Napalm Death & Lucifer: Todo está conectado Demostrando que la unión hace la fuerza Sábado, 05 de Octubre de 2024 Viernes 4 de octubre de 2024, Teatro Cariola Más de alguno debe haber levantado la ceja cuando vio a Napalm Death junto a Lucifer en el mismo cartel. “¿Qué hacen los precursores del grindcore junto a un grupo de occult rock vintage?”, habrán dicho los más suspicaces. Pues bien, resulta que la historia se encarga de hacer la conexión que la música parece no hacer a simple vista. El eslabón perdido que une los mundos de Napalm Death y Lucifer se llama Cathedral. Si bien, ninguna de las dos bandas invoca a estos próceres del doom de ninguna forma en el escenario, vale la pena recordar que Lee Dorian estuvo al mando de los micrófonos de Napalm Death hasta que se propuso explorar el sonido lento incorporándole sus característicos guturales. A esta incursión se sumó, entre otros, el guitarrista Gary Jennings, responsable de dejar una estela musical que muchos seguirían en el mundo de los riffs sabbathicos. Napalm Death y Cathedral estarían bajo el paraguas de la discográfica Earache junto a unos suecos salvajes llamados Entombed, en los que militaba un baterista llamado Nicke Andersson que después cambiaría de giro al frente de sus Hellacopters. Décadas más tarde, en 2017, resulta que Andersson se unió como baterista para el segundo disco de Lucifer, propiedad de Johanna Sadonis. Esta musa venía de The Oath, proyecto que lanzó sólo un disco en 2014 y fue editado por Rise Above Records, sello de Lee Dorrian. ¿Ven cómo se cierran los círculos? Tras la disolución de The Oath el mismo año en el que sacaron este único registro, Sadonis formó a Lucifer para continuar el impulso y Lee Dorian le sugirió trabajar con Gary Jennings para el debut de su nuevo emprendimiento. A pesar de que únicamente estuvo en ese primer disco, Jennings propuso las bases sobre las que se edificaría el sonido que Lucifer explotaría en su sophomore sin el ex Cathedral y con el ex Entombed en los tarros. O sea, sin Napalm Death no hay Cathedral y sin Cathedral, probablemente no habría Lucifer. Estas conexiones nos sirven de telón de fondo para lo que verdaderamente importa: el análisis del show, y es que ese eclecticismo musical no sólo se vería reflejado en las bandas estelares, sino que los actos de apertura darían cuenta de un menú muy variopinto, que pese a que -en apariencia- podrían verse como subgéneros antagonistas, poseían elementos siempre conectados, desde la crítica social, la experimentación y la emocionalidad de un género primitivo. Las paulistas de Eskrota, como ya es tradición en cualquier banda inicial de apertura, sufriría ciertas mermas en el sonido además de presentarse frente a un exiguo público, no obstante ello su presentación fue fenomenal, pues la entrega de este power trio, conformado por Yasmin en guitarra y voz, Tamyris en bajo y Jhon en batería, fue un despliegue de musicalidad confrontacional, desde la crítica despiadada y el terror. Quizá una decisión más acertada hubiese sido que dicha agrupación estuviese en otro orden, considerando que es una banda internacional que difícilmente pueda volver en un corto plazo, sin embargo, en cierta medida podrán amplificar su radio de promoción en su actual gira -aun en curso- por diferentes ciudades del país. ‘Troops of doom’ sería un sencillo homenaje a la banda más influyente de su país de origen, Sepultura, y es que desde un primer instante estas chicas (y chico) quisieron dejar en claro de dónde vienen, un país lleno de bemoles, injusticias y gobiernos autoritarios que hacen que su metal esté dotado de una rabia contenida. 