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Las siete vidas de Dave Mustaine

Historias de un luchador

Las siete vidas de Dave Mustaine

El rollo del sexo, drogas y rocanrol se queda corto para resumir la vida de Dave Mustaine. Una niñez difícil, una familia disfuncional, locuras religiosas, toneladas de alcohol y sustancias ilícitas, cuestionamientos profesionales, incontables pasadas por clínicas de rehabilitación y experiencias cercanas a la muerte lo convirtieron en un luchador de tomo y lomo.

El 6 de octubre de 2019 estaba destinado a ser un día clave para el metal en Chile, ya que tres de los “cuatro grandes del thrash” se reunirían con los nacionales Pentagram y llenarían la ciudad capital de puro metal. De hecho, la noticia de que Slayer, Anthrax y Megadeth revivirían parte de lo que fue la histórica gira del Clash of Titans 1990-1991 trascendió las fronteras y fue el foco de atención de portales internacionales dedicados al metal como Blabbermouth o Metalinjection, pero los planes cambiaron abruptamente. El 17 de junio, el mismo Mustaine comunicó que tenía cáncer a la garganta, lo que acabó con la posibilidad de la soñada reunión.

Ciertamente, no es la primera vez que el colorado enfrenta situaciones adversas. Un simple vistazo al material audiovisual disponible o su autobiografía sirven para entender que este difícil momento es solo otro bache en un camino que siempre ha sido pedregoso. A continuación, siete momentos en que la vida golpeó con fuerza a Dave Mustaine y éste sobrevivió para contarlo.

1. El temor y las mentes fugitivas
La infancia de Mustaine fue bastante tortuosa. Rodeado por sus hermanas Michelle, Suzanne y Debbie, fue el hijo menor y único varón de la camada. El matrimonio de John y Emily Mustaine se hizo trizas definitivamente cuando era pequeño, y desde ese momento, él, sus hermanas y su madre vivieron de manera itinerante para huir de un padre alcohólico y golpeador que no los dejaba en paz. El bullying que sufrió en las escuelas donde constantemente era “el chico nuevo” y la severa crianza de los Testigo de Jehová formaron el caldo de cultivo para que empezara a desarrollar su compleja personalidad. Solitario y rebelde, el joven Dave encontró cobijo en el deporte, la música, y luego, en actividades recreativas no del todo lícitas.

2. ¿El veneno fue la cura?
Probó las drogas a los 13 años y a los 15 ya se estaba costeando los vicios con la microventa de marihuana, además de alimentar su colección de metal británico gracias a la trabajadora de una tienda de música que le pagaba la hierba con sexo y discos. Empezó escuchando Cat Stevens y Elton John con su hermana Debbie cuando aún vivía con su familia, pero descubrir a Kiss y Judas Priest le voló la cabeza, dirección opuesta a la severa crianza religiosa de su hogar.

Tras formar Panic, su primera banda, se entregó al rocanrol hasta que la muerte le quitó a un sonidista y a otro de los miembros del grupo en un accidente automovilístico. Poco después perdió a su padre, quien sufrió una hemorragia cerebral en un bar, justo cuando estaban intentando reestablecer un vínculo. Tras enterarse de que su progenitor estaba en el hospital, llegó al recinto después de haberse bebido una petaca de whisky en el camino. Su hermana Suzanne sintió el olor a alcohol que emanaba y le dijo con desprecio: «Vas terminar igual que él». Tenía 17 años.

3. El conjuro
La música y las drogas no fueron la única forma en que Mustaine intentó renegar de su religioso entorno. Por increíble que parezca ahora, coqueteó con el ocultismo cuando era joven y, de cierta manera, él siente que eso lo ha atormentado toda su vida. Admitió haber leído la biblia satánica, pero nunca se llegó a identificar al 100% con el culto, al menos no tanto como para asumirse satanista pese a haber practicado maleficios.

Su relación con las artes ocultas lo perturbó a tal punto que decidió sacar ‘The conjuring’ de los setlists durante 17 años porque su letra lo afectaba emocionalmente, ya que estas relatarían las instrucciones para elaborar una maldición. Aun así, logró reconciliarse con todo el tema según las declaraciones que en su momento recogió el portal Loudwire: «Le puse algunos frenos a ciertas cosas que haría y no haría. Mi percepción y mi viaje personal evolucionaron, ahora tengo una actitud positiva y trato de influenciar de buena manera a otras personas. Mientras no hiera a nadie, volveré a tocar la canción porque es muy buena».

4. Enemigo público Nº1
El polémico despido de Metallica es un episodio archiconocido en el mundo del rock, pero es por lejos uno de los eventos que marcó a fuego la vida de Mustaine. La secuencia de eventos ha sido documentada hasta la saciedad. Llegaron a Nueva York para grabar el primer disco y después de una borrachera de proporciones, lo despertaron para decirle que estaba fuera de la banda y que su bus salía en una hora para emprender un largo regreso a California. Esa fue la génesis de su máxima creación: Megadeth. En el trayecto, ideó el nombre gracias a un panfleto del senador californiano Alan Cranston que rezaba sobre el uso de armas nucleares, uno de los tópicos más recurrentes de la banda.

