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Mon Laferte: Queen de corazones

Mon Laferte: Queen de corazones

Activa en redes sociales, tan fan de Janis Joplin como de sus gatos, y dibujante en sus tiempos libres, Mon Laferte es un fenómeno inusual dentro de nuestra música popular. Una artista camaleónica que ha pasado de ser baladista pop a formar filas en un grupo de metal; de incursionar en el rock alternativo y luego en las músicas caribeñas; y de tocar en las calles al escenario principal de Coachella. La viñamarina clase 83, hija de una familia que a muy temprana edad quedó sin la figura paterna, hoy se codea con los grandes de la música y es una de las mujeres más escuchadas en las plataformas de streaming.

Por César Tudela

La biografía de Mon Laferte es más o menos conocida. Creció en Viña del Mar, en una casa donde los boleros sonaban coreados por su abuela Norma y donde había una guitarra que se ganó en un concurso a los nueve años. En su adolescencia, pudo haber estudiado becada en el conservatorio de música de la ciudad jardín, pero prefirió cantar y aprender de la experiencia de la rutina diaria, en los más diversos escenarios. Estuvo en un concurso de talentos televisivo, donde grabó sus primeras canciones, para luego irse a México a probar suerte y hacer lo que realmente le gustaba. Es acá cuando su arte y su carisma, luego de diez años de incesante trabajo –y ganándole la batalla a un cáncer de por medio– la ubicaron como referente de la nueva música pop. Sus canciones sufridas y palpitantes, sus shows intensos y su performance dramática, la transformaron en una artista descollante y transversal. Hoy vive un momento envidiable, de gira por el mundo con su último disco “Norma (2018). Y ya no solo le canta al desamor desde su inherente posición como mujer, sino que abraza la causa feminista y no se cierra a volver a la electricidad del rock con el que siempre ha coqueteado.

No te me quites de acá

Febrero de 2017. Se hace de madrugada cuando llega el turno de Mon Laferte. Tiene la difícil tarea de salir después de dos fuertes shows juveniles internacionales –J Balvin y Lali Espósito– en la última noche del Festival de Viña, el escenario más importante de Latinoamérica para un artista pop, sobre todo por la intensidad del público presente y la cantidad de los que miran por el televisor. Pese a la hora y los pronósticos (para una audiencia considerable seguía siendo Monserrat Bustamante, una de las chicas de Rojo), el público de la Quinta Vergara no se movió, sino que estaba esperando precisamente ese show. Las tomas de las miles de personas coreando sus canciones dejan petrificado a cualquiera. En momentos, apenas se puede escuchar la voz de Mon, que era flanqueada por un coro masivo que parecía un estruendo. Ese día, la viñamarina se bajó triunfante de ese escenario y, más importante aún, se convirtió en la nueva diva de nuestra música popular a ojos de todo un país de manera transversal. Nacía “Queen Monse”.

«Volví a casa» fue lo último que dijo en esa presentación antes de la aparición de los animadores y luego de cantar su hasta hoy máximo hit, ‘Tu falta de querer’, casi como sacándose los demonios internos con cierto imaginario épico. Qué momento. Para la escena que representa, sería el equivalente de ver consagrarse en su tierra a Cecilia a mediados de los 60 o La Ley en los 90. Fue el big bang de algo grande y que no ha cesado de crecer. La eclosión de una de las artistas femeninas más importantes que ha dado Chile.

Hoy, a horas de realizada esta entrevista, es confirmada nuevamente como número principal para que lleve su show al Festival de Viña. Un retorno para reclamar su reinado. Pero desde esa primera presentación a esta parte ha pasado mucho agua bajo el puente: dos discos de estudio (el último producido por Omar Rodríguez-López), colaboraciones con Juanes y Enrique Bunbury, giras por Estados Unidos y Europa –en festivales y fechas propias–, donde se dio hasta el lujo de cantar un cover de Dua Lipa en Coachella. En septiembre brindó en solitario un hermoso show en un repleto Movistar Arena –cerrando las cinco fechas de la gira de “Norma” en nuestro país–, donde una vez más confirmó que está en a un nivel superlativo y en su mejor momento.

Es justamente sobe ese disco que la trajo de vuelta al país para tocar –recordemos que está radicada en México– con el que partieron las preguntas.

