Hayley Williams: Redescubriendo el arte de ser Entre la libertad y la curiosidad Lunes, 29 de Diciembre de 2025 Publicado originalmente en revista Rockaxis #269, noviembre de 2025. A más de 20 años de convertirse en la voz más visible del emo y el punk alternativo de los 2000, Hayley Williams atraviesa una etapa de reinvención. Desde la tranquilidad de su hogar, reflexiona sobre lo que significa ser libre después de haber pertenecido tanto tiempo a una maquinaria, sobre la culpa que acompaña esa libertad y sobre la curiosidad como única brújula posible para seguir creando. Entre recuerdos de la vieja escena, la nostalgia de MySpace y su colaboración con David Byrne, Williams habla con honestidad de lo que implica envejecer en una industria que glorifica la juventud y de cómo, tras el ruido, ha aprendido a escuchar el silencio. Fernanda Hein Fotos: Zachary Gray Son poco más de las 12 del día donde se encuentra, y Hayley Williams se conecta desde su casa con una taza en la mano. Se ríe al confesar que la jornada ha estado llena de entrevistas, pero que intenta mantener cierta calma, un pequeño refugio de comodidad entre las preguntas que llegan una tras otra. «Estoy bien, en casa, tratando de estar cómoda», dice, mientras un helicóptero interrumpe por un momento su voz. La escena tiene algo de poético: una de las figuras más visibles del rock alternativo, que durante casi dos décadas fue el rostro indomable de Paramore, ahora busca silencio, calma y curiosidad. La curiosidad, de hecho, se ha convertido en su brújula. Williams confiesa que su nuevo disco, un trabajo que según ella no podría haber existido bajo el antiguo sistema de sellos discográficos, es el resultado de esa búsqueda. Se refiere a la libertad, pero no con el romanticismo fácil con el que se suele hablar de ella, sino con el peso de quien ha conocido las cadenas doradas de la industria. «Dejar atrás un sistema que te beneficia es algo muy extraño. Me siento liberada, no solo creativamente, sino como persona». No hay poses. Solo una mujer de 36 años que ha aprendido a detenerse en mitad del torbellino que durante más de dos décadas la ha acompañado como vocalista de Paramore. Su tono, amable y reflexivo, anticipa lo que vendrá: una conversación que oscila entre la independencia creativa, la nostalgia y la búsqueda de sentido. Sobre su banda, reflexiona que fue una excepción afortunada dentro del engranaje de la música comercial. «Siempre hicimos el tipo de música que queríamos», asegura. Hay algo de vértigo en su voz cuando recuerda lo que implica abandonar las estructuras que te dieron seguridad durante años. «He aprendido eso de varios sistemas que existían en mi vida. Con Paramore fuimos muy afortunados, tuvimos una carrera muy larga, más de lo que muchas bandas logran. Siempre hicimos la música que queríamos, pero hasta que no te conviertes en una artista verdaderamente independiente, no sabes lo que no sabes». Esa toma de conciencia parece haberla marcado. Habla con la serenidad de quien ya atravesó la tormenta y descubrió qué había del otro lado. La transición entre depender de una maquinaria y crear tu propio ecosistema no fue sencilla, admite. «Cuando estás dentro, todo parece normal. Hay una estructura, una manera de hacer las cosas. Vivir sin eso da miedo al principio». La palabra que más repite Hayley es curiosidad. «Mientras siga siendo curiosa, no hay una manera correcta o incorrecta de hacer las cosas», explica. Esa curiosidad es ahora su motor creativo. Colaborar solo con las personas que ama, crear comunidad, levantar el trabajo de otros. «Eso es lo que más me gusta. La conectividad, la sensación de familia elegida, de comunidad. Eso hace que no se sienta como un trabajo». Pero la libertad también ha venido acompañada de culpa. Williams, que creció siendo el rostro visible de una banda que se convirtió en símbolo de toda una generación, confiesa que el paso hacia la carrera solista no fue sencillo. «Todavía tengo momentos de culpa –admite–. Aprendí muy joven a proteger a la banda, a proteger a los demás, pero