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Corrosion of Conformity: Yo soy el albatros

25 años del fundamental "Deliverance"

Corrosion of Conformity: Yo soy el albatros

Si comparamos la revolución musical de los 90 con un terremoto, 1994 sería un año clave para el desplazamiento de las placas tectónicas del rock y su consiguiente renovación de superficie. La convergencia de estilos aseguró un panorama vistoso y, en el lado más pesado de las cosas, todo confabuló para generar un momento único en la historia. Fue el año en que Pantera llegó a lo más alto con “Far Beyond Driven”, Korn inició la avanzada del nü metal con su debut, el metal industrial posicionaría su experimentación sonora con el “Downward Spiral” de Nine Inch Nails y el “Portrait of an American Family” de Marilyn Manson, y ni hablar de lo que pasaba en Noruega con la escena black metalera. En fin, hablamos de doce meses que dan para un análisis por sí solo.

En medio de todo ese tumulto, Corrosion Of Conformity lanzaba “Deliverance”, un disco definitorio que les permitiría emprender el vuelo para crear su propia marca y, por fin, asentar una formación clásica después de varios enroques. Si “Blind” (1991) había conseguido dejar atrás el acelerado crossover que desarrollaron en el underground ochentero para sumergirlos en las aguas negras del heavy metal, “Deliverance” (1994) marcaría el salto a las grandes ligas abrazando las raíces sureñas del hard rock setentero. Pero, el camino para levantar este monolito no fue fácil. Tras la creación de la inmortal 'Albatross', decidieron dar rienda suelta a la influencia de Lynyrd Skynyrd con la impronta de Black Sabbath en una canción simplemente perfecta. Es un hit redondo por donde se le mire, ostenta un riff simple, efectivo y ganchero, además de una línea melódica adornada por un Pepper Keenan que entra en confianza con el auditor y pareciera hablarle de frente con un cigarro en una mano y una cerveza en la otra. Ese fue el aceite que engrasó el motor de COC, una máquina destinada a trascender fuera de sus fronteras a fin de ganar la inmortalidad con un registro que venció todas las dificultades.

El punto de partida

El famoso periodista de rock Malcom Dome recogió la historia de “Deliverance” en un completo artículo publicado por Metal Hammer el 2016 y entrega los pormenores tras la creación del larga duración. El profesional cuenta que el mítico combo llegó a los Southern Tracks Studios de Atlanta por recomendación del mismísimo Billy Corgan para ponerse bajo la tutela de John Custer, quien ya había estado tras las perillas de “Blind”. Recordemos que en ese entonces, Corrosion of Conformity era un quinteto constituido por los eternos Woody Weatherman y Reed Mullin en guitarra principal y batería respectivamente, además del vocalista Karl Agell, Pepper Keenan en la segunda guitarra y Phil Swisher tomando el lugar del legendario bajista Mike Dean. Al poco andar de las sesiones, surgieron las primeras diferencias entre Agell, Swisher y el resto de los integrantes lo que determinó la salida de ambos. Pepper lo relata así en la connotada revista: “Cuando Karl llegó al estudio, era obvio que no cumplía con el estándar que necesitábamos. Cantaba de la manera equivocada y las letras no eran las correctas. Nosotros lo sabíamos y John Custer también. Así que buscamos la forma de que abandonara la banda y luego Phil Swisher también nos dejó, lo que nos vino bien”.

Las cosas empezaron a mejorar cuando Mike Dean volvió tras escuchar una cinta llamada “La canción Thin Lizzy”, que no era otra que la espectacular ‘Clean My Wounds’. A sugerencia de Dean, Keenan asumió el micrófono principal tras el fracaso de las audiciones para reemplazar a Agell. Considerando el desempeño de Keenan en ‘Vote with a Bullet’ en el disco anterior, el puesto le vino muy bien. ¿La primera canción que probó? ‘Albatross’, por su puesto. “Resultó ser la decisión indicada, fue el punto de partida”, relató el músico.