- Con el tiempo que ha pasado desde su publicación y con decenas de shows en el cuerpo, ¿cómo percibes hoy “Norma”?
- Creo que uno pasa por temporadas con los discos. Por ejemplo, cuando recién lo grabé me encantó, pero después, cuando pasaron los meses, le empecé a encontrar un montón de defectos que podría haber mejorado. Ahora ya de nuevo me encanta, es lo que hice y siento que fue una valentía muy grande haber grabado un álbum en el 2018, en cinta, en vivo y en una sola toma (sin editar nada), totalmente a contracorriente por la necesidad de experimentar nomás. Entonces, a “Norma” no solo me gusta, sino que lo amo.

- Pese a esto, no ha parado tu productividad y ya has grabado y compartido nuevas canciones.
- Siempre quiero estar haciendo cosas nuevas, soy muy inquieta, entonces ya estoy creando música nueva. De hecho, como dices, ya he publicado tres canciones inéditas en lo que va de este año (‘Chilango blues’, ‘Canción de mierda’, ‘Paisaje japonés’), pero eso no quiere decir que de vuelta la página de “Norma”, sigo tocando el álbum en la gira e incorporando estas canciones nuevas.

“Norma” salió en noviembre de 2018 y rápidamente comenzó a posicionarse en radios, playlists y rankings. Incluso, según ella misma mostró con emoción y orgullo en su Instagram, la promoción de este disco incluyó una gigantografía con el arte del disco en pleno Nueva York. Así, llegó al no. 1 de los álbumes latinos más vendidos según Billboard y solo en México vendió más de cien mil copias, logrando un doble platino en épocas donde las mediciones más bien se hacen en las plataformas de streaming. Ahí, la chilena también es imbatible: más de tres millones de reproducciones mensuales. El disco, que fue grabado en los emblemáticos Capitol Studios, fue producido nada menos que por Omar Rodríguez-López, el inquieto guitarrista puertorriqueño-estadounidense con pasado en los rutilantes proyectos como At The Drive-In y The Mars Volta, por nombrar los más conocidos. Sobre cómo fue el trabajo con él y lo aprendido en el proceso de grabación, la viñamarina no escatima en elogios: «Omar es increíble, súper creativo. Le confié mucho del trabajo. Creo que una de las cosas que aprendí fue a soltar. Me acuerdo que le entregué las canciones solo con guitarra y voz, y le di una idea general de cómo me gustaría que fuese el álbum: que tuviera la idea de collage, que sonara a viejo pero que también le metiéramos algunas canciones, si él quería, con bases electrónicas. En realidad, le dije: “haz lo que quieras” (risas). Me encantó el desligar la idea y que luego llegaran las canciones y ver cómo las percibía, porque yo hubiese hecho otros arreglos como productora, por mi experiencia, pero él las llevó a otro sitio. Me parece que es un gran artista, un gran productor que sabe escuchar –eso es muy lindo de él–, que entiende muy bien cuál es su rol, pero sabiendo también que es el trabajo de alguien más, entonces hizo lo posible para que los dos quedáramos contentos».

En base a esa experiencia, no titubea al decir que le encantaría trabajar de nuevo con él, incluso explorando en un terreno más rockero. «Le encanta trabajar en varias cosas a la vez y ya tenemos un proyecto juntos más alternativo que sigue ahí esperando su momento. Pero estaría interesante hacer otro disco, a lo mejor retomando las guitarras con distorsión. Sería increíble». Por lo demás, Mon ya ha demostrado sus dotes en el campo del rock alternativo, con un disco que hoy parece de culto, “Tornasol” (2013), donde la guitarra tiene un protagonismo sorprendente, que se acerca a la sonoridad poderosa y bailable de Franz Ferdinand, Gossip y The White Stripes.