nunca aprendí a protegerme a mí misma. ¿Qué significa honrarte lo suficiente como para tener límites? ¿Escuchar tu voz interior cuando sabes que algo está bien o está mal?». Su tono se vuelve introspectivo. Habla de los límites que no supo poner, del exceso de responsabilidad que cargó durante años. «Siempre pensaba: “somos una banda, debemos cuidar a todos, no solo a mí”. No sabía cuánto me estaba descuidando al hacer eso. No había nada malo en proteger a mis amigos, pero las lecciones que estoy aprendiendo ahora son humildes. Estoy descubriendo todas las maneras en que no estuve ahí para mí misma… y estoy tratando de corregirlo», comparte con honestidad. Desde hace años, su vida se desarrolla bajo la mirada de todos. La crítica, los fans, los sellos, las redes. Le pregunto si la independencia ha logrado apagar un poco ese ruido. «Sí, lo ha silenciado, pero también ha cambiado su forma –reflexiona–. Internet ha cambiado muchísimo, las comunidades de fans también. Aspiro a vivir en los márgenes de la cultura pop. Me interesa más observar desde afuera, como una fan. Cuando me mezclo demasiado, me siento expuesta». Ser independiente, dice, le permite mostrarse tal cual es. «Ya no tengo que ser alguien que no soy. Es como aprender a caminar otra vez». Se ríe al decirlo, pero hay algo profundamente cierto en esa imagen. Después de años siendo la voz de una banda enérgica, Hayley quiere descubrir cómo se ve la fortaleza en lo blando, en lo vulnerable. «Mucha gente me ve como la chica que grita en el escenario, pero ahora estoy más interesada en descubrir qué significa ser fuerte desde la suavidad». Creció en una escena marcada por la masculinidad tóxica, y admite que durante mucho tiempo tuvo que "ponerse una armadura" para sobrevivir. Hoy, dice, ya no la necesita. «No necesito que la gente diga: “este es el mejor disco que he escuchado” o que “Hayley no puede equivocarse”. Eso me asusta, en realidad. Solo quiero interactuar con el mundo de una forma nueva y ver qué aprendo de eso», confiesa. El eco de la escena Abordar "la escena" es, para Williams, hablar de un territorio complejo. La escena emo, el punk alternativo de los 2000, MySpace, los primeros foros y la sensación de comunidad que nació de todo eso. Pero también, inevitablemente, de sus sombras. «Pienso mucho en eso. La gente anhela tiempos más simples, y la verdad es que los primeros días de MySpace tenían eso. Sabías dónde ir para sentir que pertenecías a algo». Sin embargo, también reconoce que muchos quedaron fuera. «Lo triste es que mucha gente no se sentía parte porque no veía a nadie que se pareciera a ellos en el escenario o incluso en el público». No por eso niega la nostalgia: «en la superficie era un tiempo más simple. Además, estábamos más acostumbrados a reunirnos en persona. Por eso me alegra que existan cosas como las emo nights. No participo mucho, tal vez porque sigo en Paramore, pero entiendo por qué la gente va. Bailan, cantan con sus amigos… Es algo que da vida». Para ella, esas escenas contienen una lección valiosa sobre cómo sobrevivir a los tiempos actuales. «Si seguimos encontrando a nuestra gente, creando espacios inclusivos, podremos resistir frente a la injusticia social y política. Estar en un show, bailar, compartir… eso puede ayudarnos a sobrevivir». La nostalgia, entonces, no le parece peligrosa si se asume con conciencia. Hace una pausa antes de añadir: «no culpo a quienes sienten nostalgia. No creo que quieran volver a tiempos más misóginos o excluyentes, solo anhelan la simplicidad. Y sí, hay que reconocer que ambas cosas coexistían, pero podemos hacerlo mejor ahora: más inclusión, más intención». Su nuevo disco nació de esa intención. La forma en que lo lanzó fue un gesto de ruptura: sin grandes campañas, sin el engranaje del marketing tradicional. Williams sonríe cuando habla de la estética retro del proyecto: «quería que el sitio web se sintiera como internet en los 2000, con foros, con ese espíritu de compartir archivos. Quería revivir la emoción de esa época». Lo sorprendente, dice, fue