La orden final de Slayer Los titanes del thrash despiden cuatro décadas de agresión Domingo, 01 de Diciembre de 2019 Desde su formación en Los Angeles en 1981, Slayer ha sido una banda que nunca pasó desapercibida. Su música forjó una legión incondicional de fanáticos sin el espaldarazo de la radio ni menos de MTV, dato que puede parecer irrelevante hoy, pero que en esos años constituía toda una hazaña. Y es que Tom Araya, Kerry King, Dave Lombardo y Jeff Hanneman crearon su propio mundo, lejos de las tendencias gracias a un sonido distintivo que plantearon en sus propios términos. Acompañados en la actualidad por Paul Bostaph y Gary Holt, los artífices de la música del apocalipsis abandonan los escenarios y un mundo pintado de sangre los despide de pie en medio de un exitoso tour que ha sacado impresionantes cuentas para una banda de alto calibre. Las puertas del infierno se abrieron para que Slayer ejecute su orden final. Por Pablo Cerda Muchas veces, la retromanía ochentera hace pensar que el mundo era un lugar amigable, como sugieren los coloridos videos de MTV. Pero la historia se ha encargado de rebatir esa nostalgia. El conservadurismo campeaba con Margaret Thatcher en Gran Bretaña y con Ronald Reagan en Estados Unidos ejerciendo una mano dura que poco sintonizaba con el sentir juvenil de la época. Eran los tiempos de la Guerra Fría, de la tensión nuclear y de una paranoia antisoviética que sería el caldo de cultivo para forjar un batallón de jóvenes decididos a retratar estas temáticas en una dirección sonora y discursiva que emergería desde las cavernas putrefactas del underground. Inspirados por la NWOBHM y el hardcore punk, Slayer llegó a esta tierra para pulverizar todo a su paso sin transar un ápice su fórmula, a diferencia de otros pares. Anthrax se permitió experimentar con el rap, Megadeth fue moldeando su receta hasta convertirla en un heavy metal de alta factura compositiva y Metallica infló su propuesta hasta que las paredes del mundo le quedaron chicas. Pero Slayer ni siquiera se dignó a componer una balada en toda su carrera. Siempre se encaminaron hacia lo extremo a fin de crear una muralla de sonido caótico, anárquico y salvaje, plasmado en una discografía que cambió para siempre la elaboración de los sonidos crudos. Así lo prueba el insuperable “Reign in Blood” (1986), pináculo de su carrera y, sin lugar a dudas, el mejor disco de metal jamás creado. Con una velocidad media del metrónomo marcando 250 rpm, el incombustible registro es una bola de fuego de 28 minutos que hoy sigue sonando tan letal como en el año de su creación. Pero la fiereza de su música no es lo único que hace especial a Slayer. Su imaginería chocante y sus letras también envuelven en un hechizo de magia negra difícil de evadir. El infierno, Satán, el ocultismo, la guerra, los asesinos en serie y la religión encuentran cabida en los recovecos infernales de sus canciones, tópicos que dan cuenta de la parte más oscura del ser humano. Estos elementos los han transformado en una forma de vida para millones de fanáticos que, en estos días, ven cómo esa llama indomable ha comenzado a extinguirse. Algo que se veía venir hace tiempo, por más doloroso que sea. Sin arrepentimientos Si hay alguien que sabe de Slayer en Chile es Patricio Jara. El antofagastino escribió “Read In Blood. 1986-1996”, libro que recorre el tercer disco de la banda bajo su aguda lupa estudiando su importancia y entendiendo por qué sigue encantando a generaciones. Consultado por Rockaxis sobre las claves del retiro, Jara argumenta que éste se compone de ciertos factores que marcan distancia de nombres como Metallica o Iron Maiden, animales de ruta que no dan señales de agotamiento. «la muerte de Hanneman fue un tema determinante, lo mismo la salida de Lombardo. Están jugando el partido con dos menos. Además, la fatiga de material es evidente. Sin embargo, sus últimos tres álbumes son extraordinarios. De todos rescatas cinco canciones. No sé de cuántas bandas se pueda decir lo mismo», justifica el periodista. En la revista Crack, Tom Araya advirtió los signos de corrosión durante el período de promoción de “Repentless” (2015). «¡Tengo dos placas de titanio y seis tornillos en el cuello! Después de mi operación, visité al doctor, me dijo que todo “se veía bien” y me preguntó si estaba haciendo headbanging. Lo miré y le dije: “¿Headbanging, puedo?”. Me advirtió que no era recomendable. Ahora solo miro feo mientras toco». Según Lombardo, la decisión de parar rondaba hace tiempo en la cabeza del frontman: «Tom quería retirarse desde que yo estaba en la banda. Ha tenido problemas en el cuello, así que estoy feliz de que pare y espero que haga lo que quiera con su vida y su futuro». Si es por plantar la semilla de la desconfianza, las suspicacias encuentran tierra fértil gracias a bandas que llevan años despidiéndose y se embarcan en interminables giras vendiendo el humo del retiro. De eso bien saben Kiss, Scorpions, Aerosmith y el mismísimo Príncipe de las Tinieblas, Ozzy Osbourne, por nombrar solo algunos. En Slayer, la cosa parece ir en serio. Al menos, hay razones médicas y anímicas para creerles, tal como reafirmó el mismo Araya en Noisey: «la gente me pregunta: “¡Oh! Debe ser fantástico viajar, ¿viste París?” Les muestro la habitación del hotel y les digo: “este es mi París. Lindo sillón, ¿no?”