Resident Evil: Volver a jugar nunca fue tan aterrador Vimos la nueva adaptación del videojuego Viernes, 25 de Septiembre de 2026 Volver a llevar "Resident Evil" al cine después de varias películas que terminaron alejándose bastante de aquello que hizo grande a la saga parecía una tarea que necesitaba algo más que un nuevo reparto y un puñado de criaturas conocidas. La franquicia necesitaba recuperar una sensación. Esa mezcla de incertidumbre, exploración, peligro y absurdo que existe cuando uno avanza por un pasillo oscuro sin saber qué puede aparecer detrás de la próxima puerta. Ahí es donde Zach Cregger, director de "Barbarian" y "Weapons", encuentra la clave para construir esta nueva versión: más que intentar reproducir una historia específica de los videojuegos, busca trasladar al cine la experiencia de estar jugando uno. La película sigue a Bryan, un repartidor médico interpretado por Austin Abrams, quien termina entrando en las inmediaciones de Raccoon City y, como suele ocurrir en este universo, descubre demasiado tarde que probablemente había lugares bastante más seguros para hacer su trabajo. Desde ese momento comienza una carrera por sobrevivir que rápidamente lo convierte en nuestro punto de entrada a este nuevo "Resident Evil". Una de las decisiones más acertadas de Cregger está justamente ahí: Bryan no es el típico héroe de acción que llega preparado para enfrentarse a un ejército de criaturas. Es vulnerable, se equivoca, tiene miedo y muchas veces simplemente intenta entender qué demonios está pasando. Abrams consigue aprovechar muy bien esa condición y construye un protagonista cercano, capaz de sostener tanto los momentos de tensión como el humor que atraviesa buena parte de la película. Ese tono es probablemente una de las características que mejor explican por qué esta nueva entrega ha conseguido una recepción mayoritariamente positiva entre la crítica. "Resident Evil: Noche Cero" entiende que el terror de los videojuegos no proviene únicamente de mostrar monstruos. También está en la sensación de estar perdido, en la escasez de recursos, en la necesidad de explorar un lugar que claramente no quiere que estés ahí y, sobre todo, en esa permanente sospecha de que algo puede aparecer cuando menos lo esperas. Cregger juega con esa idea durante buena parte del metraje y utiliza la cámara para acercarse a esa experiencia: perspectivas que recuerdan al videojuego, espacios que parecen diseñados para ser recorridos, puertas que inevitablemente generan desconfianza y momentos en que encontrar un objeto puede resultar tan importante como enfrentarse a una criatura. Ahí también aparecen los guiños para quienes conocen la saga de Capcom, pero la película tiene el mérito de no convertirlos en una colección de referencias lanzadas directamente hacia el espectador. Hay elementos reconocibles, criaturas, situaciones y detalles que los seguidores de los juegos podrán identificar, pero están incorporados dentro de la historia. La cinta no necesita detenerse para explicar cada referencia ni decirnos que aquello viene de un videojuego. Simplemente las utiliza como parte de su propio lenguaje. Es una diferencia importante respecto de otras adaptaciones, porque Cregger parece entender que la fidelidad no necesariamente consiste en copiar una escena determinada, sino en recuperar aquello que hacía especial la experiencia original. El resultado es una película que se mueve constantemente entre el horror, la acción, el humor y el gore, y que encuentra un equilibrio bastante particular entre esos elementos. Puede ser desagradable y brutal en un momento para luego soltar una situación inesperadamente absurda sin que necesariamente se sienta como un cambio completo de película. Paul Walter Hauser es fundamental en ese aspecto, aportando una energía que funciona como contrapunto a la tensión de Bryan, mientras Kali Reis y Zach Cherry completan un elenco que, aunque no siempre tiene el mismo espacio para desarrollar a sus personajes, consigue darle variedad a una historia que avanza a un ritmo considerablemente rápido. Justamente ahí aparece uno de los principales problemas de "Resident Evil: Noche Cero". La película dura alrededor de 90 minutos y esa decisión inicialmente parece una virtud. No hay demasiado espacio para que la historia se estanque, Cregger entra rápidamente en materia y la película prácticamente no da tiempo para aburrirse. Sin embargo, cuando la historia comienza a ampliar su escala, también se vuelve evidente que algunos personajes y situaciones podrían haber necesitado más desarrollo. El tramo final, especialmente, se siente más apresurado que el resto, como si la película tuviera que llegar a destino antes de que se acabara el tiempo. Varias de las reseñas que han