Opeth: corazón valiente Jueves, 29 de Marzo de 2012 Miércoles 28 de marzo, 2012 Teatro Caupolicán Debe haber pocas bandas en la escena actual que cuenten con el carácter de Opeth. La actitud lo incluye todo, desde la música que crean a la forma en que se presentan en vivo y cómo se expresan. Aquello pasa porque no venden ni compran la cualidad esnob del metal –porque claramente es fácil recurrir a ello- sino que optan por algo mucho más íntegro, que es la fidelidad consigo mismos. Ojo, que eso no siempre da buenos resultados, pero en el caso de Opeth, el escapar de esquemas predeterminados les sale natural. Mejor aún, conociendo los límites de su campo, se atreven a cruzarlos y a romperlos, más de una vez. Puede que a la primera su disco “Heritage” haya sido una evidente sorpresa, para bien o para mal. Sin embargo, no muchos se detuvieron en lo consecuente que ha sido Akerfeldt a lo largo de su discografía, no de la manera más obvia, por supuesto. No hay repetición de un álbum a otro, así como esta visita tampoco podía ser una réplica de su debut en Santiago del 2009. Por eso no había mejor oportunidad para aprehender la multitud estilística de los suecos si no era en vivo. Es en este contexto donde se entiende ‘Face of Melinda’, ‘Slither’, ‘To Rid the Disease’, ‘Folklore’ y ‘Deliverance’, cuál más diferente de la otra. Pero todas ellas comparten el mismo origen: un corazón valiente. No cabía duda que el conjunto podría asombrar a sus fans tanto como el 2009. La duda venía desde el público, ¿era capaz de llenar un Caupolicán con un disco “poco popular” (o “pop” para otros, dependiendo de la lectura) como “Heritage”? ¿Respondería tan efusivamente a estas canciones como lo hizo ante ‘The Leper Affinity’ o ‘Harvest’, por citar algunos ejemplos, hace tres años? Pese a que el recinto de San Diego no contó con un lleno absoluto y casi abrumador como su anterior concierto, sus fanáticos confirmaron su fidelidad a Opeth y apoyaron esta evolución no solo de palabra, sino también en el hecho. Desde el inicio, puntualmente a las 21:00 horas con ‘The Devil’s Orchard’, los más acérrimos no dejaron de cantar un solo tema a lo largo de todo el show, lo que se convirtió en un elemento principal del espectáculo, uniendo fuerzas con la eximia performance del grupo. Lo que jamás dejó de sorprender fue particularmente la cohesión de este lineup. Precisos hasta decir basta, expertos domadores de cada uno de sus instrumentos y aún más, con un lazo tan estrecho como para entender con solo una mirada lo que el otro buscaba, fue en canciones como ‘The Lines in My Hand’ y muy especialmente la épica ‘Folklore’, ya avanzado el show, en que sus admiradores quedaron boquiabiertos. El despliegue pasaba desde lo virtuoso hasta las remembranzas a Deep Purple, melodías suaves y riffs más pesados y ya hacia el final, la voz gutural de Åkerfeldt en ‘The Grand Conjurarion’, ‘The Drapery Falls’ y ‘Deliverance’. Tampoco podía faltar el característico humor del frontman; aunque menos extrovertido que la vez pasada, señaló que habían disfrutado “el alcohol local, pisco sour”, responsabilizó a Martin Méndez si es que ‘The Lines in My Hand’ no salía como debía y lamentó que Suecia fuese un país donde todo el año hace frío, porque lo convertía en una víctima de los rayos solares sudamericanos y quedaba rojo. Incluso se dio el tiempo para enviar saludos de parte de Steven Wilson. La otra parte, la audiencia, cual barra deportiva, exclamaba cada vez que podía el nombre de Opeth, emocionando al conjunto europeo, coreaba hasta los riffs, brincaba y se conmocionaba con las melódicas ‘Face of Melinda’ o ‘Windowpane’. Lo que la canción inspiraba, el público lo efectuaba, sin limitación alguna, en una exaltación absoluta. Aquí también estaban los valientes, los que sobreviven incluso a los prejuicios de los amigos y los que pusieron la calidad artística de Opeth por sobre la fidelidad extrema y casi ciega a un género. Desde esta perspectiva, el vínculo entre los suecos y su público fue totalmente complementario, una simbiosis en la que cada uno sacó lo mejor del otro. Así, ¿cómo no esperar una tercera visita de la banda? Decir que lo que se vivió anoche en el Caupolicán fue increíble sería poco. María de los Ángeles Cerda Tags #Opeth Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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