Corrosion of Conformity: Yo soy el albatros

Un grano de libertad

Corrosion of Conformity sabía que tenía algo grande entre manos. La formación, el sonido y, lo más importante, la decisión de volar lejos estaban ahí. Querían emigrar de Relativity, casa discográfica dedicada principalmente al hip hop que les negó la salida y los amarró debido a que ya había pagado por el álbum en gestación. Un día, una de las cintas del incipiente “Deliverance” llegó a manos del presidente de Columbia Records y quisieron llevárselos, pero Relativity se negó. Atados de manos y con poco dinero en el bolsillo, el camino se puso cuesta arriba hasta que la suerte llegó a tocarles la puerta, como relata Keenan en el artículo de Malcom Dome: “Leí en el New York Times que Sony había comprado Relativity. Ellos eran los dueños de Columbia, así que convirtieron a Relativity en un pequeño brazo de su operación. Te prometo que alguien ligado a Columbia me contó que hicieron eso solo para quedarse con el disco de COC. Llamé a los chicos y les dije que ya estábamos en un sello grande. Fuimos a beber y tuve la mejor borrachera de mi vida”.

Habiendo pagado las horas del estudio y sin oportunidad de que se las devolvieran, idearon formas para ocupar ese tiempo y lo solucionaron con las pistas instrumentales que funcionan como interludios en el disco. ‘Without Wings’, ‘Mano De Mono’ y ‘#2121313’ nacieron de forma espontánea, pero son un complemento perfecto para cada una de las canciones que van introduciendo, aportan coherencia al relato y permiten que el registro fluya con un aire épico que ganaron enfrentándose a las adversidades. “Eso es algo típico de este trabajo”, cuenta Keenan, “hicimos cosas sin darnos cuenta de lo lejos que podíamos llegar”.

Jugando en la cancha de las etiquetas, siempre se asocia a Corrosion of Conformity con el sonido desértico, el stoner y el sludge, ¿pero se puede considerar a “Deliverance” como un clásico de estos estilos? Es difícil encasillarlo inmediatamente en esas lides, ya que su paso es considerablemente más acelerado que el flujo denso de un Sleep en “Holy Mountain” (1992) y más inmediato que las aventuras lisérgicas de un Kyuss en “Welcome to Sky Valley” (1994). Tintes del fuzz desértico del Fu Manchu de “No One Rides for Free” (1994) se hace sentir en los versos de ‘Seven Days’, cuando Weatherman y Keenan arrastran los dedos por el diapasón mientras Mullin levanta polvo con su paso más pausado y luego hace estallar todo en un coro gigante. El riff opresivo de ‘Broken Man’ tiene pinceladas de sludge, pero sin la violencia hardcore de Crowbar o Eyehategod, aunque la voz de Pepper tome mucho de los primeros para cantar de manera frontal. Mientras que la homónima ‘Deliverance’ envuelve en su halo groovy comandado por el pedal de wah-wah y ‘Heaven's Not Overflowing’, ‘My Grain’ y ‘Shake Like You’  muestran el lado más frenético de la placa, las verdaderas perlas se van mostrando al final, con ‘Shelter’ y ‘Pearls Before Swine’ adelantándose un par de años a lo que Metallica intentaría hacer en “Load” (1996) mezclando el heavy con elementos distintivos del rock sureño. Sin duda, el slide arrastrado y abrasivo le debe haber abierto la cabeza a Hetfield y compañía, mostrándoles los pasos a seguir cuando se trata de abrazar las raíces de la música norteamericana sin ningún pudor.

Hoy en día, el cuarto álbum de COC es un clásico que sigue dando grandes momentos en directo, siendo sus canciones las más queridas del repertorio. Han pasado 25 años desde su lanzamiento y suena tan fresco como en esos convulsionados días en que las guitarras fuertes se tomaban el mainstream. Al igual que varios discos que pasan a la eternidad, “Deliverance” es una historia de superación que muchas veces pasa bajo el radar, pero que cobra vida cuando cada uno esos catorce cortes sale disparado por los parlantes. Tomando la analogía del poeta Charles Baudelaire en que el albatros representa un ave en constante movimiento que sobrevuela el mundo acompañando el viaje de la humanidad desde las alturas, Corrosion of Conformity logra elevarse para trascender por sobre el convulsionado panorama imperante siempre desde un lugar influyente ganándole al destino. Y nadie mejor que Keenan para describir cómo se limpiaron las heridas: “Cuando salió el disco, muchas bandas de hardcore y fanáticos nos acusaron de habernos vendido. Yo lo encontré muy gracioso. ¿Acaso ellos estaban haciendo el verdadero hardcore? Te voy a decir lo que es hardcore: COC parándose en un escenario y enfrentándose a su público tocando ‘Albatross’. Les tocamos las pelotas a todos. Eso es tener un espíritu más verdadero que muchos del circuito”.

Pablo Cerda





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