The Who: Tommy, ¿aún puedes oírme?

50 años de la colosal ópera rock

Las mini-óperas "A Quick One, While He's Away" (1966) y "Rael" (1967), más el evidente interés por técnicas de composición de suma sofisticación en el ámbito de la música pop de la segunda mitad de los sesenta, fueron las matrices de "Tommy", la primera ópera rock de los británicos The Who, descrito también como «el primerísimo álbum en contar con una narrativa lineal completa en sus canciones». Medio siglo de aquello. Aquí la historia.

El despetar de una época

Mucho cuidado con la palabra ‘pretencioso’. Es un término super recurrido y que se aplica incorrectamente para denominar ciertos ejercicios que buscan romper límites, en el contexto que sea. El propósito de ese adjetivo ha terminado por subvalorar cualquier tipo de experimentación y, como tal, generalmente es utilizado por personas con problemas intelectuales, que no se arriesgan, y aún más: sienten que cualquier intento de ampliar el alcance del logro humano es un ataque personal a su propio coeficiente intelectual.

Se escuchó algo en su momento, sobre lo pretencioso (‘self indulgence’, también), cuando se cotejaban reseñas críticas al “Tommy” de The Who. Pero en verdad, lo único pretencioso de este doble álbum es la etiqueta ópera rock. Aparte de esa descripción, que quiere abarcar mucho pero poco aprieta a fin de cuentas, “Tommy” es un logro de suprema ambición e innovación, viniendo de una banda que casi se había re-inventado por completo con su álbum anterior, “The Who Sell Out” (1967), y que ahora querían probar algo diferente. Y vaya que lo fue. Pero a pesar de las buenas intenciones, es en realidad un álbum desigual, solo esporádicamente brillante. El peak de brillo y lucidez estaba supuesto a pasar un par de años más tarde, con “Who’s Next” (1971), siendo “Tommy” la previa para que ello aconteciese.

La música había cambiado mucho en los últimos años de los sesentas, y los singles de The Who que nos guían hasta “Tommy” así lo reflejaron. Después de alcanzar su punto máximo con ‘I Can See for Miles’, la banda lanzó dos de sus singles más endebles: ‘Call Me Lightening’, un intento de descifrar el mercado estadounidense, muy subestimado intelectualmente; y la menor pero novedosa ‘Dogs’. Con el fracaso relativo de estos dos temas, la banda entendió que era hora de un cambio en el sonido, y el resultado de eso fue la célebre ‘Magic Bus’, un canto brillante y percusivo, con un filo de hard rock endurecido. El sonido de esta canción fue un precursor de lo que escucharíamos en “Tommy”, un álbum de transición que cierra la brecha entre el pop-rock temprano y alegre, y el estilo maduro de rock clásico que seguiría, que alcanzaría cotas de grandeza –reitero– tan solo un par de temporadas mas tarde.

Siguiendo el ejemplo ‘A Quick One, While He's Away’ –un tema de nueve minutos–, “Tommy” lleva las cosas un paso más allá, al querer contar una sola historia en todo el álbum. Una trama barroca y surreal, que sirve para generar comentarios sobre casi todo, desde padres que no hacen bien su labor y vendedores ambulantes que estafan, con curas milagrosas hasta temas más importantes como la comercialización y el efecto de control que pretende ejercer la religión organizada. Aunque la narración es algo vaga por momentos, la historia de “Tommy” se ha vuelto tan conocida a lo largo de los años, que hoy ha resultado ser mucho más fácil descifrar, sobre todo para los nuevos fans de The Who. El problema real es que, con solo 24 tracks para contar la historia del protagonista (muchas de ellos apenas solo fragmentos de un minuto), las composiciones de Pete Townshend a menudo se atascaron en la búsqueda para que la historia se cuente, en lugar de asegurarse que las canciones individuales funcionasen con precisión.

La transición y el progreso

El rock progresivo es un estilo de música muy frontal, no obstante de muy elaborada factura técnica, que plantea asombrar en varios niveles: inundar los sentidos y también las mentes, con una compleja amalgama de estilos y de temáticas. En ese sentido, The Beatles a partir de “Sgt. Pepper” (1967), fueron el modelo para un nuevo pop rock que no paraba de mutar ni tampoco de mirar al futuro, probando con cosas que no habían sido hechas con antelación. En aquellos años, la última mitad de la década de los sesenta, se daba por hecho que el rock-pop no solamente produciría un caudal ininterrumpido de estilos nuevos, algunos de ellos de plano atrevidos. Es más, en ciertos círculos opinaban que todo lo que sonara a lo comercial del pop chicloso era regresivo.