Reducir las heridas psíquicas de Mustaine tras este episodio a una mera sed de venganza sería demasiado simplista. Por primera vez en su vida, sentía que tenía algo bueno con Metallica tras las experiencias tormentosas que había tenido que pasar. Los éxitos con Megadeth son incuestionables, generó una base férrea de fanáticos y, un elemento no menor dentro del metal, tenía credibilidad, pero eso nunca fue suficiente y lo habla abiertamente en sus memorias: «Vender veinte millones de discos no es un logro menor, pero es aproximadamente la mitad de lo que vendió Metallica, y yo supuestamente iba a ser parte de eso. Uno tiene que haber estado ahí para entenderlo, para sentir que está cambiando el mundo. Y que después todo eso le sea quitado y uno tenga que ver y escuchar recordatorios por el resto de su vida de lo que podría haber sido cada día. Uno sabe que lo que sea que logre no va a ser lo suficientemente bueno».

5. Tren de consecuencias
Ni su matrimonio con Pamela Anne Casselberry en 1991 salvo a Mustaine de varias caídas ante las presiones por el éxito de “Rust in Peace” (1990) y “Countdown to Extinction” (1992), especialmente porque los números del “Black Album” (1991) de Metallica los superaban con creces. En febrero de 1993, Megadeth estaba contratado para tocar en el Budokan de Tokio, pero una intoxicación con valium causada por la frustración de un concierto que salió muy mal en Oregon –tras la caída de una barricada días antes del viaje acabó de cuajo con los planes–, tal como lo recordó en el programa Behind the Music: «Estaba cubierto de sudor y orina. Para cuando me llevaron a la sala de urgencias ya estaba casi muerto». Lo resucitaron en el hospital y lo mandaron a rehabilitación. Si no le ponían freno a la situación, Mustaine pronto habría tenido el mismo destino fatal de tantos otros. Su compañero Dave Ellefson refuerza la idea en el mismo documental: «No podíamos seguir así, teníamos que detenernos o iba a ser otra historia donde la estrella de rock acaba muerta en un hotel».

6. La hora más oscura
Tras un período de sobriedad entre finales de los 90 y principios de los 2000, Dave volvió a caer en el flagelo de sus adicciones debido a la ingesta de opiáceos tras ser hospitalizado por cálculo renal. Se sentía miserable de nuevo y decidió limpiarse, por lo que acabó en un centro de rehabilitación llamado La Hacienda, lugar donde la vida le jugó una de las peores pasadas. «Me quedé dormido en mi silla y me desperté con el nervio radial comprimido, era una lesión tan insólita y jodida que casi desafiaba la credibilidad», contó en su autobiografía. El pronóstico del médico fue devastador: nunca volvería a tocar guitarra. Machacado por la noticia, dejó que las drogas mostraran lo peor de él. Se descontroló tanto que soltó años de frustración sobre el pilar más importante, su esposa: «Odio mi vida, odio mi trabajo, odio mi banda, odio a mis hijos, te odio a ti. Quisiera poder ahorcarme ahora mismo».

Tras el arrebato, Pam puso una orden de restricción y solicitó el divorcio. Mustaine escogió luchar, una vez más, y decidió enfocarse en recuperar la movilidad de su brazo, al mismo tiempo que intentaba sanarse física, espiritual y emocionalmente. Abrazó el cristianismo en La Hacienda, observando una cruz en una pequeña construcción que servía como capilla y entregándose por fin a creer en el poder superior que le diera la tranquilidad que buscaba, lo que pronto lo llevó a recuperar a su familia. «Pasar de alguien que fue criado en una sofocante atmósfera de religiosidad perversa a odiar a Dios, y después completar el círculo y creer en él nuevamente ha sido gratificante y satisfactorio», concluye en su libro publicado en 2010.

7. Conquistar o morir
Si bien no ha recaído en sus adicciones después de la conversión al cristianismo, la presente década también ha traído momentos oscuros para el pelirrojo. Enfrentó el alzhéimer de su suegra durante el período de “Supercollider” (2013), por lo que no guarda los mejores recuerdos de esa época ni de ese disco en particular, como cuenta en el podcast Metal Talks: «siempre comparto los acontecimientos de mi vida a través de mi música, así que, cuando digo que no me gusta “Supercollider”, es porque lo relaciono a un período oscuro que se desencadenó por la enfermedad de mi suegra. Ver a mi esposa llorar porque su madre no la recuerda o que mis hijos sintieran pena porque su abuela se derretía como una escultura de hielo fue devastador. Ya para el período de “Dystopia” (2016), todo fue mejorando».

Con la banda en su mejor momento en años, el incansable Mustaine debe sobreponerse una vez más ante la tempestad. «Me diagnosticaron cáncer a la garganta. Claramente, es algo que merece mi respeto y debo enfrentarlo como lo he hecho antes con otros obstáculos». Tras el comunicado, la comunidad del metal se unió para darle un merecido espaldarazo, todos lo destacaron como un luchador. Miembros de Anthrax, Misfits y Arch Enemy, entre muchos otros, le enviaron mensajes de aliento a través de las redes, pero fue Dave Ellefson, su compañero de ruta por más de 30 años, quien salió a respaldarlo con todo desde la interna. «Nos sentimos bastante optimistas con el tratamiento, hemos enfrentado de todo, y esta situación es solo una prueba más», relató el bajista en el programa de radio The Classic Metal Show.

Hoy más que nunca, Dave Mustaine está librando otra de sus batallas decisivas, pero, a diferencia de las anteriores, lo está haciendo con la misma intensidad que recorre su guitarra para musicalizar sus posturas políticas o teorías conspirativas. Está trabajando para evitar una cuenta regresiva a la extinción.

Pablo Cerda

Contenido publicado originalmente en nuestra revista Rockaxis.




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