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The Kinks: ¿Dónde quedó mi Shangri-La?

A propósito del 50° aniversario de "Arthur"

The Kinks: Dnde qued mi Shangri-La?

En el último año de los agitados años sesenta, muchas fueron las bandas que, a través de sus discos, anticipaban la nueva primavera del rock. Del lado británico, Led Zeppelin y King Crimson –entre otros como The Who y Yes– fundan estilos más pesados y vanguardistas. En medio de esa vorágine de cambios, los ya experimentados The Kinks componen y lanzan una de sus obras cumbres, “Arthur”. Revisamos la trastienda de aquel elogiado disco pero subvalorado en nuestros tiempos.

Por Alfredo Lewin

En el otoño inglés de 1969, The Kinks no solo lanzaba un nuevo álbum, sino que regresaban a Estados Unidos tras largos cuatro años de no haber podido tocar en el continente americano por una prohibición sindicalista. Y vaya que las cosas habían cambiado en ese periodo de tiempo. La denominada British Invasion ya no brillaba de la manera de antaño. El rock se había transformado en una enorme maquinaria comercial, la técnica en las grabaciones de discos había cambiado y hasta el sonido en vivo de las bandas había evolucionado muchísimo. Por toda esa resistencia a los cambios, Ray Davies se sentía muy nervioso en el momento de la previa de su concierto en el Fillmore East en Nueva York, lugar que estaba a punto de ser testigo del flamante regreso del cuarteto y, más aún, con el recién estrenado “Arthur (or the decline and fall of the British Empire”.

Para muchos, los más genuinamente británicos fueron siempre los Kinks, algo apartados de la sonoridad blues y R&B que inspiraron a los Rolling Stones y The Beatles. El cuarteto trazaba una paralela utilizando la influencia rock mezclándola con el music-hall tan clásico de la comedia inglesa, para así articular una observación cínica que perfilaba más que a un sonido, probablemente a una sociedad entera. Qué duda cabe, The Kinks tenía un emblemático tono de compromiso con todo lo que era ser británico, por tanto, este disco más que ninguno, da cuenta de la conceptualidad en lo del declive y la caída del mismísimo imperio.

Victoria

A 50 años de haber sido editado, “Arthur (or the Decline and Fall of the British Empire)” se tornó en el primer concepto acabado de Ray Davies: un LP que estaba pensado como un todo (un año después vendría “Lola v/s Powerman and the Moneyground”, que también optaba por similar grandilocuencia). 1969 supuso el quiebre entre esa práctica común de aquella década en que los discos no eran más que colecciones de canciones sueltas que funcionaban a su vez como singles. Si bien es cierto esto del disco conceptual le debe mucho al “Tommy” de The Who, publicado algunos meses antes, lo que a Ray Davies de seguro más le atrajo del proyecto era la forma estilística de mantener una estrecha relación con la cultura tradicional inglesa. Mientras The Beatles y Rolling Stones habían ocupado la psicodelia para ir experimentando hacia la progresión, The Kinks parecían ser regresivos en tanto a la insistencia de siempre volver a las raíces. Parte de aquello eran las resonancias del barrio del Londres en que crecieron y el auge de lo victoriano, ese aire retro de uniformes del siglo XIX que era exhibido con tanto glamour vanguardista por estrellas como Mick Jagger, Jimi Hendrix o los mismos The Beatles en el "Sgt. Pepper".

Pocos terrenos musicales quedaron sin cubrir en este disco, que tiene entre otros precedentes nada menos que al “Village Green Preservation Society” (1968). Superar esa marca ya era harto decir. ¿Cómo lo hace una banda para lograr un “mejor disco” que el anterior? Fue lógico que en ventas no tuviese una gran proyección, ya que los jóvenes estadounidenses estaban interesados en el blues duro a la Led Zeppelin y porque la Guerra de Vietnam introdujo otros temas como los que Creedence Clearwater Revival –la banda de ese momento– estaba proponiendo: las maquinaciones del poder que quería insistir con la guerra. Desde su portada, diseñada por el dibujante Bob Lawrie, “Arthur" exhibía elementos típicos ingleses, todos superpuestos: la taza con el Rey Arturo, una foto del grupo, un cisne como símbolo británico de la lealtad, una casa con el auto en el garage, la clásica tetera y una mano –probablemente la de Arthur– con un banderín en el que aparece el nombre del grupo.

