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"Led Zeppelin II": el álbum que cambió la cara del rock

El segundo disco del cuarteto inglés fue clave para definir el sonido de la década de los setenta y fue, a su vez, la catapulta definitiva de Page, Plant, Bonham y Jones para llegar a lo más alto en la era dorada del rock.

Por Juan Pablo Andrews

No fue demasiado pensado. Seguramente, Led Zeppelin no sabía que aquellas improvisaciones en hoteles y jams extra largas en los shows durante la gira de su homónimo disco debut, terminarían siendo el futuro del rock. Tampoco, que con ello se volverían los máximos referentes del género, que en los 70 buscaba alejarse del blues tradicional y que añoraba por nuevos referentes.

“Led Zeppelin II” fue lanzado un 22 de octubre de 1969 y ha sido retratado, desde hace años, como el disco que definió la identidad del cuarteto inglés integrado por Robert Plant, Jimmy Page, John Paul Jones y John Bonham. Pero aquella definición queda corta. El grupo ya se estaba desprendiendo de la etiqueta que los relacionaba a The Yardbirds –el anterior grupo de Page– y esperaban consolidar lo que había sido un arranque atronador, ya que se encontraban en plena ebullición y gozando de su popularidad en Estados Unidos. Pero, además, los británicos estaban lidiando con la presión de su sello, Atlantic Records, por lanzar un nuevo álbum antes de la Navidad de 1969 –el mismo año de su debut– para subir las ventas. «No tuvimos tiempo y tuvimos que escribir en las habitaciones de los hoteles. Cuando salió el álbum, estaba realmente harto. Lo había escuchado tantas veces en tantos lugares…». El hastío expresado por Jimmy Page en su minuto sobre el disco, según apunta la revista Rolling Stone, seguramente tiene relación en que en ciertos cortes las pistas del “Led Zeppelin II” fueron grabadas en Londres, Nueva York y Vancouver.

«“Led Zeppelin II” fue el producto de la demencial vida de una banda inglesa de gira, escrito a retazos en habitaciones de hoteles, camerinos y estudios repartidos por Norteamérica», escribió Stephen Davis en “Hammer of the Gods: the Led Zeppelin uncensured” (1985), una de las biografías definitivas del conjunto inglés. Es en este período cuando Page cambió la Telecaster, guitarra con la que había tocado en The Yardbirds y en la primera parte de Led Zeppelin, por una Les Paul del 58. Aquello sería clave en su sonido. También lo fue la elección de su productor e ingeniero en sonido, Eddie Kramer, a quien admiraban por su trabajo con Jimi Hendrix. Según Stephen Davis, Page trabajó como un obsesivo en este registro, mientras veía con cierto disgusto que Plant se convertía en la estrella de la banda. Jones permanecía tranquilo y Bonzo mostraba interés en regresar a su hogar. Nada muy auspicioso para un grupo que, pese a su popularidad, había perdido dinero en las dos giras que habían tenido hasta ese minuto en Estados Unidos. Sin embargo, de alguna forma, “Led Zeppelin II” retrató a una banda de ascenso vertiginoso, muy inspirada, y que se aprestaba a cambiarle la cara al rock de la época.

El agitado año de su concepción

El arranque de Led Zep fue como el de un tren a toda máquina. Tras algunos shows en Europa (primero bajo el nombre de The New Yardbirds y luego ya como Led Zeppelin), se aprestaron a aterrizar en Estados Unidos, país donde Page ya había estado tocando y tenía cierto conocimiento de la industria.

En 1969, en Estados Unidos, la banda desató su hambre por escandalosas fiestas, muchas de ellas sin parangón. Ellos mismos se referían a Los Ángeles como “Sodoma y Gomorra" y famosas y documentadas son sus cuestionadas y obscenas celebraciones (algunos verdaderos rituales) que incluían varios abusos hacia sus fanáticas. Según Davis, el cuarteto tendía a relacionar el sexo con la comida, como cuando en un plan elaborado entre ellos, pensaban follar a unas groupies –bautizadas como “las hermanas feas”– y luego embutirlas en rosquillas de crema. Y hay más: según el relato de un asistente, el staff recordaba el gran escándalo hollywoodense que terminó con la carrera del actor de cine mudo Roscoe Fatty Arbuckle: en medio de una fiesta, el actor introdujo una botella en la vagina de una mujer que terminó muerta por la rotura de su vejiga. «Se hablaba de esto a menudo, porque en la banda se dieron cuenta pronto de que muchas chicas querían ser penetradas con una botella de champán», dice un extracto de la citada biografía.