Sin embargo, para “Norma” la artista desarrolló una colorida mezcla entre lo que ya venía haciendo con el bolero –que aprendió desde muy niña en casa– con una inquietud bien melómana de ir escuchando viejos vinilos de música caribeña –el eje medular que permea todo el disco–, de donde fue sacando las ideas que finalmente plasmó en su último trabajo. «Quería que fuera un álbum muy caribeño pero que no perdiera mi identidad de cantautora ya que, finalmente, lo que más me gusta es escribir canciones y contar historias. Entonces, inspirándome en la música del pasado fue como trabajé “Norma”. Le iba mandando referencias a Omar de canciones que estaba escuchando de artistas como Fania All Star, Yma Sumac, La Lupe –que fue una gran inspiración–, Carmen Miranda, José Antonio Méndez… en fin, mucha orquesta».

El resultado fue una fusión de elementos de música latina incorporando cosas del caribe y de Sudamérica, donde resalta el espíritu de la canción cebolla que ya tiene incorporado, con letras pasionales que, según nos cuenta, le salen todas “de la guata” y sus característicos fraseos vocales de inequívoca escuela: a lo Cecilia, La Incomparable. «Para mí, ella es una maestra. La amo», se confiesa.

Amor completo

La gira de “Norma” lleva decenas de fechas acumuladas tanto en Latinoamérica como Estados Unidos y Europa, con una rutina de shows ya cada vez más constantes y masivos. Una forma de trabajo muy cercana a las grandes estrellas del pop mundial, algo la cantante admite que siempre deseo, pero que recalca en el punto que lo conseguido ha sido fruto de un trabajo arduo y constante, que no se dio de la noche a la mañana. «A lo mejor no hacía conciertos por el mundo, pero toda mi vida he perseguido mi sueño de tocar, desde que empecé a cantar absolutamente todos los fines de semana en algún bar o donde sea. Siempre he estado tocando, nunca he parado, pero claro, estar de gira en Estados Unidos es como… si me hubiesen dicho esto a los 15 años hubiese dicho que era un chiste».

Dentro de su itinerario, algo que no fue broma fue su inclusión en el cartel de la edición 2019 del gigantesco Coachella, festival que se realiza en los pastos californianos y que también tuvo en su line-up a las chilenas Javiera Mena y Tomasa del Real, con la diferencia que Mon lo hizo en el escenario principal, mismo lugar donde aquella noche del viernes 12 de abril se presentaron artistas de la talla de Kacey Musgraves, Anderson .Paak, The 1975, Janelle Monáe y Gildish Gambino, entre otros nombres que también tuvo el festival como Rosalía, J Balvin, Weezer, Aphex Twin, Tame Impala y Ariana Grande. En esa liga está jugando nuestra Queen Monse. «Fue muy loco porque además fueron dos fines de semana. Durante el primero, no andaba con el mejor ánimo, estaba nerviosa y no me había dado cuenta que estaba en Coachella, a pesar de que todos se encargaban de decir y recordármelo, pero no había reaccionado. Ya para el segundo finde, mientras hacía mi show, me di cuenta que estaba tocando en uno de los festivales más importantes del mundo, además de estar haciéndolo en el escenario principal, y que ahí mismo al otro día tocó Tame Impala, una banda que me encanta. La verdad es que es alucinante y creo que ahora, viéndolo con el tiempo, es increíble darse cuenta que la música en español o la música latina –más allá de la mía– pueda darse a conocer en esos espacios. Es sorprendente lo que ha cambiado el mundo y que ya el idioma no es un impedimento, eso me emociona un montón… es fascinante recién darme cuenta que toqué en Coachella…».

Aquel ritmo frenético que ahora tiene su carrera, aunque dice que ha sido increíble, la ha tenido agotada física y emocionalmente, ya que ha hecho en los últimos meses, en promedio, casi un concierto cada dos días. «A veces, hasta uno tiene síndrome de abstinencia porque si haces cuatro shows seguidos y luego tienes dos días libres, se genera un vacío y en la interna uno dice “quiero seguir tocando”», nos relata, se ríe y agrega: «es raro, es cansador, pero en el fondo se lleva bien por las personas. Para mí es fundamental que seamos afín todos, que nos queramos, que nos cuidemos como hermanitos todos». Es acá cuando le da un rol importante en este proceso a los músicos que la acompañan: «la banda que tengo ahora es un lujo, artistas y compositores que son todos súper virtuosos. A veces, cuando estoy tocando sobre el escenario y los escucho, me pregunto “¿esa es mi banda? ¡No puedo creerlo!” (risas). Suenan demasiado hermoso y cada vez estamos más amarrados y haciéndonos amigos»

