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Tenemos más influencia con sus hijos: "El ritual de Jane's Addiction"

La historia detrás de un clásico del rock alternativo

Tenemos ms influencia con sus hijos:

De ya una contundente trayectoria como periodista musical en varios medios de Argentina, el periodista Fabrizio Pedrotti se embarcó, hace cinco años, en la tarea de escribir un libro de uno de sus discos favoritos y uno de los que considera fundamental para entender la cultura alternativa de los 90: “Ritual de lo Habitual” de Jane’s Addiction. Conversamos en exclusiva con el autor, quien nos contó sobre el proceso investigativo y su visión sobre un trabajo subvalorado frente a otros fenómenos de la época.

Para las nuevas generaciones, Perry Farrell es conocido por haber concebido el colorido Lollapalooza en 1991, el año del year punk broke. En aquel entonces, estaba lejos aún de estar emparentado con el lucrativo negocio del entretenimiento, y más bien comulgaba con el lado oscuro del rock, con los excesos propios con los que se vendía la rebeldía juvenil y el estrellato rockero: sexo, drogas y rocanrol. En medio de esa vorágine, un año antes de aquel primer festival, Farrell junto a su banda Jane’s Addiction se despacharon uno de los discos más reveladores e importantes para la cultura alternativa e independiente: “Ritual de lo Habitual”.

Mientras todo eso sucedía, Fabrizio Pedrotti (26) aún no nacía. El vínculo del periodista musical argentino con los californianos recién se daría en 2005, cuando descubre que la banda salía destacada en dos oportunidades en el afamado libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir” de Robert Dimery. De ahí comienza un fanatismo que, sumado a su inquietud como periodista por contar la historia de cómo se gestó el álbum “Ritual de lo Habitual”, lo llevó a una investigación acuciosa que terminó en la realización del libro “El Ritual de Jane’s Addiction”, una radiografía exhaustiva al periodo de gestación, publicación y promoción de aquel disco, el segundo de estudio de la banda. Publicado por la editorial especializada argentina Gourmet Musical (y distribuido en Chile por Big Sur), el libro consta de 150 páginas dividido en 3 grandes capítulos; fue prologado por el mismo Perry Farrell y el insigne Mike Portnoy, y para su elaboración, Pedrotti aparte de entrevistar a los cuatro miembros de Jane’s Addiction, contó con los testimonios de grandes músicos como Chino Moreno, Henry Rollins, Scott Ian, Nick Oliveri, Corey Glover, Jimmy Chamberlin, entre varios otros, además de gente que estuvo relacionada con la banda y la producción del disco directamente, como ejecutivos del sello, sesionistas, fotógrafos, productores, técnicos y ex novias, como Casey Niccoli, co-diseñadora de la carátula y figura clave de aquella era.

- En las primeras páginas cuentas el cómo se dio escribir el libro. Pero me gustaría saber otra génesis: ¿cómo llegaste a la banda? ¿Qué es lo primero que te impactó de ellos?
- Los escuché por primera vez cuando tenía doce años. Mis padres me regalaron el libro “1001 discos que hay que escuchar antes de morir” para esa Navidad, y tanto “Nothing’s Shocking” como “Ritual de lo Habitual” aparecían destacados en sus páginas. Ya había oído los típicos grupos de rock clásico (como Deep Purple, Led Zeppelin, Black Sabbath o Pink Floyd) y sentía mucha curiosidad por descubrir cosas que fueran novedosas para mis oídos. Lo primero que oí de Jane’s Addiction fue ‘Ocean size’, del disco “Nothing’s Shocking”. Me pareció totalmente novedoso, no sonaba a nada que hubiera oído antes. Era un espíritu de hard rock mezclado con postpunk, el bajo estaba bien al frente (algo que me parecía raro porque las bandas que había oído antes tenían siempre las guitarras en primer lugar, y yo justo estaba aprendiendo a tocar ese instrumento) y la voz de Perry me parecía de otro mundo. Así que el primer impacto fue de sorpresa, sin entender demasiado. Quedé un poco descolocado. Pero entendí que era música que, si la seguía escuchando, me iba a terminar de hacer click. Hoy me acuerdo de la tarde exacta en que los escuché por primera vez, algo que no me sucede con demasiados grupos. También me acompañaron a lo largo de muchas etapas de mi vida. Por ejemplo, cuando tuve mi ruptura con mi primera novia del colegio, lo que hice fue encerrarme en mi cuarto, agarrar el bajo y tocar ‘Three days’ sin parar. Fue como una catarsis y me ayudó, por un rato, a olvidarme del mal trago (risas). También, recuerdo ir a clases de batería a esa misma edad, y pedirle al profesor que me enseñara a tocar temas como ‘Pigs in zen’, ¡‘Stop!’ y ‘Been caught stealing’. Y bueno, más allá de que soy seguidor de la banda, en ningún momento se los comenté a ellos. Siempre me interesó mantener a rajatabla la relación estrictamente de periodista/entrevistado. Nunca se enteraron de que era fan, ese fue sólo un motor mío interno.

