientras canta y murmura sobre sus tormentos sentimentales. Pero toda la emoción se la llevan sus fanáticos de las primera filas, estremecidos hasta las lágrimas y que las pantallas exhiben en primer plano como la manipulación emocional perfecta. Una experiencia religiosa protagonizada por uno de los grandes productos pop de su era.
Misma tarde que la también norteamericana Chelsea Wolfe hizo alarde de su propuesta electro-gótica en el auditorio, con un concierto literalmente oscuro y envolvente (recomendado para fanáticos de The Gathering o de las fases más dark de Tori Amos). Mientras que en exteriores Yo La Tengo congregaba fieles pero demostró que lo suyo pierde interés en un ambiente abierto y que son un grupo para salas, o que su rock anémico exige mucho esfuerzo o se vuelve un forzado letargo. Mientras que la -décimo novena- promesa británica de la temporada The Last Dinner Party entretenían al público con un pop-rock diverso -y disperso- que está a medio camino entre la electricidad y el pop coral sin grandes destellos.
Pero más debilidades se vieron en Dogstar, un grupo prescindible que sólo explica su presencia porque se trata de la banda de Keanu Reeves. En cambio el australiano Troye Sivan se volvió la sorpresa de la jornada y el mejor telonero de Lana del Rey, con un espectáculo de pop-queer bailable y explícito en sensualidad (sexualidad también) en total coherencia con su carrera. Y tras el huracán de Lana del Rey la pista quedó despejada para la actuación en el escenario continúo de los también neoyorquinos The National con un evidente contraste generacional. Un show de casi dos horas en la que su cantante Matt Berninger (con la voz algo desgastada) se esforzó por motivar al público, entre temas conocidos (la siempre conmovedora ‘I need my girl’) y de su último álbum, que funciona como un número probado del indie-rock, sin sorpresas pero que da la sensación de que es algo varias veces visto. Un grupo adulto para adultos melancólicos y para quienes buscan parecerlo.
Una noche que continúo en completa calma, sin mayores novedades, como el somnoliente neo-soul de Tirzha, la electrónica pop de Barry Can’t Swim, el rock del trío Brutus y Mount Kimbie, la gran fiesta de Disclosure y la electrónica de Arca ante una gran audiencia pasadas las 3 de la madrugada, con miles de personas aún girando entre las distintas fiestas electrónicas dentro del recinto (la jornada más poblada de está edición). Y después de tres días de conciertos el cansancio es mayor pero el entusiasmo permanece intacto ante tanta oferta que se disfruta con mucha curiosidad y un clima favorable, entre el calor y el aire fresco del mar. Pero aún falta una cuarta tarde, noche y madrugada de conciertos y para los más “sacrificados” un brunch electrónico para el domingo.
Roberto Carreño
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