Metal Beer Open Air: El sonido de la perseverancia La muerte infernal se hizo sentir en la capital mundial del metal Lunes, 18 de Marzo de 2024 Domingo 17 de marzo de 2024, Hipódromo Chile (Revisa AQUÍ la galería de fotos del evento) “Si te gusta la música de Death, nadie lo hace como Death to All, es casi como ver a Death, obviamente sin Chuck, pero es lo mejor que verás sin tener a Chuck involucrado”. Esas fueron las palabras de Gene Hoglan en la entrevista que tuvimos cuando el Metal Beer estaba a días de realizarse. Algo de ello vivimos en el Teatro Caupolicán en septiembre del 2014, cuando All Tomorrows y Pentagram acompañaron al baterista Gene Hoglan, el bajista Steve Di Giorgio, el guitarrista y vocalista Max Phelps y al guitarrista Bobby Koelble a compartir el legado de Chuck Schuldiner con sus fanáticos chilenos, una noche efervescente que merecía una segunda parte. Una década después, el hálito de la muerte infernal volvió a rugir en la capital chilena, pero en el marco del Metal Beer, evento que invocó a lo mejor del metal nacional de todas las generaciones y que cumplió la promesa de deleitar a los bangers nacionales con altas dosis de brutalidad. Aproximadamente a las 2:05, partió Overtoun con algunas dificultades en el sonido. La guitarra de Matías Bahamondes, el bajo de Matías Salas y la batería de Agustín Lobo se escucharon potentes desde el principio, sin embargo, la voz del suplente Javier Andaur se integró recién a la mitad de ‘White Wolf’, primera canción que inauguró esta tarde dedicada al metal. Tracks como ‘Aftermath’, ‘Made Manifest’ o ‘Pitch-Black’, transitaron entre el death metal clásico y un groove modernoso que lució interesante en el en vivo, con los primeros mosh desatándose ante el inclemente sol. “Gracias por hacer el aguante y llegar temprano”, sentenció Matías para despedir el set con ‘Forsaken Lambs’, sellando así una presentación con ripios técnicos que igual superaron con la garra y pasión que los caracteriza. La siguiente escuadra en arribar al Hipódromo fue Parasyche. Su líder Matías Becerra apareció en la tarima para despachar un solo de guitarra con tintes épicos que hacía referencia a la canción del personaje Tapion de Dragon Ball Z, a lo que se unió Cristian “Oso” Travisany para edificar una melodía gemela que dio paso a la entrada de Yerko Lincoyan y Josue Guerrero en bajo y batería respectivamente. Con toda la sección instrumental en acción, irrumpió Christian Suarez jugando entre voces guturales y coros limpios con harta melodía en el inicio con ‘Rebellion’. Prometiendo acelerar los metrónomos, desplegaron lo más pesado de su disco “Sons of Violence” (2021) con un filo más thrash, por lo que ‘Black Mamba’ y ‘Sleep Paralysis’ tuvieron una reencarnación aplicada al contexto del festival. Con un set corto, pero bien intenso que finalizó con ‘Te importa una mierda’, Parasyche mostró sus credenciales en Metal Beer abrochando una presentación que los ve en tierra derecha para elaborar un sonido más crudo de lo que mostraron en su debut discográfico y seguir en el camino de crecimiento por el que han transitado hasta el momento. Lo de Metakiase fue una de esas sorpresas que se espera instancias como estas. Con un sonido más sabbathero, el trío sureño puso un contrapunto en una jornada más cercana a los guturales y a la técnica exorbitante. Letras cantadas en español y en inglés, riffs galopantes y voces limpias fueron la tónica de canciones como ‘Temor’, ‘Life’, ‘Shy’, ‘Shadows’, ‘Ride On’ y ‘Vudú’, un metal de alto octanaje comandado por las seis cuerdas de Vipe Schindler. Sus compañeros Tomas Trucco Celedón y Felipe Pérez Polanco en batería y bajo respectivamente endurecen lo que logran con su otro proyecto Satanic Waves para