Whitesnake Good to Be Bad Martes, 22 de Abril de 2008 2008. SPV Tras 18 años de un largísimo silencio, finalmente la gran serpiente blanca abandona su período de hibernación en los fríos vientos del norte, para darle vida a lo que será, con total seguridad, uno de los regresos más estelares del año. El propio David Coverdale se ha apurado en aclarar que el álbum “Restless Heart” de 1997, iba a ser un disco solista y que ha último minuto el sello lo obligó a ponerle el logo de Whitesnake en la portada (algo similar a lo que ocurrió con el disco “Seventh Star” de Tony Iommi que salió editado como un trabajo de Black Sabbath en 1986), por lo tanto, la verdadera continuación a “Slip of the Tongue” de 1989, es este flamante, reluciente y pletórico “Good to be Bad”, el álbum de estudio número diez en las tres décadas de historia de la banda (por eso la portada del disco exhibe con orgullo ese diez romano -X- forjado en oro puro), y lo cierto es que todas las expectativas, plegarias y ruegos de los fans por contar con un disco realmente clásico de Whitesnake, se han visto maravillosamente reflejadas y plasmadas. En efecto, Whitesnake está de vuelta en gloria y majestad, recuperando la magia de antaño, recuperando su lado blusero, pero sonando actual y plenamente vigente; y es que cuando tienes una de las mejores voces de la historia del rock y la juntas con una banda de músicos brillantes en todos los niveles, resulta casi imposible hacer un mal disco, aunque como sabemos, los grandes “nombres” no son garantía de nada, sobre todo cuando se trata de un puñado de músicos estelares que tienen que convivir y trabajar juntos, pero quizás ese sea la mejor virtud de esta renovada formación de Whitesnake que volvió a las pistas con todo el año 2003. Son cinco años ya trabajando juntos y eso se nota, y aunque ha habido algunos cambios en el equipo (el bajista Uriah Duffy reemplazó a Marco Mendoza y el baterista Chris Frazier hizo lo mismo con el legendario y apreciado Tommy Aldridge), aquí cada uno asume su rol con serenidad y sin luchas de egos por el protagonismo. Metiéndonos de lleno en la música, ‘Best Years’ arranca la placa con un groove demoledor, esto es un mazazo directo al mentón con un track realmente potente. Guitarras, bajo y baterías, todo suena muy poderoso, siempre comandados en gran forma por la voz “del jefe”. Sin duda un arranque demoledor e inspirado, que suena al Whitesnake de siempre pero con un pequeño toque de modernidad sobre todo en el tratamiento de las guitarras que suenan bastante ásperas. ‘Can You Hear the Wind Blow’ es un corte más melódico, en esa veta blusera de antaño que el grupo recuperó de gran manera desde su regreso a las pistas en el 2003. Las guitarras enganchan enseguida y Coverdale se muestra seguro e inspirado con su voz, redondeando una canción absolutamente clásica dentro del catálogo de la banda. ‘Call On Me’ es otro corte realmente poderoso, que retoma el amplio imput lleno de dinamita desplegado en el primer tema. El nuevo integrante de la banda, el baterista Chris Frazier (conocido principalmente por su trabajo al lado del hechicero de la guitarra, Steve Vai y el blusero blanco Edgar Winter), termina por convencer que está a la altura de las circunstancias para las altas exigencias de su puesto dentro de la banda. Frazier tiene algo del extrañado Cozy Powell (QEPD) y también del legendario Tommy Aldridge que abandonó la serpiente el año pasado para unirse a los reformados Lynch Mob del guitar-god George Lynch. El propio Coverdale describió este disco como un trabajo que reúne los mejores elementos musicales de la historia de Whitesnake, compuesto por ocho cortes realmente fuertes y rockeros y tres baladas, que ejercen un perfecto balance y contrapunto entre todas las canciones. Y la primera balada es nada menos que ‘All I Want All I Need’ una canción para sacarse el sombrero. Doug Aldrich se pone su mejor disfraz de John Sykes y logra unas melodías en su guitarra (maravillosamente dobladas por Reb Beach), que recuerdan lo mejor de la fineza de los irlandeses de Thin Lizzy y a la vez hacen un excelente up-grade de ‘Is This Love?’ pero sin tratar de calcarla, sino llevándola al siguiente nivel, y el resultado es francamente satisfactorio. La otra balada tiene derechamente un feeling más acústico; en ‘Summer Rain’ el grupo se anota otro punto destacado, incluso con un Coverdale que suena más “gastado” (imposible no estarlo luego de casi 40 años de carrera), pero lejos de tratar de ocultar sus limitaciones con efectos o recursos de estudio, el gran David se reinventa y busca nuevas formas de interpretación; ataca los temas de otra manera y logra sonar tan convincente, elegante, conmovedor y auténtico como lo conocemos. ‘Good to Be Bad’ (la canción), es otro momento estelar del disco, con ese Whitesnake blusero y lleno del groove poderoso de cortes como ‘Slide It In’ y ‘Love Ain’t No Stranger’, donde Chris Frazier hace su mejor tributo a Cozy Powell; poder y feeling en iguales proporciones y unos teclados muy bien puestos por Timothy Drury. Y si hablamos de la genial dupla de guitarras de Doug Aldrich y Reb Beach, su rol es completamente protagonista a lo largo de todo el disco, sobre todo Aldrich que compuso todo el material trabajando codo a codo con Coverdale y un gran ejemplo de aquello es la espectacular ‘All For Love’ un corte con un inicio que deja completamente patidifuso por las maravillosas armonías gemelas de Aldrich y Beach, demostrando la gran e inspirada química que emana de estos renovados Whitesnake. El corte final también es otro memento de una elegancia épica y refinada, en efecto, ‘Til the End of Time’ es un cierre reposado y con algunos aires folk. Un reflejo de la tierra de los “Northwinds” de donde viene Coverdale. Tiene un guiño a algo como ‘Soldier of Fortune’ de Purple, pero también a algo de Zeppelin, y en esas aguas es donde mejor se mueve Coverdale. Creo que sobre “Good to Be Bad” no hay dos opiniones, es un gran disco que puede pararse con total dignidad al lado de obras mayúsculas como “1987” y “Slide it In”; y con 30 años de carrera y un largo silencio discográfico mediante, logra superar todas las expectativas (las reticentes y las más fanáticas), y lo que es mejor, el grupo muy pronto nos estará mostrando sobre el escenario del Teatro Caupolicán lo que pesan estas nuevas canciones. Escuchando este fantástico álbum y conociendo los auspiciosos y espectaculares avances de los discos de Dokken, Mötley Crüe y Judas Priest, entre otros, está claro que este año nuevamente estará ampliamente dominado por los dinosaurios, esos especímenes grandiosos y poderosos que ahora suman una serpiente blanca que lejos de estar fosilizada, está más viva y letal que nunca. Simplemente prueba su mordida y déjate llevar. He aquí otra deuda ampliamente saldada. Cristián Pavez Tags #Whitesnake # 2008 # Hard Rock # David Coverdale # Reb Beach # Doug Aldrich # Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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