Massive Attack: Performance y política Fauna Primavera 2025 Domingo, 09 de Noviembre de 2025 Sábado 08 de noviembre de 2025 - Parque Ciudad Empresarial Galería de fotos aquí. Tras la confirmación del regreso de Massive Attack en Chile, las alertas se encendieron a nivel macro, porque la última vez que pisaron suelo nacional, fue al extinto festival SUE, por aquel lejano 2010. Hay líneas que solo pueden ser vistas por quienes saben observar desde lo lejos, leyendo con atención y profunda observación. La verdad es que el tiempo deja huellas complejas en nuestra memoria. Uno de los ejes analíticos que propone RJ Wheaton en su libro Trip-Hop -recientemente traducido al español- aborda precisamente esa crítica al paso del tiempo en la música, específicamente, el modo en que el trip-hop se ha diluido en en una mixtura de sonoridades que únicamente acompañan a consumidores en cafeterías, e incluso centros comerciales, despojando al género incluso de su propia historia. Abrazar el trip-hop no es solo recordar beats con texturas, es reconocer en sus fracturas la profundidad de una historia que se escribe desde los suburbios, en territorios donde la afrodescendencia contrasta con el estigma, porque el trip-hop esconde tantas desigualdades, como performance política, y eso muy bien lo saben los Bristolianos de Massive Attack. Con un sonido envolvente, los británicos irrumpen en escena desde las sombras. Las luces tenues solo iluminan a quienes toman el protagonismo desde lo colectivo. Un acto, que lejos de ser minimalista, guarda una profunda carga performática, donde el arte se funde con lo político, tensionando al snob y reduciéndolo a su mínima expresión. ‘In My Mind’ abrió la noche entre la ovación del respetable. Casi como si se tratara de una broma cruel, por el costado izquierdo el público se agolpaba para vivir los clásicos que tejieron historias; mientras, en el sector VIP, la música era apenas un telón de fondo para conversaciones livianas. Dos rostros crudos de una misma realidad, mostrando que la fractura del capitalismo tardío se refleja en el binarismo de la música como brújula vital para unos, y mero decorado de consumo para otros. El espejo más crudo de una cultura que, mezclada con lo mainstream, se vacía de sentido. Frente a todo, Massive Attack. Visuales afiladas como estocadas de realidad, porque el arte, cuando incomoda, deja de ser mercancía. Los rostros del público se volvieron parte del montaje, en una intervención que tensionó los cimientos del establishment. Mientras algunos miraban absortos las pantallas, otros reflexionaban sobre las profesiones que aparecían resaltadas. No obstante, la pregunta que merece ser levantada es: ¿Eran acaso esos rostros una crítica a la exposición mercantil, donde el valor humano se mide en oficios y no en potencialidades, en etiquetas más que en historias? La presentación alcanzó un punto de inflexión con la aparición de Elizabeth Fraser. La ovación a la excantante de Cocteau Twins, colaboradora de Massive Attack desde los días de “Mezzanine” (1998), retumbó como un deseo cumplido. Su voz -etérea, susurrante-, en ‘Black Milk’ contrastó con los beats duros y los paisajes sonoros que se desplegaban en el escenario. Su canto tejía el alma del espectáculo, lo convertía en rito. La intensidad no cesó. Con Deborah Miller al micrófono, ‘Unfinished Sympathy’ iluminó el aire, acompañada de un juego de luces que alternaba contraluces y sombras, revelando a los músicos como siluetas de resistencia. Entre versiones de Tim Buckley y Ultravox, la irrupción de ‘Levels’ de Avicii rompió la atmósfera. En el sector VIP, el hit se celebraba con euforia de “carrete de fin de semana”; en el otro costado, rostros atónitos entendían el mensaje: para sostener la desigualdad, hay que adormecer a las masas. Los clásicos ‘Safe From Harm’ y ‘Unfinished Sympathy’ cerraron el cerco. Las gráficas tomaron un cariz cinematográfico, una denuncia sin ambigüedades: lo que la televisión calla, lo que las redes censuran, lo que los medios ocultan. Massive Attack proyectó los rostros de los culpables y los nombres de los pueblos violentados. En el Estado legítimo de Palestina, recordaron que se asesinan infancias, se bombardean escuelas, se mutilan sueños. Allí donde no mata la bomba, mata el hambre. Para el cierre, Fraser entonó 'Teardrop', como un respiro entre tanta intensidad. La música se volvió plegaria, y las pantallas proyectaron un mensaje nítido: “Congo, Sudán, Palestina”. A los costados, brilló la palabra LIBRE. Una declaración política. Un acto de resistencia que hace de Massive Attack no solo un concierto, sino una consigna sonora contra el olvido. Karin Ramírez R. Fotos: Hernán Urtubia Tags #Massive Attack #Elizabeth Fraser #Fauna Primavera 2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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