Una de las cosas llamativas de su banda ha sido la inclusión –por propia decisión de Laferte– de tres músicos chilenos: Rulo (David Eidelstein), bajista histórico de Los Tetas y que ha encausado una carrera solista en el último tiempo; Cancamusa, el alter ego del proyecto solista de Natalia Pérez, incansable compositora de gran proyección en la escena pop y excelsa baterista de Amanitas; y Sebastián Aracena, habilidoso guitarrista ex Silvestre, que grabó las guitarras en el álbum. Sobre qué fue lo que vio en cada uno de ellos para tomar la decisión de hacerles el llamado e invitarlos a ser parte de su staff, nos responde que: «Sebastián es uno de los músicos más virtuosos que he conocido en mi vida. A la Nati la conocía desde antes, tocaba conmigo desde los primeros discos en el 2012 y siempre le estuve diciendo que se fuera conmigo a México porque siento que tiene mucho lenguaje musical, no solo es una muy buena baterista, sino que ella también es compositora, algo que yo buscaba para mi banda: un músico que entendiera el concepto general de la canción y no fuera solo intérprete. Entonces siempre la estaba invitando, pero no la podía convencer, hasta que lo logré y aceptó irse a vivir a México. Al Rulo lo conocí por Seba, ya que toca en su proyecto solista y estuvimos conociéndonos mucho por amistades comunes, carretes, tocando en algunas bohemias por ahí y me volví muy fan de su trabajo, además que también es compositor. Y nada, sentí que cada uno iba aportar un montón a la banda y así ha sido. Junto a ellos, ha sido bellísima la experiencia de “Norma” en la gira».

- ¿Cuáles son las canciones que más te gusta tocar en vivo?
- ‘El mambo’ siento que es una de mis canciones más divertidas y como lo más experimental que he hecho. Es como progre esa canción. Y me gusta mucho como suena en vivo, cuando está toda la orquesta tocando y luego baja a la parte del rap, algo que es nuevo para mí y que salió improvisando en el estudio cuando grabamos esa parte. Hay una canción lenta –la única balada del álbum– que se llama ‘Quédate esta noche’, que últimamente la estoy disfrutando mucho. En la banda tengo un pianista que es brutal, que cuando estoy cantando y escucho su piano me emociono muchísimo. También disfruto mucho, mucho la salsa ‘Por qué me fui a enamorar de ti’, que creo tiene uno de los arreglos más increíbles de todo el álbum.

- Justo nombraste ‘El mambo’ que es, como dices, donde realizaste un acercamiento al rap. ¿Es parte de tu inquietud musical explorar en la música urbana, muy de moda hoy?
- La verdad es que quería hacer un mambo que hablara acerca de los celos y no podía decir todo lo quería, porque los mambos son más musicales que otra cosa y no tienen mucha letra (el mambo clásico, al menos). Pensé mucho en cómo hacer para poder decir todo lo que quería. Entonces, me pareció que esa era la excusa perfecta para introducir un toque más actual en el álbum (hay otras canciones que tienen bases electrónicas) y cuando escuché la combinación de mambo más rap me encantó, pero no tengo mayores inquietudes de estar en el género urbano, porque se me hace burdo en este momento. Es como decir “ahora que todos están haciendo urbano yo también lo voy hacer”. No sé, aparte no es un tipo de música que ahora sienta en la guata y, por lo general, me muevo en las músicas que me apasionan. Igual, hay unos proyectos de trap que sí me parecen interesantes, por las letras, pero no es algo que me emocione a tal punto de hacer un álbum completamente de música urbana, pero no digo que no. Pienso que uno no puede tener una mentalidad cerrada y creo que soy una persona que siempre está con ganas de experimentar, de crecer, de aprender, porque finalmente la música es arte y diversión, o como lo quieras ver. Lo mío, al menos, intento que provoque cosas en la gente, que sea pasármela bien haciendo sentir emociones a los demás.