18:30 hrs. y vendría el turno de Demoniac, probablemente la banda más mediática y reconocida en la actualidad, con un bagaje ya de tres discos, una estadía en Finlandia que los posiciona lentamente en el viejo mundo, deambulando además por el más oscuro Underground y el más visible evento que pueda darse. Un cuarteto que no establece límites a su quehacer y que al momento de ejecutar su show, lo hace con la misma pasión esté donde esté, pero sobre todo con una categoría superior. El sonido no fue el óptimo claro está, pero pareciera que la indiscutida calidad de Demoniac sortea cualquier adversidad para ejecutar un show sobresaliente. Desde el inicio con ‘Nube negra’ pasando por parte del resto de su discografía y con la claridad de que su show sería breve, optimizaron los tiempos dejando una grata impresión en un público que coreaba su nombre, demostrando el apoyo irrestricto a una de las agrupaciones mas destacadas en la actualidad. Luego vendría el turno de Gangrena, provenientes de Chillán y con casi 20 años de trayectoria, entregarían la cuota de brutalidad para ir allanado el camino hacia los platos fuertes de la noche. La gente poco a poco llegaba al teatro agolpándose en el sector cancha donde ya podía percibirse un cierto ambiente de inquietante intensidad. Gangrega presentó un show con un sonido bastante mejor que sus predecesores; death metal simple, directo y en español que recorrería su amplia su amplia discografía que incluye ya cuatro LPs. Con un público mucho más numeroso que en su debut, Lucifer arremetió en el escenario con toda potencia. Y es que es una banda muy entretenida de ver porque ‘Crucifix (I Burn for You)’, ‘Ghosts’ y ‘Midnight Phantom’ son directas, puro hard rock bien ejecutado por el trío de cuerdas compuesto por Martin Nordin, Linus Björklund y Harald Göthblad que te mantiene atento a cada riff. Atrás, el magnánimo Nicke Anderson no solo aporrea el kit con decisión, sino que apoya en las voces de ‘A Coffin Has No Silver Lining’, acompañando a su señora esposa Johanna Sadonis en un sagrado vínculo musical que ni la muerte puede separar. Poseído por Geezer Butler, Göthblad da el paso para que Johanna hechice el escenario con su prestancia en ‘Wild Hearses’, ocupando la magia negra a su favor a fin de evocar con gracia esas historias terroríficas que forman el relato del enclave. Combinando toques de NWOBHM en ‘Fallen Angel’, blues pesado en ‘The Dead Don't Speak’ y occult rock tenebroso en ‘At the Mortuary’, queda en evidencia que el show de Lucifer es todo un acierto, independiente del contexto. No fue un mero entremés para el plato fuerte. De hecho, su setlist se desarrolló sin apuros y en línea con lo que estaban mostrando en su Satanic Panic Tour. Solo omitieron dos canciones, y aun así desplegaron lo mejor de su discografía eludiendo el debut, que quizá ya está demasiado alejado de lo que muestran hoy. De todas maneras, la contundencia de ‘Slow Dance in a Crypt’, los jugueteos en ‘Bring Me His Head’, el maravilloso guiño a The Beatles con el riffazo de ‘I Want You (She's So Heavy)’ y la rutera ‘Maculate Heart’ encaminaron la pendiente hacia un final explosivo con ‘California Son’ y ‘Reaper on Your Heels’, tirando toda la pirotecnia musical posible con Nordin, Björklund y Göthblad sincronizando sus movimientos con los instrumentos, mientras Sadonis se hacía con el pandero y Anderson daba los últimos golpes a su batería. Si bien su debut íntimo tuvo el sabor especial del primer encuentro, esta segunda venida anota otra noche para la gloria en la que Lucifer prueba ser uno de los mejores números del canon sabbathico en la actualidad y que bueno fue verlos rodando muchas más cabezas. El aire estaba caliente en la previa para Napalm Death, con metaleros y punks merodeando por un teatro Cariola lleno hasta las banderas. Al son de ‘From Enslavement to Obliteration’, ‘Taste the Poison’ y ‘Next on the List’, los padres del grindcore transformaron a los espectadores en una marea que se movía caudalosamente entre puños en alto y empujones. Desde las vertiginosas ‘Contagious’ hasta la más densa ‘Resentment Always Simmers’, los comandados por Mark “Barney” Greenway se pasearon por gran parte de su abultada carrera, desde