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Hall & Oates: devoradores de hits

El duo por fin debuta en Chile

Hall & Oates: devoradores de hits

Entre los artistas clásicos que aún dan vuelta por el globo, Daryl Hall y John Oates están entre los que mejor defienden su legado. ¿Cómo no hacerlo cuando tienes tantas medallas que mostrar? Cuarenta años de carrera, seis números uno en la lista Billboard, siete álbumes platino, seis de oro, miembros del Salón de la Fama del Rock & Roll y una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood son solo parte de la pirotecnia que exhiben. Actualmente, la cultura pop los abraza cariñosamente, en parte gracias a las ondas de radio que han perpetrado su leyenda y aún los ata a la memoria colectiva local. Precisamente, son Ignacio Lira y Sergio Cancino, locutores de las radios Tiempo y Concierto respectivamente, los que ayudan a desentrañar las claves de la primera venida de Hall & Oates, a fin de entender cómo les ha afectado el paso del tiempo, de qué manera se puede analizar su trayectoria y por qué esta venida es tan importante.

Sueño hecho realidad

La noticia se confirmó a finales de enero e hizo estallar las redes sociales: Hall & Oates se embarcarán en una gira sudamericana que los traerá por primera vez a Chile, tras cuatro décadas de éxitos. El dúo ostenta un catálogo voluminoso que goza de un beneplácito transversal, tanto así, que algunos soñaban con verlos debutar en el Festival de Viña del Mar desde los tiempos en que la noche anglo se establecía como un obligado para la parrilla del certamen. La posibilidad de llegar a una audiencia masiva a través de los televisores, sobre todo con un repertorio tan potente, fueron los argumentos más sólidos para que estuvieran siempre entre los más solicitados. El locutor de Radio Tiempo Ignacio Lira era uno de ellos. «Desde que vino Tom Jones al Festival, la noche anglo empezó a tener una personalidad propia y uno se preguntaba quién sería el siguiente. Junto a otros colegas de radio, empezábamos a tirar nombres y ciertamente Hall & Oates era una posibilidad por su cantidad de hits y la altísima rotación radial que han tenido desde los 80».

Para Sergio Cancino, director editorial y musical de Radio Concierto, un show de Hall & Oates en señal abierta hubiese entregado la posibilidad de ver un espectáculo tan sorprendente en lo musical que de seguro estaría entre lo más destacado. «Me gusta la masividad que ofrece un festival televisado y emitido por radio para todo Chile. Descentraliza el pop. Habrían mostrado una actuación de calidad y una forma de entender el género desde los arreglos, un formato de canción que contrasta con el sonido imperante en esta década».

Puentes musicales

Ciertamente, la masividad de los hits de Hall & Oates descansa en una arquitectura musical que va más allá de la canción pegadiza, ya que se sustenta en el romance con la música negra, aspecto que tenían claro desde que se conocieron. Daryl nació en Pottstown, Pensilvania, y John en la ciudad de Nueva York, pero se encontraron en un ascensor escapando de una pelea con armas de fuego que se desató un concierto del Adelphi Ballroom, cuando el primero aún militaba en The Temptones y el segundo en The Masters. En su paso por la Universidad de Temple, compartieron un departamento y empezaron a colaborar juntos.

El estilo folky de su primer disco “Whole Oates” (1972 ) los hizo pasar desapercibidos, pero ya para el segundo, “Abandoned Luncheonette” (1973), dan el primer batatazo, con ‘She’s gone’, número uno en las listas R&B de la época y luego popularizada por el grupo Tavares. Lira sindica que ese apego a la música negra, desde los primeros años, es vital para entender la traducción de códigos que en ese entonces estaban encriptados en cuestiones sociales, aludiendo que «lo interesante es ver cómo lograron llevar el lenguaje del soul y del R&B a un público blanco, cuando esa música aún era de nicho. Acercaron mundos que estaban separados por la segregación».