aparecido durante estos días coinciden precisamente en ese punto: la propuesta funciona mejor cuando está concentrada en la supervivencia y la exploración que cuando intenta convertirse en un espectáculo de mayor escala. Eso también afecta al terror. "Resident Evil: Noche Cero" tiene momentos genuinamente incómodos y sabe construir tensión, especialmente cuando reduce el espacio disponible y obliga a Bryan a avanzar sin saber exactamente qué lo espera. Pero a medida que la película aumenta la cantidad de acción y criaturas, parte de esa tensión inicial comienza a diluirse. No necesariamente porque las secuencias sean malas, sino porque el miedo funciona mejor cuando todavía existe algo que nuestra imaginación puede completar. Cuando todo está sobre la pantalla, el misterio inevitablemente pierde terreno frente al espectáculo. Visualmente, de todas maneras, la película consigue construir una identidad bastante clara. Los espacios oscuros, los escenarios aislados y la sensación de estar atravesando un mundo que se ha convertido en una trampa permanente ayudan a que esta nueva entrega se acerque mucho más al espíritu del survival horror que varias de sus antecesoras. Cregger no parece interesado en convertir "Resident Evil" en una película de superhéroes con zombies; quiere que cada espacio tenga una amenaza y que avanzar siempre implique algún tipo de riesgo. Esa diferencia puede parecer pequeña, pero termina siendo fundamental para entender por qué esta versión se siente mucho más cercana al videojuego incluso cuando no está contando necesariamente una de sus historias. También ayuda que la película tenga personalidad propia. No intenta borrar las adaptaciones anteriores ni competir directamente con ellas. Simplemente toma otro camino. Después de años en que "Resident Evil" cinematográfico estuvo asociado principalmente a la saga protagonizada por Milla Jovovich y, posteriormente, a "Resident Evil: Bienvenidos a Raccoon City", esta nueva versión funciona prácticamente como un reinicio conceptual. No necesita que conozcamos las películas anteriores y tampoco exige haber jugado los videojuegos para seguir la historia. Para los fanáticos, eso sí, existe una recompensa adicional en los detalles, mientras que para alguien que llega completamente de cero la película sigue siendo suficientemente clara como para funcionar como una aventura de terror. Quizás ese sea el mayor mérito de "Resident Evil: Noche Cero": entender que una adaptación de videojuego no necesita parecerse a un videojuego en cada plano para conseguir que el espectador sienta que está jugando. Necesita comprender qué provoca esa sensación. La exploración, los recursos limitados, la incertidumbre, los espacios que parecen seguros hasta que dejan de serlo y esa mezcla tan particular de miedo y diversión que ha acompañado a "Resident Evil" durante décadas. No es una película perfecta. Su duración termina pasando la cuenta, algunos personajes quedan con menos desarrollo del que uno quisiera y el desenlace no consigue mantener completamente el nivel de lo que Cregger había construido antes. Pero sí es una película que vuelve a mirar a "Resident Evil" desde el lugar correcto. No desde la necesidad de repetir lo conocido, sino desde la posibilidad de recuperar aquello que hizo que entrar por primera vez a una mansión, una comisaría o cualquier rincón oscuro de este universo fuera una experiencia tan entretenida como aterradora. Para quienes crecieron con los videojuegos, existen suficientes elementos para disfrutar el recorrido sin que la nostalgia sea el único argumento. Para quienes simplemente buscan una película de terror con acción, monstruos, humor y bastante sangre, también hay material suficiente para pasar un buen rato. Y para una franquicia que durante bastante tiempo pareció no encontrar una dirección clara en el cine, que "Resident Evil" vuelva a sentirse como una aventura de supervivencia y no solamente como una película de criaturas ya es, por sí solo, un cambio significativo. "Resident Evil: Noche Cero" entiende que detrás de cada puerta puede haber algo terrible. Y, por una vez, abrirla vuelve a ser parte de la diversión. La película ya está en cartelera y también será parte del Día del Cine, que se realizará el lunes 28, martes 29 y miércoles 30 de septiembre. Durante esas jornadas habrá entradas desde $2.000 en salas tradicionales y $4.000 para formatos especiales, una oportunidad para vivir esta nueva pesadilla en pantalla grande y, de paso, comprobar si Cregger consiguió devolverle a "Resident Evil" ese espíritu que los fanáticos llevaban tiempo esperando. Matias Arteaga S. Tags #Resident Evil #Zach Cregger #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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