llevar el sonido de Metakiase por rumbos 90teros, recordando a actos como Spiritual Beggars, pero con un acercamiento consciente hacia el heavy clásico más filoso. Gran presentación la de Metakiase, una oportunidad para disfrutar de metal hecho en regiones con mucha personalidad y espíritu que también aporta la cuota de diversidad necesaria. Probando su valía como uno de los nombres más queridos del metal nacional, Nuclear apareció en escena con ‘Belligerence’ y se echó al público al bolsillo. El sol seguía quemando fuerte en el Hipódromo, pero eso no fue impedimento para que el mosh se extendiera por toda la cancha. No eran pocos los que corrían de un lado a otro para alcanzar a sumarse a la icónica danza del metal, todo para chocar, golpear y seguir los ritmos infernales de batacazos como ‘Offender’, ‘Killing Spree’, ‘Confront’, ‘God Forsaken Life’, ‘Abusados’, ‘No Light After All’, ‘Murder of Crows’ y, por supuesto, ‘Apátrida’, con la sección instrumental piloteada por Seba Puente, Francisco Haussmann, Eugenio “Punto” Sudy y Roberto Barría en llamas. “Esperemos que este sea el primer Metal Beer de muchos”, indicó el frontman Matías Leonicio, “hay un invitado internacional acompañado de muchas bandas nacionales, eso es importante para mantener una escena viva”, una arenga que tuvo una gran recepción de parte del respetable, demostrando que las palabras del vocalista están en lo correcto. Instancias como esta no hacen otra cosa que perpetuar el lazo que tenemos con el metal y que Nuclear hace carne con la impronta de un conjunto frontal, aguerrida y, especialmente, respetado. La tarde musical siguió cubriéndose de una oscura y loca emoción con los ritmos de Dorso, uno de los platos fuertes del lineup. A pesar del calcinante astro rey, que Pera Cuadra padeció justo al centro del escenario, el cuarteto lo dio todo y, una vez más, evidenció su riqueza musical en ‘Ultraputrefactus Criatura’, donde se combina lo festivo y lo brutal. Los fanáticos, ya en cifra considerable a esa hora, corearon y bailaron con buena parte de un setlist que pasó por ‘Vampire of the Night’, ‘Big Monster Aventura’, ‘Panificator’, ‘La mansión del Dr. Mortis’, ‘Horrible Sacrifice’, ‘Deadly Pajarraco’, ‘Disco Blood’ y ‘Silvestre Holocaust’ en las manos de los secuaces Álvaro Soms, Gamal Eltit y Sebastián Lifschitz, “la máquina”. Como en cada una de sus presentaciones, Dorso puso su calidad interpretativa y sus años de actividad sobre la mesa, factores que los han convertido en una de las caras más reconocibles de la escena nacional del metal extremo con una historia musical que ya suma cuatro décadas, y que no tiene fecha de término. ¡Grande Dorso! La siguiente banda en subir a la tarima fue Criminal, otra de las agrupaciones cruciales al fortalecimiento de la escena local del metal extremo. El también cuarteto se lució, sacudió a los asistentes con un death thrash directo y potente, lleno de crudeza vocal y ferocidad interpretativa. Trallazos como ‘Por la fuerza de la razón’, ‘El azote’, ‘Zona de sacrificio’, ‘Resistance is Futile’, ‘The Root of All Evil’, ‘Cancer’ o ‘New Disorder’ no hicieron otra cosa que avivar el fuego de los asistentes, envueltos en un mosh interminable. Pero fueron ‘Hijos de la miseria’, ‘Victimized’ y ‘Self Destruction’ los puntos más altos de su periplo, cantados a rabiar por un Hipódromo con las revoluciones a mil por hora, y se notaba en las caras del baterista Danilo Estrella, el bajista Juan Francisco Cueto, el guitarrista principal Sergio Klein y, sobretodo, de un Anton Reisenegger que dio hasta la última gota de pasión en un set equilibrado que se hizo corto, pero que se disfrutó a concho. Otra medalla para una presentación acorde a los pergaminos y al camino recorrido