- Antes de iniciar la investigación más profunda y todas las entrevistas que realizaste, qué le encontraste a "Ritual de lo Habitual" para tomar la decisión de escribir todo un libro sobre él y no una biografía de la banda.
- Encontré que en el lapso de un año y medio (1989-1991), sucedieron un montón de cosas increíbles: desde el ascenso del grupo a la fama, pasando por la grabación del disco, hasta la fundación de Lollapalooza y la separación de la banda. Me parecía increíble que un grupo decidiera disolverse y que, a raíz de eso, inventaran el festival más grande de nuestros tiempos… ¡pero que pocos de los asistentes de hoy lo sepan! Si escribía un libro que contara la historia completa de la banda, seguramente el análisis que iba a hacer sobre “Ritual…” hubiera sido más acotado, y por cuestiones de espacio no hubiera podido indagar tanto. Por ende, preferí enfocarme en el período más interesante y explorarlo a fondo. Pero, sobre todo, quería hacerlo bien divertido: hay una serie de episodios que suceden en el primer capítulo, por ejemplo, que no se resuelven hasta la mitad del libro. Lo mismo con otras situaciones desopilantes: sentí que podía organizarlo de esa forma porque la historia en sí es novelística y quería que el libro no decayera en ningún momento. Aunque siempre se mantiene la línea de tiempo biográfica, arrancando con los inicios y terminando con la separación del grupo.

Tenemos más influencia con sus hijos:

- ¿Qué fue lo más difícil del proceso de investigación y entrevistas?
- Lo complicado de las entrevistas fue que cada miembro del grupo tiene diferentes mánagers o asistentes, por lo que tuve que enviar infinitos mails y hacer muchas llamadas hasta llegar a las personas indicadas. Todo eso sumado a que soy sudamericano, que era mi primer libro y que jamás había tenido un mínimo contacto con ellos. Por ejemplo, Eric Avery, parte fundamental de la historia, dejó Jane’s Addiction y es miembro de Garbage desde 2005. Entonces era lógico que se mostrara reticente a hablar sobre su pasado, pero eso cambió cuando se dio cuenta de que el proyecto iba en serio. Con él hice varias entrevistas telefónicas y por Skype, y cuando vino a tocar a Buenos Aires con Garbage en 2016, fuimos a cenar. Ahí terminé de redondearle la idea y tuvimos un reportaje larguísimo, de más de tres horas. Me trató como a un amigo, prácticamente. Lo gracioso fue que al día siguiente le tocaba dar el concierto con Garbage, y casi no pudo subirse al escenario porque le cayó mal la comida del restaurante al que habíamos ido. Así que por culpa de esa entrevista/cena, Buenos Aires casi se queda sin verlos en vivo (risas). Esa vez también le regalé un box set de Bauhaus, una de sus bandas favoritas (de hecho, David J aparece en el libro), como agradecimiento por su colaboración. Con Dave Navarro, el inconveniente fue que su memoria era un poco acotada y no se acordaba de cosas puntuales (él mismo lo adjudicaba al consumo de drogas desmedido de esa época). Así que tuve que hacerle preguntas bastante específicas para tratar de que se disiparan esos baches, y también aproveché para que me diera su visión retrospectiva de cómo suena el disco hoy, por ejemplo, y qué legado siente que dejó. Perry Farrell y Stephen Perkins fueron muy amables y cada uno recordaba diferentes fases de lo que había sucedido, lo cual me ayudó a complementar la historia desde diversas perspectivas. Por ejemplo, Farrell tenía muy claras las ideas sobre la composición de todas las letras, y Perkins recordaba exactamente qué micrófonos se habían usado en cada cosa y cuáles elementos había incorporado en cada canción.

