Epica & Fleshgod Apocalypse: Del legado a la proyección Comunión total en el Teatro Caupolicán Miércoles, 17 de Septiembre de 2025 Martes 16 de septiembre de 2025 - Teatro Caupolicán Galería de imágenes AQUÍ. La fecha quedó marcada como un hito para la escena local, ya que dos gigantes del metal sinfónico compartieron escenario en el histórico Caupolicán, entregando una experiencia donde la música, la producción y la entrega del público se unieron en un espectáculo irrepetible. La primera descarga internacional de la noche vino de la mano de los italianos Fleshgod Apocalypse, quienes desplegaron desde el primer acorde una propuesta que equilibra brutalidad con teatralidad. La presencia de Francesco Paoli, al mando de las voces guturales, impuso un tono feroz, mientras que Veronica Bordacchini aportó con un registro lírico que elevó la presentación a un plano casi operático. Esa dualidad, entre crudeza y sofisticación, se convirtió en el sello de su show. El setlist fue un repaso de los momentos más potentes de su discografía: 'The Violation' incendió la pista, 'Sugar' y 'Pendulum' llevaron la intensidad a niveles explosivos, mientras que 'I Can Never Die' y 'Minotaur (The Wrath of Poseidon)' reafirmaron ese toque sinfónico que distingue a la banda dentro del metal extremo. La reacción del público fue inmediata, con headbanging constante, brazos en alto y un mar de voces que acompañaban cada coro o breakdown. El sonido, nítido y bien balanceado, permitió apreciar cada capa de su propuesta. Las guitarras cortaban con fuerza, la batería era un golpe incesante al pecho, y las secciones orquestales se integraban con claridad, sin opacar la brutalidad. La producción visual, aunque más sobria que la de los headliners, reforzó la atmósfera sombría que caracteriza a los italianos. El cierre fue inesperado, dejando en claro su capacidad para romper esquemas. Una versión de 'Blue (Da Ba Dee)' de Eiffel 65 desató risas, bailes y una complicidad inesperada con el público. Lejos de ser un gesto superficial, fue una jugada inteligente que alivianó la densidad del show y reforzó el vínculo con la audiencia chilena, que celebró con entusiasmo la broma musical. Fleshgod Apocalypse se retiró dejando una marca potente, llena de brutalidad técnica, teatralidad y conexión genuina. El plato fuerte llegó cuando Epica se apoderó del escenario con un despliegue audiovisual de primer nivel. Desde el inicio sensación fue clara: lo que se estaba presenciando era un espectáculo de escala internacional. Las pantallas gigantes proyectaban visuales diseñados con detalle para cada canción, mientras un sistema de luces sincronizado convertía cada tema en un pequeño acto escénico. Simone Simons, dueña de un registro vocal impecable y poderoso, lideró con elegancia y energía. Sus matices iban desde la sutileza melódica hasta el clímax épico, mientras que Mark Jansen y el resto de la banda aportaban la muralla de riffs, guturales y coros que dieron forma a la identidad dual de Epica, marcada por la belleza y la fuerza en constante equilibrio. El setlist fue una celebración de su trayectoria. Desde clásicos como 'Unleashed' y 'Sensorium', hasta piezas más complejas como 'The Obsessive Devotion' y 'Unchain Utopia'. La inclusión de “Aspiral”, su más reciente creación, y la infaltable 'Design Your Universe', demostraron cómo la banda sigue renovándose sin perder el sello que la consolidó en la cima del metal sinfónico. Cada canción encontraba eco en un público que coreaba, saltaba, agitaba banderas y transformaba el recinto en un coro masivo. El encore fue un clímax perfecto, con 'Cry for the Moon' desatando un mar de voces, 'Beyond the Matrix' convirtiendo el Caupolicán en una pista de saltos colectivos, y 'Consign to Oblivion' cerrando la jornada con un moshpit que tomó la pista central con una intensidad incontrolable. La banda pidió explícitamente que se formara un círculo, y el público respondió de inmediato con un torbellino de energía que resumió la comunión entre artistas y fans. Más allá del setlist y la ejecución musical, el punto fuerte de la noche estuvo en la producción. El sonido fue de los mejores que se han escuchado en el Caupolicán en eventos de este tipo, siendo claro, potente y sin saturaciones, permitiendo que cada elemento; desde los guturales más profundos hasta las secciones orquestales pregrabadas, se percibiera con claridad. En el caso de Epica, el trabajo de luces y pantallas fue parte integral de la narrativa. Cada tema estuvo acompañado por imágenes que potenciaban la atmósfera, transformando la música en un espectáculo inmersivo. Los juegos de luces, perfectamente sincronizados, lograron envolver a la audiencia en un ambiente épico sin caer en excesos. A nivel performático, los músicos también brillaron. El tecladista Coen Janssen, con su teclado giratorio y su despliegue extrovertido, se robó más de un aplauso, demostrando que el carisma es tan importante como la técnica. Por su parte, Simone, en varias ocasiones agradeció la entrega local, destacando la pasión y la calidez de los fans chilenos. La sensación fue clara: Epica no solo entregó un concierto de altísimo nivel, sino que también se sintió parte de un encuentro cercano y emotivo. Si algo caracterizó la jornada fue la efervescencia del público chileno. Desde los primeros compases de Fleshgod Apocalypse hasta el cierre apoteósico de Epica, la audiencia respondió con una intensidad. No hubo momentos de desconexión, ya que los coros, los saltos, los moshpits y la energía fueron parte esencial del espectáculo. El Caupolicán, con su capacidad de generar cercanía entre escenario y público, se convirtió en un hervidero de emociones. La interacción entre banda y asistentes fue constante: aplausos, banderas flameando, gritos de aliento y un sentido de pertenencia que pocos recintos logran replicar. Más que espectadores, los fans fueron co-creadores de la experiencia. Esta fecha será recordada por como Fleshgod Apocalypse ofreció intensidad y dramatismo con su mezcla de brutalidad y elementos sinfónicos, mientras Epica desplegó un espectáculo audiovisual de clase mundial, cargado de majestuosidad y cercanía. La producción estuvo al nivel, y el público chileno, fiel a su reputación, se convirtió en protagonista absoluto de la noche. Entre visuales imponentes, coros multitudinarios y descargas de energía, el Teatro Caupolicán fue testigo de un encuentro donde música, pasión y comunidad se fusionaron en una sola voz. Ricardo Clavería Ireland Fotos: Sergio Mella Tags #Epica #Fleshgod Apocalypse #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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