Max & Iggor Cavalera: Estado de alteración

Delirante celebración del metal sudamericano

Domingo 9 de junio, 2019
Teatro Caupolicán


Hay veces en que la vida da segundas oportunidades y, cuando estas llegan, es casi obligatorio aprovecharlas. Muchos se quedaron fuera cuando Max e Iggor Cavalera celebraron “Beneath The Remains/Arise” el 2018 en el Teatro Cariola, de hecho, las voces que pedían un lugar más grande para ver a los hermanos se hicieron sentir fuerte en redes sociales y uno de los lugares propuestos era el Caupolicán, recinto con una importancia histórica para Sepultura. Finalmente, el clamor popular fue escuchado y los fundadores de la agrupación brasileña vinieron nuevamente a revisitar esos discos con base en el éxito alcanzado la vez anterior. Por si fuera poco, este encuentro tendría invitados de lujo para darle especial sazón a un domingo marcado por el metal extremo.

La nota nacional estuvo a cargo de Soulinpain, quienes se plantaron en el escenario para atacar con un intenso death/thrash que motivó los primeros mosh desde temprano. Cortes como ‘The Adversary’, ‘The Ritual of The Snake’ o ‘Visión Vacía’ fueron parte de un show directo y conciso en el que los guitarristas Guillermo Malatesta y Felipe Rivas demostraron toda su técnica a punta de solos filosos y riffs con harto groove que encajaban a la perfección con la impresionante labor del baterista Antonio Cristi, certero en los incesantes ritmos de ‘Inside the Dead’ o ‘Blood in My Hand’. Destacable también el rol que cumple Nicolás Guínez como frontman, quién además de encargarse del bajo, hizo gala de una increíble voz que se defiende por sí sola y es capaz de sobresalir entre la batahola metálica sin la ayuda de coros. El cuarteto se mostró agradecido por la recepción, verbalizando lo feliz que se sentían por compartir con sus ídolos y arengando a los presentes para demostrar por qué Chile es uno de los mejores en lo que a Metal se refiere. La perturbadora ‘Innocence Broken’ cerró una presentación redonda que hizo honor a casi quince años de carrera y los hizo destacar como un acto de apertura que sonó excelente. Si pretendían representar de buena manera el metal chileno, lo lograron con creces.

En diversas oportunidades, Project46 ha sindicado a nuestro país como su segunda casa y, a juzgar por el recibimiento, tienen razón. Desde el arranque con ‘Terra de Ninguém’, los brasileños se ganaron a la audiencia con su adrenalínica performance, tanto así que el platillo del baterista Betto Cardoso cayó a piso mientras este ejecutaba su apresurado blast beat. El show fue violento, rápido y letal, los riffs de ‘Pode Pá’, ‘Dor’ y ‘Pânico’ cayeron como misiles destinados a arrasar con todo, misión que Jean Patton y Vinicius Castellari cumplen a cabalidad desde las guitarras, pero con un volumen rematadamente alto que en ciertos tramos empañó un poco la experiencia, ya que los elementos no se lograban apreciar con claridad. Aún así, salieron victoriosos debido a que el ánimo general era disfrutar de una noche de emociones fuertes y el quinteto las entregó. Dedicaron toda su actuación al influyente Andre Matos y tributaron el metal brasileño con una actuación a la que no le faltaron circle pits en ‘Violência Gratuita’ y hasta tuvo un wall of death en la final ‘Acorda pra Vida’, con el vocalista Caio MacBeserra recorriendo el escenario como un enajenado y el bajista Baffo Neto logrando una muy buena comunicación con la gente debido a su dominio del español, lo que facilitó bastante el entendimiento entre las partes. De todas maneras, el metal probó una vez más que es un lenguaje universal en la tercera venida de los paulistas.



