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"Dummy" de Portishead: Amor al vinilo

Nostalgia y modernidad en un disco vital de los noventa

Desde su vereda, la de ese latido de la urbe llamado trip hop, Portishead logró penetrar en el canon del rock. Sin ir más lejos, en nuestro Libro Blanco del Rock aparece una ficha de los de Bristol que se refiere a sus “texturas anochecidas, elegancia vanguardista y economía de medios” para luego rematar con esta elogiosa frase: “Hacen que lo simple se vuelva complejo y lo aparente, profundo”.

Sobre el trabajo de Beth Gibbons, Geoff Barrow y Adrian Utley siempre se han escrito maravillas. El respeto de la crítica estuvo de su lado desde el primer momento. En junio del 94 debutaron lanzando ‘Numb’ junto a cuatro brillantes remezclas, tan contundentes que el CD con el single parecía un verdadero EP. Era casi como si fuesen canciones distintas, cada una con su propia identidad.

La transversal aceptación de “Dummy”, su primer disco, fue una sorpresa. Lo cierto es que ni siquiera eran un grupo oficialmente establecido a la hora de grabarlo, sino un proyecto de estudio que nunca tuvo intenciones de salir de gira o cumplir labores promocionales. La calurosa recepción no estaba en sus planes: eventualmente incluso se convirtió en un punto de conflicto para todos los involucrados.

El productor Geoff Barrow comenzó a sufrir problemas de ansiedad. La cantante Beth Gibbons odiaba que sus canciones con letras a corazón abierto fuesen descritas con palabras tipo “sensuales” o “sofisticadas”. Al guitarrista Adrian Utley le costaba asimilar que una obra diseñada con un afán tan disruptivo pudiese convertirse en música de fondo para gente con ganas de sentirse modernilla por un rato.

Lo cierto es que ponerle banda sonora a eventos sociales, o escenas de sexo en películas (el motivo #1 por el que les solicitan hasta hoy los derechos de ‘Glory Box’), no estaba en los planes de Portishead al momento de grabar. El sonido de “Dummy” se debe a su compartido aprecio por la nobleza de los vinilos desgastados y las particularidades del equipamiento de audio vintage en malas condiciones.

Cuando Geoff Barrow confeccionó los beats del disco, lo hizo pensando en que fuese reproducido al mayor volumen posible. De ahí su grosor, inspirado por las fiestas jamaiquinas al ritmo de los sound systems con sus murallas de parlantes, la fuente de la que también bebió Kool Herc al inaugurar el hip hop, que no solamente era la predilección del entonces veinteañero Barrow, sino también su directriz.

La cultura del rap tuvo una influencia directa en la realización de “Dummy”. Sobre todo uno de sus conceptos centrales, el digging, es decir, la costumbre de escarbar entre muchos discos buscando los fragmentos perfectos para samplear. El disco encapsula incontables horas escuchando música. Se nota en los extractos que usa (Isaac Hayes, Weather Report, etc) y en la forma en que fueron tratados.

Portishead no solamente se nutría de hallazgos. Su proceso era mucho más complejo: una vez encontrada la rodaja más sabrosa, no era copypasteada, sino que una banda en vivo liderada por Adrian Utley la volvía a grabar para asegurarse de tener absoluto control sobre la muestra, o sea, poder manipular sus detalles acorde a sus propias necesidades y, además, tener una versión única de cada sample.

El ingeniero Dave McDonald, una suerte de cuarto miembro, al punto de aparecer en fotos promocionales de la época, cuenta que acumulaban cerca de treinta fragmentos y luego partían a prensarlos en vinilo. Una vez que recibían esos vinilos, procedían a hacerles todo el daño posible usándolos como esquíes sobre el piso del estudio para avejentarlos rápidamente y hacerlos sonar como discos antiguos.

El anhelo de una impronta clásica, añejada, está presente en todas las decisiones detrás del álbum. La mayoría del equipo que se usó en “Dummy” estaba averiado o sencillamente roto. La experiencia de McDonald en el dub, un estilo jamaiquino que se destaca por el uso de exacerbados bajos, fue vital en la tarea de darle peso a cada uno de los beats cuidadosamente facturados en el estudio.

Entre la elección de un sample del compositor argentino Lalo Schifrin (en ‘Sour Times’) y el tratamiento de la guitarra de Utley, reminiscente del sello Morricone, Portishead se presentó al mundo como un grupo con un perfil cinematográfico. “Dummy”, su oda al vinilo, parece la música de una película ambientada en un universo donde no existe distinción entre la nostalgia y la modernidad.

Andrés Panes






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