Chercán Canto de Silicio Lunes, 02 de Noviembre de 2026 2026. Chercán El rock progresivo chileno ha encontrado en las últimas décadas nuevas formas de reinventarse, incorporando influencias que van desde el jazz y la música experimental hasta elementos electrónicos y propuestas de carácter cinematográfico. Dentro de este escenario, Chercán ha comenzado a construir una identidad que merece especial atención. Originaria de Valdivia, la agrupación sorprendió en 2025 con su álbum debut homónimo, un trabajo que dejó en evidencia su capacidad para desarrollar composiciones complejas, explorar diferentes texturas instrumentales y construir una propuesta donde la técnica nunca estuviera por encima de las emociones. Una carta de presentación que, lejos de establecer límites, abrió las puertas hacia una evolución todavía más ambiciosa. A poco más de un año de aquel lanzamiento, el quinteto regresa con “Canto de Silicio”, su segundo trabajo de estudio, demostrando una madurez compositiva y conceptual que resulta notable considerando el breve tiempo transcurrido entre ambas producciones. Si su debut permitió conocer las principales características de su sonido, esta nueva entrega profundiza en ellas, incorporando una mayor riqueza instrumental, arreglos más elaborados y una narrativa que conecta cada una de sus composiciones. El resultado es un álbum conceptual de aproximadamente 49 minutos que aborda uno de los grandes dilemas de nuestra época: la relación entre la humanidad y el avance tecnológico, especialmente frente al desarrollo de una inteligencia artificial que comienza a desdibujar los límites entre lo natural y lo artificial. Detrás de esta propuesta encontramos a Rodrigo González -La Desooorden, Homínido-, responsable de la batería, los sintetizadores y gran parte de la construcción musical y conceptual, acompañado por Martín Peña en las voces, Roberto Faúndez en las guitarras, Pablo Barría en el bajo y Matías Bahamondes en saxofones y flauta traversa. A ellos se suma un trío de cuerdas integrado por Benjamín Ruz, Braulio Rivas y Sebastián Fierro, cuya participación amplía considerablemente las posibilidades expresivas del conjunto. Esta combinación permite que “Canto de Silicio” transite entre el rock progresivo, el jazz fusión, el art rock y ciertos matices industriales, manteniendo una identidad propia que se fortalece con cada composición. La experiencia comienza con ‘Pareidolia’, una apertura que establece inmediatamente el carácter inquietante del álbum. Tomando como referencia aquel fenómeno psicológico que nos lleva a reconocer figuras familiares donde realmente no existen, la canción introduce una reflexión sobre nuestra capacidad para distinguir lo verdadero de lo artificial. Musicalmente, Chercán construye una atmósfera cambiante donde las guitarras, los vientos y una batería contundente dialogan entre momentos de contemplación y explosiones instrumentales. Es una introducción exigente, pero efectiva, que anticipa el recorrido emocional que vendrá. Los breves interludios que aparecen a lo largo del trabajo, identificados mediante símbolos, funcionan como conexiones entre sus diferentes escenarios, reforzando la sensación de estar frente a una historia continua y no simplemente a una colección de canciones. Aquella perplejidad se intensifica en ‘En lo incierto’, donde la sección rítmica adquiere un protagonismo fundamental y conduce la composición hacia pasajes cada vez más agresivos. Los riffs de guitarra aportan una tensión casi cinematográfica, mientras los constantes cambios de intensidad mantienen al oyente en una permanente sensación de alerta. Sin embargo, Chercán comprende que la fuerza no depende exclusivamente del volumen o la velocidad. Así queda demostrado en ‘Ojos de cristal’, una de las piezas más sensibles del álbum, que comienza desde una aproximación cercana a la balada para reflexionar sobre la creatividad humana frente a la reproducción artificial del arte. La interpretación vocal de Martín Peña encuentra aquí uno de sus momentos más expresivos, acompañada por delicados arreglos de cuerdas y vientos que enriquecen una composición donde la melancolía convive con una firme voluntad de resistencia. El contraste aparece con ‘Pieles de metal’, probablemente una de las canciones más llamativas por su particular combinación de oscuridad conceptual y dinamismo musical. Su base rítmica, impulsada por el bajo de Pablo Barría, incorpora pasajes cercanos al jazz y una cadencia sorprendentemente contagiosa, mientras la presencia del saxofón aporta una personalidad distintiva. Detrás de ese movimiento aparentemente festivo se esconde una reflexión sobre la