. Después de un tiempo viajando, simplemente me canse». El mal no tiene fronteras Según el sitio Loudwire, Slayer ha vendido diez millones de dólares en merchandise desde que comenzó su tour de despedida el 10 de marzo del 2018, nada mal para una banda que rechaza el hit masivo y tiene un culto no menor en el país natal de su vocalista. Su última visita se enmarcó en la cuarta edición del Santiago Gets Louder junto Kreator, Anthrax y Pentagram, en una reunión soñada que al principio estaba comandada por Megadeth en lugar de los alemanes, pero los planes cambiaron debido al infortunado cáncer a la garganta que padece Dave Mustaine. Anton Reisenegger, un graduado en estas importantes instancias, reflexiona sobre el simbolismo del encuentro entre Slayer y Chile, lazo que se ha afianzado cada vez más con los años: «en estricto rigor, creo que Tom no se sentía chileno cuando partió con la banda. Quizá no conectaba el metal con el hecho de ser chileno y cuando empezó a ver el fanatismo que despierta en la gente, debió sentirse bastante contento. Es bonito que la tierra de sus padres le esté dando un reconocimiento a gran nivel. Llenar un estadio de fútbol no es algo menor para una banda extrema como esta». Más allá del chovinismo barato, Slayer ha calado hondo en Chile. ¿Será su forma brutal de decir las cosas? ¿Será su música? ¿Su imaginería? ¿Todo el conjunto? Para Patricio Jara, la influencia de la banda en nuestro país es inherente a la nacionalidad del vocalista. «El metal en Chile hubiera entrado con o sin Slayer. Hay que separar eso. Ayudó, sin duda, fue un gran añadido, pero creo que el contexto político de cierto momento fue clave. No creo que haya pasado por el discurso, sí por la imaginería y la calidad de muchos de sus discos. La forma de componer no es lo mismo que la forma de sonar. Las mejores canciones de Slayer, las más representativas, oscilan en cierto punto reconocible entre el punk y la NWOBHM. Además, no son buena onda». En este último tiempo, se ha reflexionado mucho sobre el mundo que nos deja Slayer. Resulta pintoresco que el ambiente esté tan convulsionado como cuando empezaron. Nuevamente, la sociedad occidental está cubierta por un manto conservador, esta vez con Boris Johnson en el Reino Unido y Donald Trump en Estados Unidos, tomándose la agenda y ni hablar de la corriente populista que cala los huesos de las democracias latinoamericanas. El planeta sigue siendo un lugar hostil y, esta vez, la catarsis apocalíptica de Slayer vivirá en el mausoleo del legado ya no como un ente vivo, sino como una presencia maligna que trasciende en el tiempo. «En la política macro, las cosas se han vuelto cíclicas ahora con la ola ultra conservadora en Reino Unido, Estados Unidos, Brasil y Chile, entonces, por ese lado, hay tema para rato. En Chile, dimos una pelea y la ganamos, los metaleros dejamos de ser los bichos raros. De repente, es extraño encontrarse con metaleros que tienen posturas conservadoras, incluso el mismo Tom Araya lo es. En ese sentido, siempre he visto a Slayer como un narrador de lo que está pasando más que partidarios de una postura. No se les puede ver como un actor político, ojalá a nadie se le ocurra hacer eso», reflexiona Reisseneger. En lo micro, sabemos que el reinado de Slayer seguirá corriendo en la sangre de sus fanáticos, de todo aquel que intercambió sus casetes en el Paseo Las Palmas de Santiago, en los que visten sus poleras desde los días de las tocatas del Manuel Plaza o de los que viajaron desde todas partes del país para vibrar junto a sus pares al son de ‘Hell awaits’ o ‘Mandatory suicide’. O como muy bien nos lo retrata Jara: «alguna vez, Tom Araya dijo que el fan clásico de su banda era el chico más feo de la cuadra. Imagino que hoy muchos de esos chicos feos están tristes. Me incluyo». Para todos ellos, Slayer no se despide. Slayer trasciende. Encuentra este contenido en nuestra revista. Tags #Slayer # Slayer # Tom Araya # TomAraya # Kerry King # KerryKing Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Metal Noticias Concurso cerrado: In Flames celebra 35 años de carrera en Chile Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Concurso cerrado: No te pierdas a Smith/Kotzen por primera vez en Chile Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Concurso: Jinjer regresa presentando el reciente ''Duél'' Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Shows Force: No hay escenarios pequeños camino al éxito Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Bane confirma su regreso a Chile junto a Stick To Your Guns Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Concurso cerrado: Feuerschwanz por primera vez en Chile Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Galerias Force Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Necrot es la segunda banda confirmada para Chile TerrorFest II Viernes, 17 de Abril de 2026