Hall & Oates: una fórmula imperecedera... y necesaria

Una ilusión convertida en realidad

Sábado 8 de junio, 2019
Movistar Arena


Habitualmente escuchamos el argumento – cliché, por cierto – de la “deuda pendiente” para hablar de bandas y/o solistas esperados en el país, pero cuyos conciertos nunca se habían concretado. Y el caso de Daryl Hall & John Oates es uno de los más emblemáticos: cuando ya pensábamos que su visita a Chile era una ilusión, llegaron. Y cumplieron las expectativas.

Pero, ¿por qué tanto alboroto al respecto? Pues, quizás a fines de los 70 y en los 80 géneros, o mejor dicho, subgéneros como el AOR (Adult Oriented Rock), soft rock y/o rock & soul (propuesta casi exclusiva del dúo) eran vilipendiados por los fundamentalistas. Pero hoy, son respetados principalmente por algo que es imposible refutar: la calidad y el valor de las obras. Y en este sentido, las canciones que Hall & Oates han compuesto durante 5 décadas de carrera son incombustibles, no suenan añejas y cada vez encantan más.

Eso, evidentemente, el dúo lo tiene claro, por eso el primer concierto en Chile estuvo focalizado sólo en grandes –y vaya qué grandes–  éxitos, nada de probar nuevos sonidos. ¿Recurso fácil? Para nada. Acompañados de una banda que mostró una perfecta cohesión, las 15 canciones interpretadas sonaron frescas, absolutamente vigentes y lo más importante, siempre necesarias, porque quedó en evidencia que su aporte al pop de los últimos 50 años es tremendo.

Además, la sociedad entre los dos anfitriones de la velada funciona perfecto: Hall, un tipo muy empático y entretenido, el mejor maestro de ceremonia, adaptando su voz al paso del tiempo pero manteniendo esa esencia e inspiración soul tan característica. Y Oates, carismático y efectivo en su ejecución, sin quedar nunca en segundo plano frente a su compañero de ruta, tanto en lo escénico como en lo musical: no olvidemos que sus coros y armonías son parte esencial del sonido del dúo.



En cuanto a la estructura del show, el comienzo con 'Maneater' fue simplemente excepcional, con esa línea de bajo tan emblemática, para luego pasar a 'Family Man' (versión que resultó más famosa que la original de Mike Oldfield) y 'Say It Isn't So'. Perfección pop. ¿Momentos emotivos? Por supuesto: 'She's Gone', el primer éxito mundial del dúo, siempre es indispensable, con ese solo excepcional de saxo, 'One on One' (que tuvimos el honor de presenciar, porque no es algo que toquen habitualmente como mencionó Hall) y mi favorita de toda la noche, 'Sara Smile': después de escucharla, creo que hay que hacer justicia y siempre mencionarla como una de las mejores canciones de amor que existen.

Hacia el final, una fiesta: 'I Can't Go For That', y un bis magistral, compuesto por 'Rich Girl', 'Kiss on My List', 'Private Eyes' y 'You Make My Dreams', las 4 en un formato casi de medley, porque no hubo pausas, demostrando que su batería de éxitos es tan poderosa como efectiva. Porque creo que nadie quedó con gusto a poco: tocaron todo lo que se esperaba y no quedó nada en el tintero. O quizás sí: una nueva visita. Porque, como mencionaba, es una obra necesaria, que no deja de encantar. Y otra cosa: no se transforma en un mero ejercicio de nostalgia, sino que forma parte del soundtrack de vida de todos los que estábamos esa noche en el Movistar Arena. Agradecimientos y honores a Hall & Oates por contribuir a tantas vivencias.

Emilio Garrido R.
Fotos: Peter Haupt


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