Conceptualmente, el más influyente de los álbumes publicados a la sombra del “Sgt. Pepper” fue “Tommy” de The Who. Parecía imposible ya separar la vanguardia del presente. De los músicos más brillantes se apoderaba una doble obsesión: no sonar viejos y forzar los límites de sus talentos. Desde lo que había sido la publicación de su segundo álbum, “A Quick One” en 1966, y con el respaldo del manager/productor Kit Lambert, Pete Townshend había estado jugueteando con esta idea de grabar un disco de rock pero con la modalidad de la ópera. Se trataba de grabar en este formato pero en consonancia con lo que eran los trabajos anteriores de la banda. Ello bastaba para dar por entendido que “Tommy” debía contener canciones power pop que oficiarían de singles promocionales, y habrían otros pasajes que podrían ser considerados cómicos (a menudo bisagras que le daban continuidad al relato), en donde también habría espacio para John Entwistle y Keith Moon, así el bajista y baterista de la banda se explayarían a gusto. Pero sucedió que entre más temas y más estilos, la duración de “Tommy” se amplió hasta el formato de álbum doble, para así dar cabida al concepto unificador y fundamental que era relatar la historia de un niño ciego, sordo y mudo que encuentra la salvación en el lugar mas improbable: entre máquinas y flippers. Ahí es donde este chico se convierte en un mago a quien le fueron conferidos poderes sobrenaturales. Algo a medio camino entre la elevación espiritual y la ciencia ficción más delirante.

Como disco de rock-pop, algunos podrían alegar que “Tommy” es irregular. Como ópera, formalmente no está del todo bien ejecutada en los niveles en los que este tipo de obra está supuesta a ser como trabajo, o sea ritmo narrativo, argumento y construcción de personajes. Pero el mundo de 1969 era de otra especie, estaba ávido de avances, y le dispensó a The Who, y en particular a este disco, una acogida extraordinariamente buena. Digamos que las expectativas al cuarteto británico eran muy altas y nadie quería defraudarse.

“Tommy” fue uno de los primeros álbumes conceptuales del rock junto a "Days of Future Passed" (1967) de The Moody Blues, y con estos dos como referencias, aparte de “Sgt. Pepper” por supuesto, no pasó mucho para que los nuevos grupos empezaran a centrarse exclusivamente en la idea de disco de larga duración y no en singles, o sea, el LP en detrimento de canciones sueltas de tres minutos sin un soporte conceptual.



La previa de 1968

1968 resultó ser uno de los años más extraños para The Who. El grupo estaba indeciso con respecto a la dirección artística que debía tomar. Aún más, su manager Kit Lambert les dio a entender que podrían trabajar en un concepto para coincidir con Wimbledon, el torneo de tenis, y el disco entonces se bautizaría como “Who’s for Tennis”. La banda, armados de sus mejores intenciones, lo consideró. De hecho, en mayo de 1968, el cuarteto arrendó un estudio para poder trabajar sobre ese plan, que quedó como varios otros proyectos de The Who en esos años en borradores inéditos conocidos décadas mas tarde.

Dentro de estos aires de cambio, había algo que estaba empapando las letras de Pete Townshend. Los cuestionamientos espirituales, la naturaleza cercana a lo místico, la reencarnación o la fe en algo superior se estaban evidenciando vía canciones. Todo aquello tenía una razón de ser. Un amigo de los tiempos de la Escuela de Artes le entregó al guitarrista un libro de Meher Baba, un gurú filósofo religioso que llevó al guitarrista a plantearse otras cosas, sobre todo en tanto a parar de sufrir y redimirse de las faltas y culpas que lo pudieran haber traumado hasta entonces. Townshend, que había estado buscando paz mental en groupies, pastillas, LSD y arte autodestructivo, de pronto encontró que las enseñanzas de Baba le hacían especial sentido.