Yes sir, no sir

Siempre cuando se piensa en los mejores discos de The Kinks, y hasta en los más representativos del rock británico en general, a menudo se menciona el ya referido  “Village Green”, el “Face to Face” (1966), u otras veces su debut de 1964, sin embargo, “Arthur” rara vez es mencionado en esta categoría. Estábamos frente a una banda que demostraba que se podía prescindir de la idea de las listas de éxito, por tanto hay que aplaudir la valentía de The Kinks en tanto a su autosuficiencia, al punto de lograr calzar en la movida musical de aquel tiempo, dominada por la explosión de la vuelta a lo básico a medio camino del auge psicodélico que aún imperaba. Y el cuarteto lo hacía atacando sin piedad a aquellos que accedían a los primeros puestos de los charts.

Fieles a la personalidad corrosiva de su líder, los británicos se empeñaban en poner en evidencia a la sociedad conservadora que les vio crecer. Hoy, es fácil imaginar que había que reconocer al mayor de los Davies como un tipo que tenía un compromiso social y, por tanto, rodeaba sus canciones de visones muy agudas sobre la sociedad de consumo, burlándose mucho antes que Morrissey, de la idea del hombre de naturaleza monárquica, en este caso dado, Arthur. Y hasta podríamos ensayar que esta colección de canciones funciona como una apocalíptica ridiculización y elogio al mismo tiempo del imperio británico (Ray es actualmente un caballero de la orden del Reino Unido), así como el “Village Green” había sido un disco de concepto torcidamente ecologista.

A principios de 1969, Granada TV abordaba al cuarteto para proponerles la idea de un programa que presentaría canciones de la banda –a la manera de la ópera-rock “Tommy” como concepto–, pero en esta oportunidad más bien se trataría de un show de televisión. Los Kinks se mostraron muy interesados, e independiente de que si al final el proyecto no prosperara, la banda igualmente registró "Arthur" durante el verano de aquel año con toda la convicción de estar trabajando en lo más pretencioso que habían abordado hasta la fecha. La maestría musical, la ambición de los arreglos, la madurez de las letras y un elocuente discurso estilístico hicieron que el LP tuviese una alta repercusión en la crítica sobre todo estadounidense, aunque fue cauto en ventas, superando eso sí por bastante los números de su anterior disco, “Village Green”. Paradójicamente, en Inglaterra no llegó a ninguna lista.

La productora que estuvo a cargo de generar la idea del "documental” al final se arrepintieron por considerarlo muy extravagante. Al ser publicado en octubre de 1969, el disco lamentablemente fue recibido con algo de frialdad, y porque el proyecto ya venía opacado por el éxito masivo del mencionado “Tommy”. Eso sí, entre los elogios para el disco destacan el del reputado crítico Greil Marcus quien, en la Rolling Stone destacó a “Arthur” como el mejor álbum británico del año y el mejor de la banda. De hecho, Marcus decía que este disco demostraba que a Pete Townshend «le quedaban todavía mundos por conquistar y que los Beatles tendrían que hacer algo más para ponerse a la altura». Tan sorprendente como suena, un álbum que contaba la historia de Inglaterra recibía más atención en América que en su propia tierra.

The Kinks: ¿Dónde quedó mi Shangri-La?

The decline and fall of the British Empire

Tanto Dave Davies como Mick Avory y el recién ingresado bajista John Dalton pensaban que “Arthur” significaba una cumbre creativa para el grupo, siendo el disco favorito de este último. Ray había probado que podía encontrar una temática, en este caso, la nostalgia y su familia. No obstante, lo embargaba una contradictoria insatisfacción, quizá pasaba por echar de menos al bajista original, Pete Quaife, o tal vez era el presentimiento que las cosas habían cambiado en formas que él no podía controlar y resultarían en que la banda no lograría la consagración global que tanto había soñado.

Pero lo que probaría el increíble talento de Ray Davies fue su capacidad de variar las fórmulas y acoplarlas según la temática. Innovador hasta el punto que años después se le reconocería como generador de un estilo y precursor del hard rock y, luego, del brit pop. Impensable para un compositor que parecía sentirse cómodo solamente cuando proyectaba ráfagas de humor negro enfrascado en melodías pop y de estribillos arrebatadores, como el de la imperecedera “Victoria”, que funciona como el digno y majestuoso rompe hielos del disco.

