Brian Jones: Víctima de su entorno

Conmemoramos al fallecido guitarrista de los Rolling Stones

Brian Jones, músico británico señalado como integrante fundacional de una estirpe maldita, la de "solo los buenos mueren jóvenes" o la de "vive rápido y deja un bello cadáver", fue el motor en la fundación de esta institución del rock and roll llamada The Rolling Stones. Lo hizo en 1962 y pagó con su vida siete años más tarde, muriendo en extrañas circunstancias: ahogado en la piscina de su mansión isabelina conocida como Cotchford Farm un 3 de julio de 1969.

Tenía 27 años y con la suya se inicia una macabra seguidilla de muertes de otros tres gigantes que fallecerían en cosa de dos años, todos a los 27 años de edad. Era 1969, y hay que considerar que no habían pasado ni dos de la muerte de otro joven Brian, el manager de The Beatles, Brian Epstein, quien había perecido en una aparentemente idílica noche de verano por exceso de barbitúricos y alcohol o el cóctel letal que se produce entre estimulantes y una cierta depresión. Tal cual y como pasó con Epstein, la reacción pública inmediata tendió a concluir que lo de Brian Jones era un suicidio y para creer eso había suficiente evidencia circunstancial, parecía bastante lógico en realidad: Jones había sido recién despedido de la banda que ayudó a crear después de años de estrés e impotencia en aumento por no poder crecer como compositor dentro de un espacio asfixiante totalmente ocupado por Mick Jagger y Keith Richards. De seguro estaría seriamente deprimido. No obstante, la gente -incluyendo a sus padres- que lo vio entre mayo y junio de 1969 declaró que Brian no podía estar más lejos de un estado depresivo.

El funeral tuvo lugar el 10 de julio -destacaron las ausencias de sus partners Richards y Jagger- y el sermón del reverendo Hopkins se centró en los males de este mundo materialista y ateo que era capaz de mandar a un chico de 27 años a su tumba. De hecho, pidió en la misma ceremonia que se orara por Marianne Faithfull, otra chica símbolo de los sesenta en el Swinging London quien se encontraba luchando por su vida muy lejos de ahí. Cinco días antes y con el cadáver de Jones aún fresco, The Rolling Stones inauguraban su concierto de regreso en el Hyde Park frente a 250 mil personas con un homenaje al guitarrista, como si con aquello purgaran sus satánicas culpas. Mick leyó unos versos de Shelley que nadie pareció entender, excepto la línea inicial que rezaba "el, que no está muerto…." y luego sobre el escenario se echaron a volar miles de mariposas blancas. Linda despedida, ¿era todo lo que tenían que ofrecerle a Brian?

Y en estos 46 años que han transcurrido desde la muerte de Brian Jones, el trágico evento ha generado una de las leyendas urbanas más recurrentes del rock: la crónica de una muerte anunciada. En efecto, Jones era la perfecta víctima de su entorno, brillante, maldito, encantador y desesperanzado. El mismo patrón que luego se llevaría a su ataúd a tres promisorios músicos norteamericanos: Jimi Hendrix, Janis Joplin y Jim Morrison, el notable Club de los 27 aumentado por otros como Kurt Cobain y Amy Winehouse. Incluso para fanáticos de los Stones de la nueva generación, gente que ni había nacido en 1969 y poco enterados de su participación esencial en la primera etapa de la banda, el "fantasma del ahogado que vuelve para reprocharles a sus compañeros cómo lo abandonaron" siempre estará flotando sobre el aura de The Rolling Stones cada vez que se montan sobre un escenario. Un aura oscura.

El derrumbe de "La casa Stones"

1967, año de publicación del subvalorado “Their Satanic Majesties Request”, fue el de mayor intensidad en la persecución de la policía británica a los Rolling Stones. Su cultivo de una imagen rebelde y subversiva comenzaba a reportarles algo más que un papel en el mercado. Las redadas por drogas se sucedían. Jones, Jagger y Richards comparecieron en más de una ocasión ante los tribunales durante ese año. La redada sucedida en casa de Richards fue especialmente magnificada, igual que otra más en casa de Brian Jones. La polémica generada llegó a límites insospechados, provocando la famosa editorial del periódico Times, titulado con el equivalente a “Matar moscas a cañonazos”, que sugería la condición de Jagger, Richards y Jones de chivos expiatorios, y que probablemente consiguió atenuar las penas finales. El hecho es que estas persecuciones policiales a Brian lo dejaron seriamente marcado y el temor a ser encarcelado y/o vigilado llegó a crecer de manera irracional en el.