las más recientes ‘That Curse of Being in Thrall’ y ‘Amoral’, hasta la clásica ‘If The Truth Be Known’ con bengalazo incluido en la cancha. El rasta John Cooke en la guitarra y el macizo Danny Herrera martillan los tímpanos sin control en ‘Backlash Just Because’ o ‘Fuck the Factoid’, juntos son una verdadera mole cuando se trata de riffs punzantes y blast beats atronadores. Pero lo que más llama la atención en esta pasada es el regreso del querido Shane Embury en ese bajo que arremete como serpiente cascabel, lo que ya pone a esta velada un escalón por encima de la sólida actuación del Metal Fest 2023. Shane es el núcleo, el que hace correr la uñeta con una energía arrolladora a la que es difícil seguirle la pista porque te pone de cabeza en cada pulsación y verlo es encontrarse de frente con uno de los personajes más icónicos del metal extremo. La última carta que completa este naipe es el eterno Barney, que entre discursos, guturales y patadas despliega una enajenada verborrea antibelicista que encuentra sustento en una dialéctica bien articulada que llama a la reflexión constante, clamando por la solidaridad con los pueblos latinoamericanos y, especialmente, centroamericanos. Si bien la cancha fue una hoguera durante todo el show, la pulpa estuvo en intervenciones como ‘Suffer the Children’, ‘Mass Appeal Madness’ y ‘Scum’, en las que el público perdió la cabeza y se matriculó con los mosh pit más intensos de la jornada. Ahí sí que los gritos, los golpes y la energía fueron superiores, era imposible quedar indiferente ante ese volcán en erupción que asoló el Cariola y que, obviamente, tuvo su momento de distensión con la marca de las canciones más cortas del metal: ‘You Suffer’ y ‘Dead’. Con un llamado a vernos pronto y a que cuidemos al de al lado aunque no lo conozcamos, la tríada ‘Nazi Punks Fuck Off’, cover de Dead Kennedys, ‘Instinct of Survival’ y la super densa ‘Contemptuous’ cerraron otra presentación memorable de este verdadero tótem de la música extrema. Y es que cuando hablamos de conexión, no solo nos referimos a la historia que une a las bandas principales y que analizamos como telón de fondo para encontrarle un sentido a este encuentro, sino que también a lo que pasó entre ellos y su público. Eskrota, Gangrena y Demoniac dan cuenta de la fortaleza del metal en Latinoamérica, Lucifer avanza otro casillero en su relación con nuestro país y Napalm Death testifica una vez más la devoción de estas tierras por su inmaculado legado de más de tres décadas en el ruedo. Las múltiples nacionalidades y propuestas pavimentaron un gran camino para lo que vamos a vivir en el CL Rock, cuando ese mismo crisol aumente sus proporciones de manera astronómica en noviembre y lo vivido en el Teatro Cariola ya sienta un buen precedente. Todo estuvo conectado, y lo mejor es que los fanáticos locales entendieron a cabalidad que la unión es la que hace la fuerza. Pablo Cerda Maximiliano Sánchez Fotos: Francisco Aguilar Tags #Napalm Death #Lucifer #Eskrota #Demoniac #Gangrena #2024 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Metal Noticias Concurso cerrado: In Flames celebra 35 años de carrera en Chile Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Concurso cerrado: No te pierdas a Smith/Kotzen por primera vez en Chile Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Concurso: Jinjer regresa presentando el reciente ''Duél'' Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Shows Force: No hay escenarios pequeños camino al éxito Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Bane confirma su regreso a Chile junto a Stick To Your Guns Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Concurso cerrado: Feuerschwanz por primera vez en Chile Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Galerias Force Viernes, 17 de Abril de 2026 Metal Noticias Necrot es la segunda banda confirmada para Chile TerrorFest II Viernes, 17 de Abril de 2026