Estas enseñanzas del gurú indio fueron muy comentadas en Inglaterra, no obstante, el hombre había hecho un voto de silencio. Considerado prácticamente un dios en la tierra, su influencia en Pete va a notarse hasta 1973. Pero en 1968, esa búsqueda espiritual va a plasmarse, por primera vez, en una producción musical de largo aliento como “Tommy”. La respuesta que finalmente estaba esperando, según Meher Baba, era el amor, que también puede tener que ver con la resolución de los eventos y la incansable búsqueda de este vital componente por parte del personaje central del disco.

Para 1968, con unos conciertos grabados en el Filmore East de Nueva York –que supuestamente se iban a publicar como un disco en vivo–, The Who demostraba que, al menos sobre los escenarios, estaba alcanzando un nivel que rozaba la excelencia. Para finales de esa temporada, el grupo había llegado a poner en jaque a los mismísimos Rolling Stones, cuando participaron en el Rock And Roll Circus –especial televisivo organizado por los propios Stones, en el que invitaron a gente como Taj Majal, Jethro Tull y John Lennon, entre otros–, y se robaran el show. Hay que consignar que los Rolling Stones no tocaban mucho en ese tiempo, todo lo contrario a The Who, que no paraban de hacer shows, y  aprovecharon de mostrar ahí en la carpa una versión impecable de ‘A Quick One, While He’s Away’, su mini ópera comprimida en diez minutos de extensión. Volaron el techo de la carpa de los Stones, al punto que se rumoreó por mucho tiempo que Mick Jagger y Keith Richards no publicaron el disco porque no querían sentirse superados por The Who.

Eso era lo que los hacía diferentes. Lo que Roger Daltrey, John Entwistle, Keith Moon y Pete Townshend podían hacer en vivo en aquel 1968 –en la previa del año de “Tommy”– era bombástico. La fuerza de su directo era imparable. Muchos decían que eran los más ruidosos, cosa que efectivamente era así, pero también los más potentes. Finalmente, para el inicio de 1969, solamente hacia falta pensar en un concepto para un disco que hiciese toda la diferencia, pero esta vez en un estudio de grabación. Ya habían probado con “The Who Sell Out”, en tanto a disco conceptual, ahora había que intentar algo nuevo y que pudiera equiparar también esa energía que la banda transmitía en sus shows.

Un antecedente previo a “Tommy” es que la banda estaba corta de fondos, debido al gran porcentaje que los mánagers se llevaban por ese entonces (casi el 40% por cada show en vivo). Otro es cuando Keith Moon y John Entwistle fueron abordados por Jimmy Page a mediados de ese 1968 para ofrecerle tocar en The New Yardbirds, su entonces nueva banda (que completaba Jeff Beck), cosa que Moon rechazó diciendo que un proyecto como ese, «caería como un globo de acero» (o sea, Led Zeppelin). Estaba relativamente claro, entonces, que si el proyecto de 1969 de The Who no funcionaba, el grupo podría haber desaparecido. Ahora, a la luz que contamos con la épica de “Tommy”, sabemos que la historia se escribió de manera muy diferente.

“Tommy” adaptado

Por la variedad y magnitud de la propuesta, se podría suponer que cuando apareció “Tommy”, los aficionados a la música situaron al disco y a la banda unos peldaños por encima de lo que era el último single en boga, en el año de Woodstock. Era como concretar una visión operística en un disco rock, más encima doble. Y era también entender la ópera como lo que es, una fusión de todas las artes escénicas convidadas de tal forma que, el resultante excede a la suma de sus partes, y probablemente con eso estaba impulsando el progreso (de ahí lo ‘progresivo’) del pop, con una sonrisa teatral y generando la idea de una forma de arte nueva y superior.

Hoy, con la distancia de los años y leyendo en retrospectiva la historia completa, sabemos que el disco siguiente de The Who resultó superior a “Tommy”. “Who’s Next”, que también estaba planteado como una ópera rock, no se concretó como tal porque a Pete Townshend no le quedaba combustible para generar, consecutivamente, tres discos en este ambicioso formato. Lo mismo pasó con “Quadrophenia” (1973), producción con la cual The Who sí fue efectivamente capaz de volver a esta modalidad, la que ellos mismos inventaron y luego re-definieron.

