Tres facetas de Elton John

Un acercamiento a su figura a propósito de la biopic "Rocketman"

I. El rookie
A fines de los años sesenta, cuando todavía era un desconocido, Elton John tuvo uno de sus primeros trabajos en la música grabando covers de canciones famosas que luego se publicaban sin su nombre en compilados de módico precio. Se trataba de budget albums, como se les conocía en la industria discográfica, lanzamientos periódicos de bajo costo con versiones baratas de éxitos del momento entonados por anónimas voces entre las que, de tanto en tanto, asomaba alguna verdadera estrella, como en el caso de Dolly Parton, diosa del country que también pasó por ese tipo de recopilaciones, tan comunes y accesibles que se vendían en cualquier negocio de barrio. Entre 1969 y 1970, justo antes de la decadencia absoluta del negocio de los budget albums en su natal Inglaterra, Elton John cubrió varios hits en sesiones de grabación express en estudios de poca monta, pagado por sellos como Music for Pleasure, propiedad de EMI, uno de los tantos colosos de la industria que lucraron con un modelo de producción musical en serie que requería bajas inversiones y premiaba con altas ganancias. Para los curiosos, existe un compilado de esos registros, "Chartbusters Go Pop", aparecido en 1994, con temas originalmente interpretados por Creedence Clearwater Revival, Nina Simone, Stevie Wonder y Cat Stevens, entre otros músicos que inadvertidamente le dieron a Elton John una clase magistral acerca de la estructura de una canción exitosa. Lo aprendido sería aplicado rápidamente en su carrera, que estaba a punto de despegar.

II. El rockero
Elton John no es necesariamente la primera persona que se viene a la mente al escuchar la palabra "rockero". A juzgar por lo que se ve en redes sociales, probablemente muchos compatriotas lo ubican más que nada como el cantante que se parece un poquito a Michelle Bachelet. Otros lo conocen porque cantó el tema de "El Rey León" o por dedicarle 'Candle in the wind' a la Princesa Diana. Quizás escucharon 'Sacrifice' o 'Nikita' y se quedaron con la impresión de estar ante un inofensivo cantante totalmente sublimado. Lo cierto es que sí, Elton John es todas esas cosas, pero su dilatada trayectoria posee también una etapa de rocanrol en la que sedujo a las audiencias montado sobre los hombros de gigantes como The Beatles y Elvis Presley, a los que cubría en sus conciertos, que funcionaban también como ceremonias de reivindicación del piano, un instrumento importante en el nacimiento y desarrollo del estilo que por su aparatosa y estacionaria naturaleza había quedado un tanto atrás frente a la guitarra eléctrica. Las crónicas de la época comparan a Elton John con Jerry Lee Lewis, el insigne rocanrolero que hacía ver al piano como el instrumento más vibrante sobre la faz de la Tierra.

III. El adicto
Aunque lleva casi tres décadas completamente sobrio, Elton John confiesa que todavía sueña un par de veces a la semana con cocaína, su perdición durante los setenta y los ochenta. Empezó a inhalarla bajo el pretexto de aplacar su casi patológica timidez, pero terminó aspirando cantidades industriales hasta perder todo asomo de cordura. En el peak de su consumo, simplemente carecía de una conexión con la realidad. Es tristemente célebre la historia del día en que llamó a su manager para quejarse de las malas condiciones climáticas de Londres y exigirle que las solucionara. En su época de delirio cocainómano, ni siquiera se conformaba con llenar sus fosas nasales con la caspa del diablo: tenía pulsiones autodestructivas que lo llevaron a someter su cuerpo a un maltrato del que solamente zafó gracias a su extraordinaria suerte. Después de haber visto morir a varios de sus amigos de la comunidad gay, Elton John considera un milagro no haberse contagiado el Sida, aunque lo cierto es que el mero hecho de que siga vivo bien podría considerarse intervención divina. Durante 15 años, su rutina consistía en despertar, tirarse unas líneas y beber whisky hasta llegar a un estado que le permitía seguir despierto por tres días para luego pasar 36 horas durmiendo y repetir. Entre medio, por el hambre, comía raciones triples de comida rápida y luego las vomitaba. Además de bulimia, sufría de epilepsia: «Me daban ataques y me ponía azul. Cuando me encontraban en el piso, me llevaban a la cama, pero en cosa de minutos ya estaba de nuevo pegándome rayas de coca».

Andrés Panes

Encuentra este contenido en nuestra revista.





Tags



Ultimos Contenidos

Rock

{{ x.type }}

{{ x.title }}

{{ x.created }}