Terminadas las actuaciones de Soulinpain y Project 46, la cancha del Caupolicán exudaba ansiedad, porque tanto “Beneath The Remains” (1989) como “Arise” (1991) ocupan un lugar destacado en la memoria colectiva. Pero, por muy queridos que sean aquellos registros, valía la pena plantear ciertas dudas antes de afrontar el concierto. ¿Cuáles serían los cambios en comparación con la vez anterior? ¿Serían incluídas las canciones que faltaron? ¿Cómo reaccionaría una fanaticada que hace tan solo siete meses lo dio todo demostrando su amor incondicional por ese período de Sepultura? ¿Podríamos esperar alguna sorpresa?

En lo que respecta netamente a la presentación de “Beneath The Remains” y “Arise”, esta fue exactamente igual a la anterior, con el primero luciendo íntegramente su lado A y el segundo exhibiendo solo lo más destacado. Cortes como ‘Sarcastic Existence’, ‘Lobotomy’, ‘Hungry’, ‘Murder’, ‘Subtraction’, ‘Under Siege (Regnum Irae)’ y ‘Meaningless Movements’ se ausentaron de nuevo en favor de un setlist que privilegió los clásicos. Así las cosas, ‘Beneath The Remains’, ‘Inner Self’,  ‘Stronger Than Hate’, ‘Mass Hypnosis’, ‘Slaves of Pain’ y ‘Primitive Future’ se unieron a ‘Arise’, ‘Dead Embryonic Cells’, ‘Desperate Cry’, ‘Altered State’ e ‘Infected Voice’ para completar el núcleo de la presentación. Si ya en el papel la lista es perfecta, vivirlas en el directo con el fragor de una masa de cuerpos girando endemoniadamente en la cancha del Caupolicán fue sencillamente un espectáculo que rebasó la mera revisión nostálgica. Esas composiciones nunca pasarán de moda.

También hubo tiempo para homenajear a dos influencias gigantes en el mundo del rock pesado como Lemmy Kilmister y Bon Scott con los covers de ‘Orgasmatron’, consolidada en el catálogo de Sepultura, y ‘Dirty Deeds Done Dirt Cheap’ respectivamente, una hilarante versión que en manos de los Cavalera transforma la pícara tonada de AC/DC en una sucia canción de Thrash con Iggor acelerando el ritmo hacia el final para darle aún más carácter, si es que eso es posible. Hasta un extracto de ‘Raining Blood’ de Slayer se asomó antes de ‘Troops of Doom’ y parte de la letra de ‘War Pigs’ de Black Sabbath lo hizo en una sección de la ya nombrada ‘Altered State’, en la que Max pidió apagar las luces del teatro para iluminarse solo con los celulares.



Otros puntos altos fueron el wall of death que se produjo en ‘Refuse/Resist’, el cierre de ‘Roots Bloody Roots’ con el roadie de Iggor en la batería y el posterior saludo por su cumpleaños, y la aparición del cover de Titãs ‘Polícia’, con Iggor y Max interpretándola solos en el escenario para luego cerrar con el mix ‘Beneath the Remains / Arise / Dead Embryonic Cells’, siempre flanqueados por los inigualables Mike Leon en el bajo y Marc Rizzo en la guitarra solista.

Llevarse una bandera chilena con la consigna “Thrash attack” y frases como “Mañana quiero ver esto en YouTube porque ustedes son el mejor público de América del Sur” o “Vamos a hacer una noche histórica de metal” parecen ser más que gestos de buena crianza. Y es que no queda otra que rendirse ante una feligresía que gozó el legado de uno de los estandartes más importantes del metal latinoamericano. La vibra que se palpó en la celebración de “Beneath The Remains/Arise” habla del culto de los chilenos hacia el “verdadero Sepultura”, ese que vive en lo más profundo de nuestros recuerdos como una agrupación formativa, o como la banda sonora de toda una vida que se niega a desaparecer en el olvido porque es más fuerte que cualquier cosa. La nueva estadía de los hermanos Cavalera, con un Iggor excepcional desde lo técnico y un Max con un estado vocal envidiable, fue especial tanto para el que se repitió el plato como para el que lo vivió por primera vez. Ambos tipos de asistentes pueden sentirse orgullosos de haber sido parte de un estado de alteración que siempre hace volver a raíces arraigadas en lo más profundo del ser.

Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla


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