“Tommy”, luego se convirtió en película en 1975, con la adaptación del director Ken Russel El mismo Roger Daltrey tomaría el papel protagónico, y el casting incluyó, además del resto de la banda, a figuras como Tina Turner, Eric Clapton, Elton John, Jack Nicholson y Robert Powell, entre otros. Resultó bien, pese a lo delirante de la puesta en escena y la adaptación para la pantalla grande. Fue un éxito inesperado. No obstante, los fans de la obra original, los que habían escuchado el disco doble con mucha atención, se hallaban un tanto desconcertados porque la película era como una puesta en escena a la manera de los musicales de Broadway: la transcripción casi literal del disco conceptual, y con la idea de una coreografía, muy de vaudeville. Ahora, el argumento de “Tommy”, como historia, tiene todo que ver con lo descabellado que resultó el film.

Si uno no se atiene al plano de lo simbólico, no puede entender la historia de un chico que se torna autista luego de ser testigo de cómo su padre asesina a la pareja de su madre. Un padre que había regresado inesperadamente de la guerra, cuando todos estaban seguros que había muerto. Esto se mezcla con los juegos sádicos de su tío y su primo, quienes solo aportan para que la condición mental de Tommy empeore cada vez más. Está también el tema de la búsqueda de sanación, en donde tanto chamanes, sectas religiosas, médicos y ciertos medicamentos/drogas resultan inefectivas en Tommy. A cambio de esa invalidez mental, el chico desarrolla una habilidad extraordinaria para un juego que lo eleva a la categoría de campeón: el Pinball Wizard.

Finalmente, su madre en un ataque de nervios lo lanza contra el espejo, que sería justo el momento donde hay una regresión en Tommy y recupera sus sentidos, al mismo tiempo que se convierte en una especie de profeta del rocanrol. A partir de ahí, su estupenda familia, viendo que el chico vuelve locas a las masas, instala una iglesia, cuyo culto es administrado por los Walkers. Sin embargo, y como a menudo pasa en este tipo de devociones mesiánicas, de la adulación llega el despotismo y la vanidad del chico, quien pronto pasa de ser amado a repudiado. Las masas que adoraban a Tommy, se enojan por no lograr la ansiada y prometida elevación espiritual y mística. Frustrados, terminan destruyendo a su chamán y a su templo, que era el campamento espiritual de Tommy. Finalmente, el pobre chico se refugia en su interior quedando flotando entre sus propios sueños, y nos quedamos con la confusa idea de que la liberación que alcanza Tommy es la renuncia al mundo y la resignación.



Canciones fundamentales

Cuando “Tommy”, entre sus muschas composiciones, pide a gritos una canción con gancho, no solo la obtiene, sino es la que marca el momento exaqcto en que el álbum se da vuelta de cabeza. ‘Pinball Wizard’ es, sin duda, el tema más famoso del álbum y el que causó mucha indignación en su lanzamiento de quienes la consideraron de mal gusto. Después de una introducción en la guitarra legendaria de Townshend, la canción presenta otra voz narrativa al álbum, en la forma de la resignada aceptación del ex campeón de pinball, que le entrega su corona a Tommy. El elemento del juego mecánico, con sus paletas, hongos de coloridas luces y bolas plateadas, es en la historia lo que Townshend convierte en sublime brillantez al aprovechar al máximo el famoso remate: «Ese niño sordo, mudo y ciego por cierto juega increíblemente bien». ‘Pinball Wizard’ se beneficia enormemente por la performance más potente de la banda en todo el disco, dándose cuenta que habían obtenido ‘bola y juego extra’ con este clásico, e hicieron su mejor esfuerzo por llevarla adelante lo mejor posible.

‘Go to the Mirror’ encuentra una manera de fluir cómodamente con el coro aquel de «See me, feel me, touch me», y es la canción más importante, porque revela que Tommy es capaz de ver, oír y hablar. También pone en relieve la obsesión del chico con el espejo en el que vio a su padre cometer un asesinato, el mismo espejo que mira constantemente generando la frustración de sus padres. No es solo otra canción, ya que está llena de una trama importante, y encuentra la manera de filtrar todo en una brillante composición pop que culmina en la introducción del brillante coro «Listening to you…».

“Tommy” siempre será un álbum más importante que lo entretenido que pueda resultar, pero gracias a canciones brillantes como ‘Pinball Wizard’, ’I’m Free’, ‘Go to the Mirror’, y ‘We're Not Gonna Take It’ (con su memorable sección final), gana sus cinco estrellas por la fuerza de la invención y el arrojo que, como en el caso de Queen –que vendrían poco tiempo después con sus fijaciones de grandilocuencia operística–, suele favorecer a los valientes.

Alfredo Lewin

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