- ¿Hubo otros testimonios claves que te ayudaran a encausar el relato del libro?
- El libro no hubiera salido sin los testimonios de los cuatro miembros de la banda, pero a la vez me toca admitir que algunos personajes que parecían secundarios fueron los que más me aportaron en términos de material inédito. Ciertos managers, conocidos del grupo y el propio personal del estudio eran los que muchas veces tenían más memoria, y como nunca habían hablado ante la prensa, sus perspectivas eran frescas y sorprendentes. Así que, en ese sentido, todos los entrevistados terminaron siendo personajes principales en el libro: desde los más importantes hasta los que habían ejercido un rol más pequeño. Fueron más de cien horas de entrevistas a lo largo de cinco años, y otra de las complicaciones fue coordinar las agendas de cada uno. La mayoría de los involucrados viven en los Estados Unidos, pero hay otros en Australia, Canadá, Inglaterra o México, por ejemplo. Entonces tenía que saber que había reportajes que iban a tardar más en concretarse, porque estaban comprometidos con trabajos (como giras o sesiones en el estudio) o por las diferencias horarias. Así que hubo muchas, muchas noches sin dormir. Pero valió la pena totalmente, y fue hermoso ir sintiendo que cada vez más me acercaba al objetivo.

- A ya 30 años del lanzamiento de "Ritual...", ¿cuáles son las lecturas que sacas del disco, que puedan hacer eco en la actual generación de músicos de la escena alternativa?
- Fundamentalmente, que existe un punto intermedio entre ser comercial y hacer lo que uno quiere. Jane’s Addiction lo demostró: el disco llegó al doble platino, pero tiene canciones de más de diez minutos, con pasajes extravagantes y llenos de controversia. Perry era bastante visionario en cuanto al marketing y sabía escribir hits como ‘Jane says’, pero por otro lado le supo sacar el jugo a sus propias ideas contraculturales. Funcionaba como cuasi-mánager, cantante y artista visual. Hoy es fundamental contar con alguien así en una banda, un personaje que empuje más allá de lo estrictamente musical. En la tapa de “Ritual…” había un ingrediente artístico enorme y sentido, pero también una gran provocación al sistema. Él era totalmente consciente del efecto que iba a causar en las disqueras, por ejemplo. Así que diría que pudieron construir una carrera alternando el punto justo entre lo comercial y lo estrictamente artístico, y creo que esa enseñanza es clave para cualquier músico de rock de hoy: encontrar el balance y tener una visión estratégica son fundamentales.

- ¿Cuáles son tus influencias como periodista y escritor?
- Hay dos periodistas que admiro profundamente: uno es Günter Wallraff, un alemán al que descubrí mientras estaba un poco desilusionado con mi profesión, allá por 2015. Fui a una librería en búsqueda de algo que me devolviera el entusiasmo y las ganas de hacer periodismo, y en la sección de Comunicación encontré un libro suyo llamado “El Periodista Indeseable” (1970). Luego me adentré en su obra, y me fascinó porque desde los 70 se dedica a hacer periodismo encubierto. Su modus operandi es el de disfrazarse y hacerse pasar por otra persona (un turco de clase baja, por ejemplo), y relatar las injusticias desde ese punto de vista. Hubo casos en los que trabajó en empresas hacinadas durante meses, viviendo una vida paralela como falso inmigrante en Alemania solo para poder relatar las experiencias desde adentro. De alguna forma, me reafirmó que lo más importante en el periodismo es ir a las fuentes y tratar de empaparse lo máximo de las palabras o vivencias de los protagonistas. Si él había podido hacer eso, ¿por qué yo no iba a lograr un proyecto como este? El otro es Neil Strauss, conocido en el ámbito rockero porque escribió “The Dirt”, la biografía de Motley Crue; y también las de Dave Navarro, Marilyn Manson y otros personajes. Me identifico más con él que con escritores culturales como Greil Marcus, por ejemplo, porque el estilo de Strauss es profundamente irónico, divertido y llano. Mi obra favorita de él es “Todos te Quieren Cuando Estás Muerto” (2011), que es uno de los libros musicales más jocosos y entretenidos que leí. Algo de ese espíritu intenté plasmar en “El Ritual de Jane’s Addiction”: me parecía importante que la historia fuera interesante de por sí, tanto para los fanáticos de la música como para un lector totalmente alejado de la materia. Por eso, y porque conoció a Navarro desde cerca, Neil Strauss es otro de los entrevistados especiales del libro. También soy un gran amante de la literatura en general, y particularmente de los libros de terror. Entre mis favoritos están “Drácula”, de Bram Stoker (que dista mucho de la película), “El Misterio de Salem’s Lot”, de Stephen King, “El Caso de Charles Dexter Ward”, de H.P. Lovecraft, y “La Última Salida”, del argentino Federico Axat.

César Tudela

Encuentra este contenido en nuestra revista #Rockaxis195.

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