El cambio definitivo del rock

Cuando se publicó “Led Zeppelin II”, el grupo se encontraba en la cuarta gira por Estados Unidos. Iniciaron ese periplo con dos shows en el Carnegie Hall de Nueva York, siendo los primeros rockeros en tocar en ese lugar de notable prestigio desde que los Rolling Stones lo hicieran un lustro antes. Hacía casi un mes que The Beatles, próximos a su separación, habían publicado el definitivo “Abbey Road”, los mismos Stones preparaban “Let it Bleed” –una de sus obras maestras - y The Who meses antes había lanzado la ópera rock “Tommy”. Ese era el contexto de la época. Así, la disolución del cuarteto de Liverpool representaría el fin de una etapa en la música y el inicio de otra, con nuevos sonidos y nuevas búsquedas.

“Led Zeppelin II” fue una explosión. El blues de viejo cuño y el folk seguían ahí, pero con aperturas hacia la psicodelia. El riff pentatónico en Mi menor de ‘Whole lotta love’ era el grito de amor que esa generación necesitaba, en una época que vio al hipismo llegar a su apogeo, con Woodstock como su mayor hito de representación. Plant cantando “I'm gonna give you my love / Want to whole lotta love”, era la manifestación sexual definitiva. Por su parte, en ‘Hearbreaker’ Page propuso un crujiente solo intermedio, a capela, que marcaría la pauta para el hard rock posterior, del cual bebieron a vaso ancho Slash, Joe Perry y tantos otros. Asimismo, en ‘Moby Dick’ –que en demos se llamaba ‘Pat's delight’ en honor a la esposa de Bonham–, Bonzo desplegaba su mejor arsenal inspirado en Ginger Baker (particularmente en ‘Toad’, aquel instrumental de los magníficos Cream), el baterista arquetipo del hard rock fallecido recientemente.

Cuando el disco fue lanzado, el primer álbum del cuarteto permanecía en el puesto 18 de las listas, con casi 80.000 copias vendidas en 40 semanas. Para fines de ese año, Led Zeppelin se volvía la banda más popular en Estados Unidos: logró desplazar del primer puesto en las listas de ese país a The Beatles, lo que retrataba el cambio estilístico que el rock de la década de los 70 prometía. Lo habían logrado, era el salto definitivo. Y, por supuesto, también fue el periodo de obtención de réditos: Plant se compró una propiedad llamada Jennings Farm en Blakeshall, un lugar donde se hizo de un tractor y comenzó a criar animales. Bonzo también adquirió una y gastó bastante dinero en autos (entre ellos, su primer Rolls Royce). «Toda nuestra vida cambió», le dijo Plant a la Rolling Stone. «Fue un cambio tan repentino que no estábamos seguros de cómo manejarlo», añadió.

Pero, como en casi todos sus discos, hubo críticas duras. Temprano se les relacionó con el plagio de bluseros afroamericanos en algunas de sus canciones, como en ‘Whole lotta love’, que “compartía” un riff demasiado similar al de ‘You need love’ de Willie Dixon. Lo mismo sucedió con ‘Lemon Song’, “inspirada” en ‘Killing floor’ de Howlin’ Wolf. La revista Rolling Stone los acusó derechamente de robar. Page y compañía, desde sus inicios tomaron “prestados” los riffs de los antiguos bluesman para volverlos canciones propias. De eso no hay duda. Tampoco la hay en que Led Zeppelin estaba llevando el blues clásico hacia el siguiente nivel, transformándolo en lo que luego sería el hard rock y dando el pie para lo que posteriormente conoceríamos como heavy metal.

«Quizás, el mayor logro del álbum es la influencia que ha tenido en muchas de las bandas que llegaron después. Ha generado una corriente interminable de imitadores, todos listos para popularizar este estilo distintivo de rock agresivo que luego se llamaría heavy metal. Desde Aerosmith hasta Def Leppard, hasta bandas de guitarra de hoy como The Music, The Darkness y Black Rebel Motorcycle Club, el segundo álbum de Led Zeppelin ha sido un criterio de hard rock», escribió hace varios años la revista Classic Rock.

Presionados por su sello, enfiestados, a ratos desganados y grabando en forma nómade, Led Zeppelin con su segundo disco se volvió la banda definitiva del rock. El motor hacia el futuro que el estilo necesitaba a comienzos de los 70 había sido ensamblado.

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