Monsters of Rock Colombia 2025
El espíritu del rock no se cancela
Texto Wendy Acosta / Khris Forero
Fotografías Khris Forero
No todos los días Bogotá se convierte en el centro del universo para los fanáticos del rock y el metal, pero la noche del 30 de abril, el Coliseo MedPlus fue testigo de una velada que sobrepasó las expectativas. Lo que comenzó con incertidumbre por la cancelación de Scorpions terminó siendo una noche de entrega total, con actuaciones memorables de tres potencias musicales: Opeth, Europe y Judas Priest. Una velada que, a pesar de los tropiezos logísticos por transporte y algunos ajustes de último minuto, se transformó en un canto colectivo a la pasión por el rock.
El público aún se estaba acomodando cuando Darkness, banda icónica del thrash bogotano, abrió la jornada con una descarga directa y sin contemplaciones. Lamentablemente, su show fue cortado abruptamente justo cuando tocaban su himno “Metalero” un golpe que dejó a muchos con el grito en el pecho con ganas de más, pero su presencia fue suficiente para recordarnos por qué son parte fundamental del ADN del metal nacional.
Luego llegó Krönös, desde Cali, con una presentación sólida, cargada de riffs poderosos y una energía cruda que conectó con quienes ya habían calentado cuerdas vocales. Fue un guiño necesario a la escena nacional, que sigue respirando con fuerza en cada ciudad del país.
El ambiente cambió radicalmente con la llegada de Opeth, que transformó el recinto en un templo de sonido. Mikael Åkerfeldt apareció en escena como un sacerdote oscuro del progresivo y el death metal, pero rápidamente demostró que, además de su dominio vocal y musical, posee un sentido del humor entrañable.
“Buenas noches, Colombia... esta canción se la quiero dedicar a mi amigo... Peluca”, dijo con una sonrisa pícara, arrancando carcajadas y ovaciones del público. Más tarde se refirió a sí mismo como “Miguelito”, reforzando esa cercanía que no siempre se ve en bandas de su trayectoria.
Uno de los momentos más emocionantes fue “In My Time of Need”, cuando Åkerfeldt prometió usar el 100% de su voz limpia. Y lo cumplió. La interpretación fue simplemente magistral, sin fallos, sin titubeos. Pura emoción encapsulada en una canción.

Aunque muchos esperaban que el setlist se extendiera para compensar la ausencia de Scorpions y más aún, después de ver que en Argentina tocaron “The Night and the Silent Water”, Opeth se mantuvo fiel a su guion. Aún así, cada canción fue recibida como un regalo. La audiencia no dejó de corear, incluso cuando los versos eran casi imposibles de replicar por su complejidad vocal.

Y entonces llegó el debut tan esperado: Europe, por primera vez en Colombia. Joey Tempest apareció como una estrella de rock en todo el sentido de la palabra. El carisma, la energía y la clase con la que lideró a la banda fueron dignos de una ovación prolongada, que no tardó en llegar.
Desde los primeros acordes de “Rock the Night”, el Coliseo vibró. El público no solo coreaba, también bailaba y sonreía, como si de una reunión de viejos amigos se tratara. Cuando llegó el turno de “Carrie”, muchos se unieron al unisono para cantar este clasico de los bares de la capital. Joey, conmovido, se tomó un momento para agradecer y dijo con sinceridad: “Bogotá, esto ha sido increíble. Gracias por esperarnos todos estos años”.
Entre canción y canción, Tempest se refirió con cariño a sus compatriotas de Opeth. bandas hermandas pero de generos completamente diferentes, la noche tuvo contrastes, pero ninguno desentonó.

Uno de los guiños más curiosos fue durante “Superstitious”, cuando la banda incluyó fragmentos de “Breaking the Law” (de Judas Priest) y “No Woman, No Cry” (de Bob Marley), demostrando su versatilidad y sentido del espectáculo.
Y sí, “The Final Countdown” cerró su presentación como se esperaba: fuegos artificiales imaginarios (nos faltaron pero debido a las condiciones del recinto esto era imposible) en su lugar una serie de set de iluminacion muy atractivo, saltos, abrazos, gritos desaforados... La canción sonó más potente que nunca y dejó claro que Europe no vino a cumplir, sino a quedarse en la memoria de sus fanáticos.
Con la energía aún palpitando, llegó el turno del mas grande de colosos del Monsters of Rock los británicos: Judas Priest. Si había alguna duda de quién reina en el Olimpo del metal, Rob Halford se encargó de despejarla rápidamente.
Desde su aparición con “Panic Attack”, el escenario se convirtió en una máquina del tiempo, un repaso glorioso por décadas de historia del heavy metal. Halford quien a sus 73 años sigue siendo una bestia vocal deslumbró no solo con su voz, sino con su presencia escénica. Cambios de vestuario, su ya clásica entrada en motocicleta durante “Hell Bent for Leather” y, sobre todo, esa mirada penetrante con la que domina cualquier escenario.
Los colombianos corearon sin parar himnos como “Turbo Lover”, “Electric Eye”, “Painkiller” y “Living After Midnight”. Y aunque el repertorio fue más largo de lo planeado (gracias a la cancelación de Scorpions), cada minuto extra fue recibido y atesorado en los corazones de los asistentes.
Uno de los momentos más emotivos llegó con “Diamonds & Rust”, en una versión desgarradora, casi confesional, que dejó a muchos con la voz quebrada.
Halford también se tomó tiempo para agradecer, y aunque no habla mucho en tarima, cada gesto fue claro: se sentía feliz de estar allí. “You are amazing, Bogotá!”, gritó mientras el público respondía con vítores inagotables.

La ausencia de Scorpions fue el elefante en la habitación. El público lo sabía, y aunque hubo algunas expresiones de decepción al principio, la entrega del resto de bandas terminó por sanar esa herida. Según reportes, Klaus Meine tuvo problemas de salud y la banda se vio obligada a cancelar a última hora.
¿Dolió? Sí. ¿Arruinó la noche? En absoluto Judas se encargo de borrar cualquier pensamiento al respecto.
Monsters of Rock 2025 no fue simplemente un festival, fue una ceremonia de hermandad entre generaciones, entre estilos, entre bandas. Desde el adolescente que gritaba por primera vez un coro de Judas Priest, hasta el veterano que lloraba con “Carrie”, todos vivieron una experiencia que difícilmente se repetirá de la misma forma.
En una ciudad que a veces se queda fuera de las giras grandes, esta noche demostró que Bogotá tiene sed de rock, tiene alma metalera y lo más importante tiene un público dispuesto a darlo todo.
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