Corrosion of Conformity Good God / Baad Man Miércoles, 15 de Abril de 2026 2026 - Nuclear Blast Records Los discos dobles no son fáciles, así que era normal sentir un poco de suspicacia ante el anuncio de que Corrosion of Conformity iba a transitar por ese camino. “The White Album” (1968) de The Beatles, “Exile on Main St.” (1972) de The Rolling Stones, “Quadrophenia” (1973) de The Who, “Physical Graffiti” (1975) de Led Zeppelin, “The Wall” (1979) de Pink Floyd o “Use Your Illusion” (1991) de Guns N’ Roses son casos excepcionales que se entienden en la época de oro del disco por sobre los singles, pero en estos días es raro. En el siglo XXI hay pocos dobles así de memorables, más bien son monstruos casi indomables que sufren de aguda verborrea sonora y brillan por un puñado de canciones. El auditor se ve envuelto en un esfuerzo titánico para mantener la atención. Como ocurre con “Stadium Arcadium” (2006) de Red Hot Chili Peppers o “Hardwired…To Self Destruct” de Metallica (2016), pocas veces vuelve a abordarlos en su totalidad tras las primeras escuchas. Al final, estos elefantes blancos quedan abandonados. Afortunadamente, este no es el caso de “Good God/Baad Man” (2026), grabado en Blak Shak Studios en Riffissippi, EE. UU., Dockside Studios en Maurice, Louisiana, y en el estudio casero de Barry Gibb (Bee Gees) en Miami, Florida. Tras el deceso del baterista Reed Mullin en enero del 2020, se esfumó la ilusión de tener una continuación del demoledor “No Cross No Crown” (2018) con la alineación estelar completada por el guitarrista Woody Weatherman, el bajista Mike Dean y el vocalista / guitarrista Pepper Keenan. La cosa se puso cuesta arriba con el alejamiento de Dean en 2024, quien admitió que se le hacía difícil seguir sin Mullin y colaborar con los demás miembros de la banda que viven a varios kilómetros de distancia. Así las cosas, Weatherman, hombre ancla en toda la carrera de C.O.C, afrontó la composición solo con Keenan, sentados frente a frente, compartiendo riffs y algún bebestible de por medio. Compositivamente, es un enfoque distinto, ya que el trabajo grupal en sala siempre fue su método habitual. ¿Se nota este cambio de planteamiento? Si no eres un turista en Corrosion of Conformity, lo vas a notar de inmediato. ‘Good God?/Final Dawn’ revela la alianza inquebrantable de las hachas comandadas por Keenan y Weatherman, más los adornos propios del chico nuevo del barrio, el bajista Bobby “Rock” Landgraf, que muchos recordarán por su paso en Down, y del celebrado baterista Stanton Moore, el mejor nombre para tomar el sillín de Mullin, tal y como lo hizo en “In The Arms of God” (2005). De hecho, el ataque de este último es acelerado, distinto y atronador, al mismo tiempo abre paso para que Keenan nos regale uno de los mejores coros de todo el registro. Por su parte, ‘You Or Me’ comienza de manera sabbathica para terminar en una revuelta punk, convivencia que exige atravesar un túnel bien oscuro de ambientación apocalíptica, pero vale la pena. En ‘Gimme Some Moore’ se aborda la agresividad igual que en “No Cross No Crown”, es decir, luciendo su madurez sin perder un ápice de urgencia. Es una de las que debería quedar en el repertorio para el futuro, sin dudarlo. ‘The Handler’ es más que un riff entretenido y una interpretación deschavetada de Keenan en lo vocal, es stoner fabricado a mano para el headbanging cadencioso, con una repetición adictiva para quedar pegado en el techo. La siguiente parada es ‘Bedouin’s Hand’, un instrumental de transición a la manera de “Blind” (1991) o “Deliverance” (1994) que prepara el ambiente para que el riff de ‘Run For Your Life’ caiga directo en la cabeza como un yunque sónico. Es una bestia que te despedaza en 9 minutos de puro southern metal arenoso. Aquí Keenan no solo brilla en una melodía propia de su persona, sino que su voz se escucha prístina y encaja con esas guitarras gemelas que él y Woody tanto admiran de Lynyrd Skynyrd o Thin Lizzy, a la vez que Bobby “Rock” Landgraf sostiene el peso desde el bajo. Si al principio se notaba cómo los elementos iban sumando a una nueva encarnación, acá el funcionamiento responde a sus señas de identidad. Ya sea como apertura de la segunda parte o como continuación de la obra completa en algún servicio de streaming, ‘Baad Man’ es la expresión más canchera de la banda, esa que se desplegó a gusto en “America's Volume Dealer” (2000), un poco más ligera, pero siempre con personalidad. Justo cuando las bases electrónicas en tono futurista están a punto de descolocarte, la guitarra de ‘Lose Yourself’ aparece para refugiarte en un entorno parecido a “Wiseblood” (1996), con una efectividad super noventera en fondo y forma. ‘Mandra Sonos’ te engaña porque te llama con sus cuerdas Zeppelianas hasta que el bajo distorsionado de Landgraf te golpea en el estómago y, cuando ya estás en el piso, te remata con ‘Asleep On the Killing Floor’, que mezcla la intensidad de esta nueva configuración de C.O.C con el gancho clásico de “Deliverance” (1994). La instrumental ‘Handcuff County’ exhibe la soltura del cuarteto, mientras que ‘Swallowing the Anchor’ muestra que pueden relajarse tanto como para abordar el sabor de ZZ Top porque también hay tiempo para divertirse entre tanto caos. Ondera, fiestera e inesperada. En la penúltima estación, ‘Brickman’ surge como un ejercicio interesante porque Pepper y compañía dominan lo sureño como si amenizaran un viaje en carretera con el desierto expandiéndose en el horizonte. Su contraparte, ‘Forever Amplified’, es un final de alto octanaje que a veces logra un tono épico y otras espacial, aludiendo nuevamente a un riff que podría durar por siempre. Cuenta con la participación de Anjelika “Jelly” Joseph, cantante que domina las artes del góspel en la banda de jazz-funk Galactic de Nueva Orleans, una fusión que más de algún entendido en las materias sabbathicas relacionará con el ‘Time Travelling Blues’ de Orange Goblin porque causa un efecto similar: la ascensión del espíritu a los más profundo de la galaxia. La sabiduría popular dice que todo disco doble podría haber sido un tremendo disco simple, pero la verdad es que “Good God/Baad Man” (2026) es más bien el reflejo de una agrupación señera con mucho que contar. La constante mención a otros esféricos en esta reseña es intencional, no porque no tuvieran ideas, sino porque la justificación es proporcionar una panorámica de todas sus etapas, no con una narrativa conceptual, sino que sonora, y el objetivo se logra. Lo nuevo está en cómo Moore y Landgraf se pliegan a la aventura encabezada por Weatherman y Keenan y abren una etapa en la que no solo se mueven con soltura en su propio terreno, sino que salen a conquistar otros. Claro, como todo doble, es un poco cansador, pero tiene la gracia de cumplir con lo que propone y se suma al catálogo sin que otras partes queden en el olvido, ni abusar de la verborrea musical. Producido por el ganador del Grammy Warren Riker (Down, Cathedral) y con la portada del artista de Nueva Orleans Scott Guion, “Good God/Baad Man” no es una placa para novatos, es una clase de historia que Corrosion of Conformity le da a sus mejores alumnos sepultando todos los prejuicios con la herramienta más poderosa de todas: riffs que vuelen más alto que el albatros. Pablo Cerda S. Tags #Corrosion of Conformity #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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