El Sonido de la Muerte: Sangre, mito y una amenaza inevitable La nueva cinta de Corin Hardy Jueves, 12 de Febrero de 2026 El terror juvenil siempre encuentra la forma de regresar. Cambian los rostros, se actualizan los miedos y se incorporan nuevas tecnologías, pero la esencia sigue siendo la misma: un grupo de jóvenes que, por curiosidad o imprudencia, abre una puerta que nunca debió tocar. En ese terreno se instala "El Sonido de la Muerte", dirigida por Corin Hardy, una película que abraza sin complejos la tradición de las maldiciones sobrenaturales y la combina con una amenaza tan simple como efectiva: si soplas el silbato, la muerte vendrá por ti. La historia sigue a Chrys, interpretada por Dafne Keen, quien llega a una nueva ciudad cargando el peso de un pasado trágico. En su intento por adaptarse, termina junto a un grupo de estudiantes que descubre un antiguo silbato azteca. El objeto, con su inquietante forma y su sonido perturbador, no es solo una reliquia exótica: es el detonante de una cadena de muertes inevitables. Cada soplido invoca una presencia que no descansa, que persigue, que ejecuta. La muerte aquí no es una metáfora; es una entidad activa, paciente y cruel. Desde el inicio, la película deja clara su inspiración. Es imposible no pensar en la saga "Destino Final" por la estructura de sus muertes y la sensación constante de fatalidad. Sin embargo, "El Sonido de la Muerte" intenta añadir su propia capa mitológica a través del artefacto prehispánico y las reglas que lo rodean. El problema es que ese "lore" nunca termina de consolidarse con fuerza. Las normas de la maldición se explican más de lo que se muestran, apoyándose en diálogos expositivos y en personajes que funcionan como vehículos de información más que como piezas orgánicas del relato. El guión es, sin duda, su punto más débil. No arriesga demasiado y recorre caminos ya transitados por el género. Varios personajes quedan esbozados apenas en la superficie, lo que dificulta generar un vínculo emocional real con ellos. Hay talento en el reparto: Dafne Keen, Sophie Nélisse e incluso figuras reconocidas como Nick Frost o Michelle Fairley. Sin embargo, muchos de ellos quedan limitados por personajes planos, con escaso desarrollo. Keen sostiene la película en varios momentos gracias a su presencia y a una contención que transmite vulnerabilidad, aunque el material no siempre le permite desplegar todo su potencial. Nélisse aporta química y oficio, pero también queda atrapada en las limitaciones del libreto. Donde la película sí encuentra su identidad es en la ejecución de las muertes. Las secuencias están bien construidas, con tensión previa y una creatividad que, por momentos, resulta impactante. Hay un trabajo destacable en maquillaje práctico y efectos que eleva varias escenas, aunque algunos recursos digitales se perciben artificiales. Aun así, cuando la cinta decide apostar por el horror explícito, lo hace sin timidez. La violencia es directa, incómoda y diseñada para dejar huella. En lo técnico, la propuesta es irregular. La fotografía y la puesta en cámara cumplen sin ofrecer planos particularmente memorables. Algunos movimientos y ángulos resultan más distractores que inquietantes. Los escenarios, en cambio, funcionan bien: la casa, el instituto y especialmente el diseño del silbato aportan una presencia tangible. El objeto maldito se convierte casi en un personaje más, con primeros planos insistentes que refuerzan su importancia y despiertan una curiosidad peligrosa en el espectador. La banda sonora acompaña correctamente, mezclando composiciones atmosféricas con toques contemporáneos que dialogan con la energía juvenil del elenco. No es un apartado que permanezca mucho tiempo en la memoria, pero cumple su función dentro del ritmo ágil de la película. Con una duración de apenas 85 minutos, "El Sonido de la Muerte" avanza sin demasiados rodeos. Esa brevedad juega a su favor: no se extiende más de lo necesario y mantiene un pulso dinámico, especialmente en su tramo final, donde encuentra sus momentos más entretenidos. Además, incluye una escena después de los primeros créditos que amplía la puerta a una posible continuación. No es una película que reinvente el terror sobrenatural ni que cambie las reglas del juego. Es, más bien, un ejercicio consciente de lo que quiere ser: una experiencia directa, sangrienta y diseñada para disfrutarse en pantalla grande, especialmente por quienes sienten afinidad por las maldiciones antiguas y la inevitabilidad del destino. Tiene fallas evidentes en su construcción narrativa, pero también suficientes aciertos en su ejecución como para ofrecer un buen momento si se asume con expectativas moderadas. Matias Arteaga S. Tags #El Sonido de la Muerte #Corin Hardy #Dafne Keen Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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