de Criminal. Espectacular. Para el cierre de la jornada, el lleno total transparentaba una ansiedad evidente en los asistentes; tener la posibilidad de presenciar un tributo que emana del amor, tanto a Chuck Schuldiner como a la música de Death, es un privilegio. Un momento de brutal luminosidad, feroz conexión íntima con la vida de los asistentes y de los músicos en el escenario, una instancia de desahogo espiritual y un instante de recogimiento. La muerte, en este caso, no detuvo el arte y su divulgación, y fuimos testigos de cómo las personas se congregan para celebrarlo. El setlist elegido fue un paseo por lo mejor de la discografía de esta bestia musical. Abrieron con ‘Open Casket’, y una bengala encendida en el público fue el inicio de un mosh incontenible y de una comunión perfecta.'The Philosopher', 'Suicide Machine' y 'Living Monstrosity' no dejaron títere con cabeza, la efervescencia del público no decayó en ningún momento, de hecho, la cancha era un hervidero, con la gente alzando los brazos y exigiendo sus gargantas. Desde las galerías, algunas melenas se agitaban en un esperable vaivén que combinaba la emoción de tener sonando la historia viva del death metal en ‘Symbolic’ o ‘Infernal Death’ con una cuota de asombro por el despliegue técnico de canciones como ‘Scavenger of Human Sorrow’, en la que quedas pasmado. ‘Overactive Imagination’ fue una muestra de la técnica y la brutalidad que Death consiguió dominar en sus años de existencia, mientras que ‘Within the Mind’ puso luminosidad y potencia, un gozo multitudinario. Inaugurando la cuesta abajo en la rodada, ‘Baptized in Blood’ ofreció otro viaje a días primigenios en los que la crudeza dominante se mezclaba con una técnica refinada que llegó a su punto cúlmine en ‘Flesh and the Power It Holds’, uno de los puntos altos en la carrera musical final de la banda y del concierto mismo. ‘Lack of Comprehension’, ‘Crystal Mountain’, ‘Zombie Ritual’ y ‘Spirit Crusher’, vinieron juntas para remecer a todos lo que cantaban con alegría hasta ‘Pull the Plug’, que puso término a una cita inmortal, con grandes clásicos e interpretaciones destacadísimas. Las introducciones de bajo de Di Giorgio fueron sublime, las escalas de la dupla Koelble y Phelps dejaban mareado, mientras que el pulso de Hoglan te martillaba la cabeza a punta de cambios de ritmo vertiginosos. Quizá está demás decirlo, pero todo el cancionero sonaba idéntico a lo que escuchas en los discos. Es esperable, pero eso igual te pone la piel de gallina. Como dijo Steve Di Giorgio, quien fue el encargado de dirigirse al público en todas las oportunidades, este tributo lleva 12 años en funcionamiento y es un show para inmortalizar y vivir la música de Chuck, siguiendo la visión y la misión de una leyenda del metal con un aura incomparable. Claro, quizá es nostálgico, pero sirve para que distintas generaciones sigan gozando con un catálogo que inspira a bandas contemporáneas todos los días y que también suma a los que vivieron todo en tiempo real. Hay un lazo entre Chile y Death, tuvimos la suerte de ser el único país latinoamericano en tener a Chuck en nuestras tierras en 1998, el último año en que funcionaron, y lo vivido en el Metal Beer 2024 no solo reafirma que somos adictos a este sonido que persevera en la memoria, sino que también simboliza las palabras de Hoglan ante nuestros micrófonos: “He dicho esto en muchas entrevistas: Santiago es la capital mundial del Metal”. Esta noche te dimos la razón, Reloj Atómico. Death para siempre, Death para todos. Felipe Reyes Pablo Cerda Tags #Death to All #Dorso #Criminal #Nuclear #Parasyche #Overtoun #Metakiase Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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