- Siguiendo un poco con esto, el urbano ha cambiado las reglas de la industria y su masividad ha ido en aumento. Hoy, teniendo solo una canción puedes generar millones de reproducciones y lograr reconocimiento (como lo hicieron Bad Bunny o Paloma Mami). ¿Qué opinas de todo este fenómeno?
- Creo que está bien y, por ejemplo, hablar respecto a artistas como Paulo Londra o J Balvin responde a una necesidad de la gente de querer tener ese tipo de artistas y ese tipo de música, que no necesitan un álbum. Hoy hay espacios y público para esa escena, que va mucho a festivales y está bien que exista todo este universo, así como también hay gente que aún va más por el disco. Ahora estoy experimentando con canciones sueltas –una por mes–, nunca antes lo había hecho y está bien, es todo como mucho más al instante y me ha gustado hasta ahora la experiencia de ir soltando singles que no sean necesariamente parte de un proyecto/disco.

Mon Laferte: Queen de corazones

Nada cambiará

Pareciese como si siempre Mon Laferte ha pertenecido a las luces estridentes del mainstream, amparada por un label multinacional. Pero no. Luego de muchos años tocando en las calles y bares, donde incluso regalaba sus primeras grabaciones, se formó bajo la ética de una artista independiente. Conociendo los pros y contra de cada forma de trabajo y conversando al respecto de eso, nos cuenta que para ella «sigue siendo prácticamente lo mismo, no ha cambiado mucho», y agradece a su sello, Universal Music, que así sea. «No sé si todos los equipos de trabajo de las disqueras sean iguales, pero en mi caso tomamos las decisiones en conjunto… o me siguen la corriente, la verdad (risas). Me apoyan en todas mis decisiones y eso es bueno.». Sin embargo, hace hincapié en algo que le molesta de la burocracia interna de la compañía discográfica: «lo único que sí me ha llegado a molestar, para ser muy sincera, es cuando llega una amistad y me dice que quiere cantar conmigo. A mí me encanta colaborar, no le veo la complejidad de hacer canciones, cantar junto a otros en sus discos, pero hay que pasar un montón de permisos, firmar papeles, preguntarles a distintos ejecutivos, entonces a veces no se concretan y la decisión no depende de mí. Eso sí me da como lata».

Otra cosa interesante de su carrera es que ha tenido que enfrentar los cambios en las formas de difusión. Hoy, en nuestra era de híper conexión, todo es más inmediato, muy distinto a lo que conocíamos hasta no hace mucho. «Encuentro que todo eso es bacán. Creo que permite que uno esté más en el momento. Igual, todo ahora es inmediato, la música que se publica un día a la otra semana ya está vieja, pero eso te permite estar en contacto más con la gente o estar en la tendencia musical mundial, no sé… por ahí es divertido, pero sí hay algo que se ha perdido: tomarse el tiempo para dejar reposar una canción y luego retomarla para ver si, efectivamente, es la que querías.

- ¿Cómo funcionas con tus redes sociales? ¿Puedes establecer diferencias entre compartir tu vida artística y tu vida personal o las entiendes como una sola?
- Siendo honesta, es difícil hacer la separación. Por ejemplo, de pronto llego a casa después de una gira y me da tanto gusto ver a mis gatos que quiero que la gente los vea, porque los amo y siento que le hago un regalo al mundo (risas), entonces es complicado. Ahora, ¿cuál es la diferencia entre la vida personal y lo laboral, cuando compartes videos o fotografías de momentos en el camarín, pruebas de sonido, ensayos, salidas a comer, mirando el atardecer…? Siento que es muy difícil hacer la separación, todavía no sé cuando termina una y empieza la otra. Además, somos una generación que aún está en una transición, entendiendo internet y las redes sociales.

- Desde la perspectiva de la privacidad, el morbo, los haters, las noticias falsas y todas estas cosas que han surgido en nuestro tiempo por la sobreexposición, ¿cómo ha sido lidiar con la fama y la popularidad?
- No sé… dejo que suceda día a día. He ido aprendiendo en el camino que no me tengo que tomar tan en serio ni tan personal todos los comentarios. Al principio no entendía mucho y como que si me decían algo mala onda en Twitter decía “pero cómo”. Ahora me doy cuenta que no, que no es personal, que son comentarios que cualquiera puede hacer en redes, entonces intento llevarlo de la mejor manera. Y también los comentarios positivos: tampoco necesariamente todo lo bueno que dicen me lo tomo tan en serio y creer si te dicen que todo está bien creértelo. Hay que tener algo de objetividad y sentido común, supongo, pero insisto, como te decía antes, somos personas que estamos aprendiendo a llevarnos en el nuevo mundo sistema social-virtual.