Ya en diciembre de 1968, Brian hizo su última aparición con los Rolling Stones en el ahora mítico especial de televisión llamado "Rock and Roll Circus". A pesar de que parecía contento, a veces, en algunos momentos de la actuación, lucía distante. De hecho, estaba un poco fuera de sí y según muchos tocando tan mediocremente, que su guitarra fue mezclada tan baja como se pudo, eso en la mayoría de las canciones de aquel registro, uno que los Stones archivaron por décadas sin publicarlo. Roger Daltrey y Pete Townshend de The Who (quienes se robaron el show en aquella extravagancia circense junto con Jethro Tull y Taj Mahal) dirían más tarde que ya entonces pensaban que sería el último concierto de Brian Jones... y así fue.

En gruesas líneas, Jones, el purista del blues dentro de la banda, estaba disconforme con la dirección que los Rolling Stones (o sea Mick Jagger y Keith Richards) estaban sugiriendo. Apenas había tocado un par de notas en el inminente disco "Let It Bleed" y de acuerdo con su novia sueca de aquel entonces, Anna Wohlin, en varias ocasiones Brian le dijo, justo en el momento en que lo pasaban a buscar para llevarlo al estudio de grabación, "diles que no voy a ir hoy, no quiero".

Esto llegó a un punto crítico en 1969: Brian había considerado iniciar su propia banda y por cierto que estaba en contacto con colaboradores cercanos a los Stones, a quienes consideraba sus amigos, Jimmy Miller e Ian Stewart y más aún con Mitch Mitchell, quien tocara con The Jimi Hendrix Experience. Hay informes que dicen que escribió y grabó un tema durante este tiempo, aunque, si existe, nunca se dio a conocer, ni siquiera extraoficialmente.

El asunto era que, para ese año, Brian Jones se había convertido en un tema sensible para los Rolling Stones; parte de su gira estadounidense estaba en jaque debido a que los temas pendientes de Brian, por asuntos legales producto de dos detenciones por posesión de drogas, resultaran en la no obtención de una visa de trabajo. Jagger y Richards, prácticamente arrastrando a Charlie Watts, fueron a Cotchford Farm para despedirlo y, aunque traumático como pudiera ser el momento, algo ahí era inevitable. Y Brian pareció tomárselo bastante bien, incluso hubo un acuerdo de las partes en comunicar al público que la separación se debía a diferencias musicales.

Es más, Alexis Korner -uno de los considerados padres del blues británico- en visitas que le hizo a Brian Jones en esta mansión en la que se recluyó, declaró haberlo visto muy entusiasmado por iniciar otra carrera fuera de la órbita Stone, una que lo ligara más al mundo del blues. Después de todo era la tendencia del momento: Eric Clapton desbandaba Cream para armar Blind Faith, Graham Nash hacía lo propio de The Hollies para unirse a Buffalo Springfield y Jimi Hendrix también reformaba a su banda de la Experience a los Gypsies. Con su reputación de multiinstrumentista fundamental en la carrera de los Rolling Stones y las conexiones que tenía con gente como John Lennon, Pete Townshend o el mismo Hendrix, todo llevaba a pensar que Jones no estaría mucho tiempo sin trabajo estable.



Píntalo de negro

Al igual que muchas cosas en este periodo, el estado físico y mental de Brian Jones era algo incierto. Sus últimas fotos conocidas, tomadas por Helen Spittal el 23 de junio de 1969, lo muestran algo hinchado y cansado. Mientras que otros informes dicen que su sensación de alivio después de su despido de la banda era enorme. De hecho, Korner dijo que parecía "más feliz de lo nunca lo había visto" después de que visitara a Brian y a su novia Anna, a finales de junio.

Jones se encontraba absolutamente obsesionado por el sonido de Creedence Clearwater Revival, La canción ‘Proud Mary’ era su emblema, y estaba decidido a ir por aquella vertiente de sonido. No obstante su entusiasmo, a la hora de poner algo en marcha era vago, al menos lo fue durante los primeros meses de aquel 1969. Se comentaba que el ahora exiliado guitarra de los Stones estaba levantando cabeza, limpiándose de sus adicciones y tramando no uno sino tres proyectos. Sin embargo, los sedantes, químicos igualmente, y el alcohol estaban haciendo estragos en el. Lo terrible de esto es que sus ex compañeros Keith y Mick al parecer tenían claro que su colapso definitivo era cosa de tiempo.