que incluso los fans jóvenes, los que no vivieron esa era, sintieron nostalgia. «Decían que siempre habían querido experimentar eso. Fue hermoso». Esa nostalgia, sin embargo, no era solo estética. Había también una intención conceptual detrás de recuperar la sensación de comunidad, de conexión real en torno a la música. Más que un simple homenaje a los primeros días de la red, el proyecto funcionó como un experimento emocional y narrativo, una invitación a reconstruir la experiencia colectiva que alguna vez definió al fandom. «Publicar las canciones de la forma en que lo hicimos significó que la historia fuera la forma del lanzamiento, no la vulnerabilidad. Esa parte vino después. La idea era crear conversación, empujar a la gente a interactuar entre sí. No era como si estuviéramos jugando a ser Dios y observando qué hacían; era algo más egoísta». Luego, casi como un manifiesto, dice: «para mí, la clave era simple: la música primero, las explicaciones después. La gente solo necesita saber si le gustan las canciones. Lo haría otra vez, sin dudarlo». Curiosidad como brújula En esta búsqueda por devolverle a la música un sentido de comunidad, es imposible no pensar en su reciente colaboración con David Byrne, y cuando se menciona el nombre del artista, su voz cambia de tono. «Pienso en él todo el tiempo. Para mí, Byrne, Nick Cave, Patti Smith… son ejemplos de artistas que trabajan su oficio con profundidad. No buscan ser más grandes, sino seguir siendo curiosos». A sus 36 años, Williams se encuentra en un punto intermedio. «No soy vieja, pero ya no soy joven. No estoy empezando, pero tampoco he terminado. Y soy terrible para los puntos intermedios», dice entre risas. Habla con una mezcla de humildad y lucidez sobre el proceso de envejecer en una industria que glorifica la juventud. «No vivimos en un mundo blanco o negro, vivimos en un mundo gris. Pero cuando enfrento mi propio gris, como artista, como mujer en mis treinta y tantos, se vuelve incómodo». Ese reconocimiento del gris también parece haber redefinido sus ambiciones. Ya no se trata de perseguir la euforia constante, sino de encontrar calma en el proceso. En su voz hay menos ansiedad por el futuro y más deseo de permanencia, de construir una rutina donde la creación no dependa del ruido externo. «Al final, no se trata de llenar estadios o subir en las listas. No sobreviviría si viviera así. Yo solo quiero levantarme, sentarme frente a un escritorio de madera con libros y cuadernos, mirar por la ventana, escribir, desayunar algo que me guste, hacer música y subirla a una web. Sueño con una vida tranquila donde todavía pueda hacer arte». Luego se ríe de sí misma: «no sé si lo lograré, soy algo caótica. Pero David Byrne es, sin duda, mi estrella guía». Antes de despedirse, explora la posibilidad de venir a Latinoamérica, especialmente a Chile. Williams sonríe con entusiasmo. «Sí, de verdad quiero ir. Al principio pensé que no iba a hacer gira, que solo lanzaría la música, pero a mitad del proceso me di cuenta de que necesito estar ahí, con mi gente. Así que sí, esa es la idea. Crear una gira que visite muchos lugares». Tags #Hayley Williams #2025 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Noticias Dub Is the Way: Alex Serra y Totidub vienen a Chile Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Tenemos Explosivos y Estoy Bien agendan fecha en La Cúpula Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Pedropiedra llevará ''La Tómbola'' al sur de Chile Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias ''Common People'': Lanzarán libro sobre Pulp Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Clásicos Def Leppard Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias John 5 viene a Chile en plan solista Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias The Mars Volta anuncia ''Lucro Sucio; Unfinished Business'', su primer álbum en vivo en más de veinte años Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Entrevistas Ecca Vandal: Conservadurismos para dejar atrás Miércoles, 01 de Julio de 2026