La historia está inspirada de manera indirecta por el viaje de Rose, la hermana mayor de los Davies, con su esposo Arthur a Australia. Al recoger un poco de esos hechos, el álbum tiene algo de temático, pero el mismo Ray luego se apresuró en apuntar que, más que un álbum conceptual, seguía considerándolo un ejercicio documental, o sea, una crónica de la vida real. El hecho de que su hermana se casara y se mudara a la isla oceánica fue algo que le impactó de muy joven, como lo hubiera hecho la pérdida de un familiar muy cercano (de hecho, la ausencia de Rose ya aparecía en otra canción, ‘Rosie won’t you please come home’, del disco “Face to Face”). En esta historia doméstica, como en muchas de todos los inmigrantes, lo cierto es que no ocurre mucho en particular, es solamente la sensación de la despedida, del último domingo en familia, de los hijos que parten con sus padres a hacer una historia muy lejos. Y en aquello, Ray Davies despliega su talento y maestría para retratar personajes y situaciones de la vida cotidiana. Tan solo otra de las circunstancias en las que se veía envuelta la clase media británica post guerra.

Lo que importa acá es cómo se hace eco de las tradiciones inglesas del pasado, pero también entender el presente del que es “tu lugar”. Cuál es la razón de ser británico. Y tal cual como el sueño americano en EE.UU., ¿qué es lo que hace al británico tan valóricamente “british”, en un contexto de costumbres sociales tan cambiantes? ¿Una casa, un automóvil, un televisor, una radio, la pérdida de los niños, la antigua guerra de Churchill, la distancia oceánica o la idea de un nuevo mundo?

En parte, es por esto que la icónica ‘Australia’ y la crucial ‘Shangri-La’ son las canciones centrales del álbum. La primera, representa un mundo para partir de cero, uno libre de las tradiciones represivas de Gran Bretaña, pero aún así muy influenciado por Inglaterra; y la otra, épica a más no poder, representa las comodidades del hogar y las virtudes de aquella humildad y servidumbre que han servido para instalar la idea del imperio británico y la de sus súbditos, en primer y último lugar. Lo singular es que el concepto del álbum no decide qué lugar es mejor que el otro, porque ciertamente en The Kinks existía una actitud burlona hacia el optimismo de esos ojos que se fijaban en Australia, a la vez que se compadecían de la vida y la situación cotidiana de Arthur: un hombre que es dueño de su casa, de la mayor parte de su auto, pero está encerrado en su lugar de por vida.

Young and innocent days

Entonces la pregunta clave sería: ¿cuál es la vida y la existencia preferible? ¿La promesa de ‘Australia’ o la certeza de ‘Shangri-La’? Ray Davies se las ingenia para dejar todo esto en una suerte de ambigüedad. Arthur sería un perdedor insatisfecho, pero Davies siente por él una genuina compasión, lo entiende y lo quiere por ello. El mundo es lo que le está pasando a Arthur y él, de alguna forma, no puede evitar perder sus costumbres tradicionales, las que lo mantienen deprimido y domesticado, pero que al menos tiene a alguien que ama aquellos detalles.

La última palabra sobre esta obra maestra es para Sir Raymond Douglas Davies, quien confesó lo siguiente en The Kinks Kronikles: «Creen que estamos engañando a alguien cuando, de hecho, solo estamos tratando de decir algunas pequeñas cosas. Siempre trato de ponerme del lado de la persona sobre la que escribo, pero mucha gente todavía lo ve como si nosotros los estuviéramos golpeando en el suelo o burlándonos».

“Arthur (or the decline and fall of the British Empire)”, como álbum, puede que sea algo más difícil de digerir que el “Village Green” o el “Something Else”, incluso. Sin embargo, como disco es esencial y un clásico por derecho propio. Y, sobre todo, es el momento bisagra en que Ray Davies se dio cuenta que tenía que cerrar el capítulo británico, mal que mal, el asunto estaba justamente en declive, para así concentrarse en América. El éxito mundial de “Lola vs Powerman and the Moneyground” y la década de los setentas estaban a la vuelta de la esquina.

Contenido publicado originalmente en nuestra revista.






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