Jones, entre otros miedos y ansiedades, estaba seriamente preocupado de cómo lo haría para mantener su malograda situación económica; su estatus de súper estrella estaba en riesgo en la medida que pasaban los meses de aquel 1969. Los Rolling Stones habían quedado de indemnizarlo con una suma superior a 100 mil libras, cosa que aún no sucedía y sobre esto estaba seriamente paranoico con algo como la figura de un complot, orquestado por Mick Jagger y Keith Richards nada menos.

Lo que sí estaba completamente orquestado era su sustitución en los Stones, un joven virtuoso llamado Mick Taylor proveniente de la escuela de los Bluesbreakers de John Mayall, quien se reunió con la banda. Los conoció solo entonces, de hecho, en mayo del 69 para las sesiones del “Let It Bleed” y quedó contratado como miembro temporal de la agrupación. Y su fecha de debut en vivo, fijada incluso, para el 5 de julio en el marco de lo que sería un concierto gratuito en el Hyde Park. Esta presentación en sociedad de Taylor no estaba supuesta a ser la despedida definitiva de Brian Jones, pero lo fue.

La inauguración de una nueva era post-Brian Jones con este show previamente agendado tuvo lugar incluso considerando que el mismo fundador de la banda había muerto dos días antes, ese fatídico 3 de julio.

¿Quién mató a Brian?

La misma Anna Wohlin hablaba de un Brian Jones justo antes de morir, rejuvenecido y enamorado: "vivía con Brian y doy fe de que estaba muy contento con su vida en el campo. Me dijo que era la primera vez en toda su vida que sentía que tenía una casa". Jones le había contado de sus planes para llevar de visita a sus dos hijos de relaciones anteriores y de casarse con ella para establecerse definitivamente. "Estaba preparado para tener una familia, quería tenerla, una grande y con un montón de perros. Incluso hablaba de criar caballos".

Wohlin reveló que, después de sus dos arrestos, Brian se había calmado y estaba limpio. "Había dejado las drogas porque estaba tan asustado cuando fue arrestado por segunda vez, que de verdad lo odiaba. Odiaba a la policía también". Según ella, en total defensa del ahora ex Rolling Stones, la gente tenía una impresión equivocada de Brian debido en parte a un desagradable incidente en que la golpeó cuando descubrió que estaba tomando anticonceptivos. De acuerdo con el manager de giras de los Rolling Stones, Tom Keylock, no era la primera vez que sucedía algo así, en una entrevista declaró que Jones "tenía esa fijación de golpear a las mujeres". Tom había ayudado a Brian a escapar de Marruecos la noche en que golpeó a Anita Pallenberg y ella lo dejó por Keith Richards, nada menos.

A propósito, Tom Keylock cuenta una historia muy diferente cuando se le pregunta sobre la vida de Brian en esos días: "estaba rodeado de un montón de gente que se estaba aprovechando de el, para mí no era otra cosa que un niño rico que estaba muy solo". Lo de Tom es muy creíble porque, a pesar de que Brian Jones ya no era un miembro de The Rolling Stones, todavía recibía un sueldo y era el quien tenía instrucciones de mantener un ojo sobre el ex guitarrista de la banda… y en sus gastos desproporcionados.

Brian Jones fue un extraño personaje: dualidad pura entre ángel y demonio, joven y viejo, indefenso pasivo agresivo. Sin duda fue el más completo músico que los Rolling Stones tuvieron en los sesenta. La inquietud de la experimentación viene directamente de el, arreglos y orquestaciones que madurarían en “Beggar's Banquet”. Suyo fue el liderazgo de la banda, responsable de su nombre entre otras cosas, hasta que para 1968 le cedió este control a Mick Jagger y Keith Richards, justamente a quienes percibiría dentro de su paranoia como dos ex amigos que complotaban para desbancarlo. Perdería el control y luego la vida. El precio de una majestad de índole satánica.

La leyenda más manoseada es que Brian no murió accidentalmente, como lo decretó el forense el 7 de julio de 1969, sino que fue asesinado por gente relacionada al mundo de los Stones, y que ciertos hechos no fueron divulgados en su momento para proteger a la banda. Treinta años después de la muerte de Jones, algunas confesiones o secretos revelados por protagonistas de esta historia, tres personas en rigor que eran las que lo acompañaban en el momento de su muerte, volvieron a convertir este caso en un verdadero misterio policial. Brian Jones se había convertido en la versión rockera de John F. Kennedy. Y lo es hasta hoy.

Alfredo Lewin




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