Tras el lanzamiento de “War Babies” (1974), su último disco con Atlantic, el grupo emigraría a RCA. A pesar de que tuvieron una época no tan venerada, con discos como  “Beauty on a Back Street” (1977) y “Along the Red Ledge” (1978), el dúo lograría dominar los rankings entre mitad de los 70 y de los 80, con con seis singles en el top one: ‘Rich girl’ , ‘Kiss on my list’, ‘Private eyes’, ‘I can’t go for that (No can do)’, ‘Maneater’ y ‘Out of touch’, y cinco en el Top 10, además de su participación en la emblemática ‘We are the world’ en 1985.

Para Cancino, los éxitos del binomio en su época de oro trascendieron de tal manera que, constantemente, son una atracción a visitar. «La fase imperial del grupo, con esos exitosos cuatro discos que lanzaron entre 1980 y 1984, entregó algunas de las mejores canciones pop de esa década, y siguen muy presentes en la radio y la cultura pop. La aparición de ‘You make my dreams’ en esa gran secuencia de la película "(500) Days of Summer" (2009) o su uso en publicidad chilena, los llevaron a otras generaciones. Más allá de los éxitos, cada álbum del dúo, incluso esos de sus años formativos o los noventeros, tienen joyas. Como ‘The sky is falling’ de 1997 o el cover de ‘Someday we´ll know’ (de los New Radicals) con Todd Rundgren en 2003».

Por eso, no es extraño que músicos de la talla de John Mayer, Brandon Flowers de The Killers o Ben Gibbard de Death Cab For Cutie, por nombrar algunos, los ocupen como referencia para alimentar sus propuestas, amparándose en su imaginativa fórmula para articular canciones pop perfectas. «Puedes percibir su influencia en artistas actuales y eso atrae al público más allá de la nostalgia. Los melómanos, los que leen entrevistas o los que se preocupan de saber quién produjo tal o cual disco, probablemente lleguen a Hall & Oates por allí. No es que las generaciones actuales se vuelvan locas escuchándolos, pero sí consumen artistas influenciados por ellos», complementa Lira.

Hall & Oates: devoradores de hits

Más que un concierto en la lista

Ya totalmente consolidados como uno de los actos musicales más exitosos, el nuevo milenio ve como Hall & Oates cosecha los reconocimientos de su arduo trabajo sobre las tablas. El 20 de mayo de 2008, el dúo fue galardonado con el premio Icon de los BMI, que también ha reconocido a Bee Gees, Crosby, Stills & Nash, Paul Simon y Brian Wilson, entre otros. El 2014 fueron inducidos al Salón de la Fama del Rock ‘N Roll, instancia en la que tocaron en vivo y desfilaron ‘She's gone’, ‘I can't go for that (No can do)’ y ‘You make my dreams come true’, evidencia empírica que están lejos de dormirse en los laureles.

Las reseñas de sus conciertos actuales no hacen otra cosa que alabarlos, poniendo hincapié en su elegancia y vigencia. The Guardian plantea que «pocas figuras de 72 años pueden darse el lujo de vestirse con pelo largo y chaqueta de cuero como lo hace Hall & Oates». Con esto en mente, las expectativas del show en Chile son altas, y tanto Cancino como Lira coinciden en que será una noche inolvidable. Pero el locutor de “Zoom Concierto” advierte que quizá esta sea la única oportunidad para verlos: «es un dúo legendario, glorias del mejor pop. Considerando sus edades (72 y 71 años), y que alternan sus giras como dúo con sus proyectos personales, creo que puede ser el único show que ofrezcan en Chile. Mientras que para el hombre de “Oh my Pop!”, el estado en que se mantiene la banda, en forma, marca una diferencia con otros actos nostálgicos: «Son un número muy solicitado y fácilmente podrían girar solo por Estados Unidos, les sobra la pega. Hay una riqueza en lo que hacen, va a ser una función bien única. No son un acto kitsch».

Sin lugar a dudas, la música de los ochenta aún está muy presente en nuestro país, sigue despertando la memoria emotiva de quienes la vivieron y eso inevitablemente alimenta la curiosidad de los que vinieron después. En un contexto en que las audiencias son cada vez más difíciles de satisfacer, actos como Hall & Oates recuerdan que la magia no está en girar una y otra vez la rueda de la nostalgia hasta gastarla, sino que darle la vuelta necesaria para que esta sea relevante en el presente. Así es como se forjan las cosas buenas de la vida.

Pablo Cerda

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