Rito de tinieblas en Bogotá
Así fué el paso del Unholy Trinity Tour 2025 por Bogotá
Fotos: Cristian Contreras
Textos: Khris forero
Anoche, el Movistar Arena fue testigo de algo más que un concierto: se vivió un rito, una ceremonia de lo extremo, convocada por el “Unholy Trinity Tour 2025”. Con una afluencia que rozó el 95 % de su capacidad estimada (con todo el piso y las graderías especiales casi llena), las espectativas eran altas desde antes de que cayera el telón.
El Ritual de esta noche amarga comenzó con Nidhogg, nombre que quizá no todos conocían, pero que carga peso ritual. Nidhogg emerge de la escena polaca del black metal underground, con raíces en Wilczyca (el proyecto en el que participó con Louve desde 2019) y con un trasfondo artístico muy visual y simbólico. Su música está marcada por la crudeza old-school, ambientes sombríos, letras que juegan con lo ritual, lo ancestral, lo introspectivo, e influencias punzantes del mito, la naturaleza oscura, la rebelión contra lo olvidado. Su material más reciente (y lo que presentó anoche) ha sido descrito como un puente entre atmósferas obscuras y agresión, homenajes, cortes propios, y un cover de Sepultura pensando en el publico latinoamericano, todo dispuesto para preparar la los asistentes para lo que vendría.
Cuando Deicide tomó el escenario, el aire se volvió denso. Esta banda de Tampa, Florida, formada en 1987, con Glen Benton y Steve Asheim como pilares, ha sido de esas pocas leyendas del death metal que siguen siendo implacables tras más de treinta años. Su historia: controversias, blasfemias, rupturas, críticas, pero también discos que marcaron épocas (Deicide, Legion, Once Upon the Cross) y una fórmula que no se ha vencido: la brutalidad sonora, la voz incomparable de Glen Benton que en cada entrega en vivo es uan master class, los riffs que tambien tienen un sonido particular en una secuencia que solo invita a la destrucción junto a una batería como metralla implacable.
Anoche Deicide fue una ola de destrucción o por lo menos una sacudida. La selección de canciones que incluyeron When Satan Rules His World, Behead the Prophet (No Lord Shall Live), Sacrificial Suicide, In Hell I Burn, Scars of the Crucifix, no dejaba espacio para nada y fueron como una maquina una tras otra. Cada tema golpeaba con precisión: tiempos rápidos, cambios de ritmo abruptos, una presencia escénica imponente. Benton como profeta del infierno, desafiante, gritando blasfemias; el público entregado, coreando sus mas grandes exitos, levantando puños, partes del escenario vibrando con los pies marcando el suelo. Fue más que nostalgia por los clásicos o por exitos mas recientes: fue ejecutar esas piezas con energía renovada, como si el mismisimo demonio estuviera detras de todo esto.
Y entonces entró Behemoth. Liderados por Adam “Nergal” Darski, quienes alguna vez fueron una banda más de black metal polaco oscurecida por lo underground, han evolucionado hasta forjar un arsenal sonoro que combina lo infernal con lo épico. Behemoth no solo golpea; construye atmósferas, juega con símbolos religiosos y antirreligiosos, con teatralidad, con luces, fuego, puesta en escena que acompaña, no distrae; una banda que ha escalado del ruido primitivo al monumental arte oscuro. Álbumes como The Satanist o I Loved You at Your Darkest los han posicionado no solo como referentes del blackened death metal, sino como narradores de la rebelión, lo espiritual inverso, lo visceral pero también lo filosófico.
Anoche, Behemoth entregó exactamente lo que promete su leyenda: un setlist demoledor desde The Shadow Elite hasta O Father O Satan O Sun! en el encore, "extrañamos la puta vibra de Bogotá, como estan parceros? we are Behemoth from Poland and we have return one more time with one more purpose and this purpose is to CONQUER ALL" pasando por himnos como Blow Your Trumpets Gabriel, Wolves ov Siberia, Christians to the Lions. Cada canción fue un ritual distinto: cambios de vestuario y momentos de brutalidad absoluta, otros de contemplación oscura, interludios que permitían respirar solo para hundirse de nuevo en la intensidad. Visualmente, el escenario era sencillo: sombras, estructuras metálicas, no estaba lo habitual llamas y artefactos con simbologia pero iluminación que cortaba la oscuridad con punzadas de rojo, blanco y ámbar. El sonido fue aplastante pero claro en lo necesario, la base rítmica arrasadora, la guitarra unica y pilosa y la voz de Nergal como guía ritual.
Esta gira con Behemoth al frente, no es solo otro tour: es la reivindicación de lo extremo como experiencia total. Deicide aporta la blasfemia y la fuerza del death metal en estado puro, Nidhogg abre portales para lo ancestral y lo oscuro, seguramente dara mucho de que hablar en un futuro no tan distante y Behemoth corona con una visión estética y sonora que sigue siendo punzante, vital y provocadora. Anoche no vinimos a escuchar; vinimos a arder con cada nota, a romper el silencio con gritos humanos juntados en pactos entre armonias . Y el Movistar Arena lo supo recibir con furia.
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