Lucifer: Cortando cabezas Ritual de inmortalidad y energía eterna en Epicentro Jueves, 23 de Abril de 2026 Miércoles 22 de abril de 2026 - Epicentro Galería de imágenes AQUÍ. La tercera visita de Lucifer se enmarca en un contexto muy especial. La formación que nos visitó en 2022 y 2024 se desarmó tras el quiebre entre Johanna Platow y Nicke Andersson, quien ahora no solo pasó a ser su ex esposo, sino que también su ex baterista. Platow pasó la guillotina y redefinió por completo el proyecto. Lucifer presenta hoy una nueva encarnación, así que su paso por los escenarios chilenos significaba una nueva oportunidad para apreciar el funcionamiento de la actual configuración y verlos como protagonistas de la fecha, ya que en el debut tuvieron que tocar entre medio de las dos bandas locales por temas logísticos y en la segunda pasada fueron el soporte de Napalm Death. Esta noche era toda suya, no había excusas para no salir a cortar cabezas. Entrando ya en el concierto, gran parte del setlist se nutrió de su disco reciente: “Lucifer V” (2024). El último esférico de Platow y compañía había sido presentado en sociedad cuando vinieron a nuestro país en el mismo año de su lanzamiento, por lo que, a excepción de ‘Riding Reaper’, no era la primera vez que escuchábamos cortes como ‘At the Mortuary’, ‘Slow Dance in a Crypt’ o ‘The Dead Don't Speak’, una prueba inapelable de un presente sólido, independiente de la formación. La sorpresa vino de la mano de ‘Anubis’, single que no forma parte de una placa oficial y que aparece por primera vez en suelo criollo, un temazo de occult rock directo a la vena que permitió apreciar el poder del binomio compuesto por Coralie Baier y Max Eriksson. En la siguiente, ‘Ghosts’, ya se habían echado al público al bolsillo con un karaoke masivo, un impulso irresistible ante el embrujo magnético de una escuadra compacta, a pesar de que la hacha de Coralie Baier merecía más fuerza desde la mesa de sonido. El solo de su contraparte Max Eriksson en ‘Crucifix (I Burn for You)’ estuvo impecable, nítido y preciso, y el complemento con Baier en el riff principal nos hizo arder en una cruz invertida. Poseída por el espíritu de Geezer Butler, Claudia González Díaz aplacó su bajo estilo Rickenbacker en ‘Wild Hearses’ y decapitó a todo el que se pusiera por delante. La bajista es un acierto en Lucifer, ya que músicos como Harald Göthblad ejecutaban el instrumento dentro de los bordes esperados, pero Claudia llenó el escenario con espíritu, garra y pertenencia. Los habitantes del mundo sabbáthico sabemos que las cuatro cuerdas son en extremo relevantes para el estilo, por lo que ver a una integrante que le da su merecido lugar es un regocijo para el alma melómana. Desde la portería, Kevin Kuhn era un espectáculo en sí mismo. En la titular ‘Lucifer’, el hombre no solo hizo temblar la batería con sus baquetas inquietas, sino que también respaldó las voces de Baier, González y Platow con gracia. No contento con eso, gozaba cada golpe como si fuera el último y animaba al público a seguirlo en esa cruzada. Por su parte, Johanna Platow fue garantía de rock teatral y hechicería ocultista. Con el ataúd blanco en el escenario, protagonizó los mejores momentos del concierto, envolviéndonos en una actuación mortuoria y elegante. Las primeras filas recibieron la mayor interacción, ya que la vocalista cantaba mirando a los ojos, tomaba las manos de algunos y lograba petrificarte como una medusa gótica. ‘California Son’ fue el epítome de su interpretación, con la fuerza del grupo a su disposición para hacer suyo el escenario y hasta pararse arriba del ataúd como absoluta soberana, una especie de Cleopatra doom. Tras un corto encore, Kevin Kuhn subió primero a jugar con el público tocando canciones como ‘Run To The Hills’ de Iron Maiden en la batería, pero lo que de verdad quería era escuchar ‘We’re Not Gonna Take It’ de Twisted Sister en versión chilena, o sea, ‘Huevos con aceite’, siendo él mismo un fanático de los liderados por Dee Snider como evidenciaba la chaqueta con la que se le vio en los alrededores de la galería del Ángel previo al encuentro. La ocasión fue aún más especial porque Coralie Baier estaba de cumpleaños, y se celebró con torta y canto incluidos. Volviendo a la música, ‘Bring Me His Head’ reinició las acciones, con cada uno de los integrantes descabezando a un público en llamas que vio como Johanna fingía sacar una cabeza imaginaria del ataúd, la besaba y finalmente la tiraba al público. El cover de ‘Goin’ Blind’ de Kiss no solo fue un homenaje a una de sus influencias notorias, también fue la reivindicación de sus días en el Kiss Kruise de 2018, una rendición que alguna vez sonó en manos de Melvins, pero que acá se desprendía de cualquier signo de sludge para abrazar la pura tradición. La conclusión llegó con ‘Fallen Angel’, la versión NWOBHM de Lucifer, cubriéndose con la piel de Diamond Head para dejar el Epicentro reducido a cenizas. ¿Ha sido la mejor presentación de Platow y sus secuaces en Chile? Dejando la épica de tener al Hellacopter Nicke Andersson en los tarros y basándose solo en lo vivido en esta oportunidad, podemos decir que sí ha sido la mejor hasta ahora. Claro, siempre está la magia de la primera vez, y el mayor público de la segunda en un recinto más grande para albergar a los devotos del occult rock que nos convoca y del grindcore de Napalm Death permitieron una amplitud llamativa, pero la conexión que se logró esta vez en un Espacio Epicentro a los pies del quinteto posiciona a este recital en un peldaño superior. También hay que decirlo sin pudor: Platow ya no tiene que compartir el protagonismo con personajes como Gaz Jennings o Nicke Andersson Se le ve libre y cómoda en su rol de emperatriz de este ritual de rock n’ roll que tuvo otro capítulo para enmarcar. Lucifer saca cuentas alegres en su nuevo paso por Chile, demostrando que su presente no depende de nombres ilustres, sino de una identidad que hoy arde con fuerza y no deja títere con cabeza. Un ritual de rock ocultista que, lejos de agotarse, parece haber encontrado su forma más pura y dominante, un tesoro de alto valor que brilla como la cruz egipcia que cuelga del cuello de Johanna, símbolo de inmortalidad y energía eterna que el quinteto proyecta en cada riff. Pablo Cerda S. Fotos: Vicente Chacón Tags #Lucifer #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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