Tú qué vas a saber

En medio de toda la vorágine de la gira de “Norma”, Mon ha sorprendido con la publicación de nuevas canciones. La segunda de ellas, ‘Canción de mierda’, pone al frente un tema muy común entre las mujeres, que refiere a su ciclo menstrual, algo que quiso reflejar en su video pero que, por una cláusula en los términos y condiciones de uso de YouTube, sufrió una suerte de “censura”: no podía hacer promoción pagada, ya que se muestra contenido explícito: fluido rojo en alusión a la sangre menstrual (parte de la propuesta visual y artística del clip). Al respecto, nos señala que no solo basta con revisar los términos de la plataforma de streaming, sino que cree que, en general, «internet, con sus algoritmos, debiera poder revisar caso por caso, porque también está el tema de los pezones de la mujer, por ejemplo. Un amigo hizo un experimento y subió una foto de su pezón en primerísimo primer plano, pero se notaba que era de hombre porque tenía más vello, y después subió un pezón de una mujer, exactamente igual, pero sin pelo y le bajaron este último. Entonces, sí creo que las plataformas tienen que ir solucionando esto, que la sangre menstrual no puede estar considerado como una muestra de violencia». Sin embargo, es optimista: «creo que estas son las primeras veces que estas cosas se están debatiendo o apareciendo videoclips, porque antes era un tema muy tabú. A mi toda la vida me enseñaron que me tenía que dar vergüenza cuando estaba con la regla, algunos días no quería salir de la casa porque en teoría era algo “feo, malo y asqueroso”, y creo que eso ahora ha cambiado un montón y nos estamos dando cuenta que no es así, que es algo normal que nos pasa a las mujeres. Entonces no dudo que las plataformas importantes ya están revisando sus políticas a raíz que han estado apareciendo este tipo de contenidos y ver que diariamente los contenidos están cambiando. Hay que mirar hacia delante porque el mundo está cambiando».

Adentrándonos en temas sobre feminismo, en donde nos confiesa que, por ejemplo, está a favor del aborto –«la gente debería hacer lo que quiera con su cuerpo»– o que le parece vergonzoso aún estar lidiando con el acoso callejero o la brecha salarial entre hombres y mujeres, también dice el cómo se llena de energías positivas con las mujeres que la rodean: «todas me inspiran algo porque puedo ver en ellas fortaleza y, sobre todo, me puedo ver a mí misma en cada una de las mujeres con las que me voy encontrando». Además, tiene un diagnóstico claro al respecto de cómo se ha ido conversando del tema a nivel social y de la industria de la música. «Siento que estamos todos aprendiendo y entendiendo diariamente lo que es el feminismo. Hay cosas que uno se da cuenta que son acciones feministas y ahora recién estamos haciendo conciencia de eso. Y me incluyo. Hasta el día de hoy me veo diciendo comentarios machistas por costumbre. Entonces, creo que estamos aprendiendo. Me ha tocado vivir cosas incómodas, muchísimas durante toda la vida, por supuesto, y que siguen pasando en el día a día, pero me quedo con que estamos evolucionando, aprendiendo. Me da gusto ver cada día a más mujeres en la música. Yo misma trato de hacer conciencia, porque en mi banda somos solo dos mujeres, entonces me hago un tirón de oreja y me digo “a ver, busquemos emparejar un poco esta situación”. Ahora estamos todos siendo un poco más consientes sobre la paridad de género, por ejemplo. En los festivales a los que he asistido hay un esfuerzo en incorporar proyectos femeninos, así que está súper bien que el movimiento fluya en todas direcciones».

Para cerrar, le pregunto si nos puede recomendar alguna artista nueva. Por supuesto, su selección es algo que nos interesa por todo el bagaje musical que ha acumulado. Precisa y concisa nos dijo: «hay una chica de Los Ángeles, Clairo, que me gusta mucho y he estado oyendo harto su disco; y claro, me gusta mucho también el proyecto de Nati, Cancamusa». Palabra de la queen.

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