vigilancia tecnológica, los algoritmos y la progresiva pérdida de autonomía individual. La composición evoluciona hacia un desenlace más dramático y teatral, demostrando la capacidad del grupo para desarrollar contrastes sin sacrificar coherencia. Esta inquietud alcanza nuevas dimensiones en ‘Última luz’, una pieza considerablemente más sombría, donde la instrumentación adquiere un carácter urgente y confrontacional. Aquí la preocupación deja de sentirse como una posibilidad distante para transformarse en una advertencia sobre las consecuencias de un desarrollo tecnológico que avanza sin cuestionar suficientemente sus límites. Uno de los mayores aciertos del álbum aparece en su tramo final, cuando las tres últimas composiciones establecen una continuidad que funciona prácticamente como una extensa resolución musical. ‘Sueño diferido’ introduce la idea de escapar de una realidad deteriorada mediante un prolongado estado de hibernación, buscando despertar en un mundo donde todavía exista alguna posibilidad de recuperación. La instrumentación transmite esa sensación de espera, mientras los vientos y el bajo construyen un ambiente envolvente que prepara el terreno para ‘Materia invisible’, la composición más extensa del trabajo y una de sus propuestas mejor desarrolladas. Su carácter dinámico, los constantes cambios de intensidad y la riqueza de sus arreglos transmiten una verdadera carrera contra el tiempo, aunque esta vez la narrativa comienza a encontrar respuestas en la propia naturaleza. Es una pieza que representa especialmente bien la madurez alcanzada por Chercán, equilibrando complejidad técnica, tensión dramática y sensibilidad musical. Finalmente, ‘La evolución’ entrega un cierre de dimensiones épicas, recuperando elementos melódicos y conceptuales presentados anteriormente para construir una conclusión profundamente humanista. Después de atravesar escenarios dominados por la incertidumbre, la alienación y el temor a perder aquello que nos define, la agrupación propone una salida sustentada en la transformación, la conciencia y la esperanza. Su desarrollo instrumental resulta particularmente emotivo, permitiendo que cada elemento encuentre su espacio sin caer en demostraciones técnicas innecesarias. Es un desenlace que no solamente entrega sentido al recorrido, sino que invita a volver al comienzo para descubrir nuevas conexiones dentro de la historia. Desde una perspectiva musical, “Canto de Silicio” destaca por su capacidad para integrar influencias reconocibles del progresivo internacional sin transformarse en una imitación de ellas. Pueden identificarse ciertas sensibilidades cercanas a King Crimson, The Mars Volta o Tool, pero también existe una conexión evidente con la tradición progresiva chilena, particularmente en la utilización de instrumentos de viento y en la búsqueda de una expresión musical que trascienda las estructuras convencionales del rock. La producción también merece reconocimiento, con una mezcla que permite apreciar los numerosos detalles de cada composición, aunque la abundancia de cambios rítmicos, capas instrumentales y transiciones puede resultar demandante para quienes no estén familiarizados con el género. Sin embargo, esa misma densidad constituye parte fundamental de su atractivo y recompensa las escuchas posteriores. Otro elemento que fortalece el concepto es el trabajo visual de Carlos Alvear, cuya portada representa el encuentro entre la naturaleza y el universo digital mediante la figura del ave que da nombre a la agrupación. Es un complemento coherente con una obra que busca cuestionar el lugar que ocupará la humanidad en un futuro cada vez más condicionado por las máquinas. Con “Canto de Silicio”, Chercán no solamente consigue superar las expectativas generadas por su debut, sino que da un paso importante hacia la consolidación de una identidad artística propia. Su segunda placa es más oscura, ambiciosa y cohesionada, pero también más sensible y reflexiva. Lejos de utilizar la inteligencia artificial como un simple recurso temático de actualidad, el quinteto construye una historia que cuestiona nuestra dependencia tecnológica y, al mismo tiempo, reivindica la creatividad, la naturaleza y las emociones como elementos esenciales de nuestra existencia. Un trabajo sólido que demuestra el excelente momento creativo de la agrupación valdiviana y que merece encontrar su espacio entre las propuestas más interesantes del rock progresivo nacional contemporáneo. Matías Arteaga Canto de silicio de Chercán Tags #Chercán #Canto de Silicio Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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