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Slayer en Viña del Mar: Ángel (de la muerte) para un final

Detalles de una jornada soberbia

Slayer en Via del Mar: ngel (de la muerte) para un final

Martes 08 de octubre - Sporting Club
Viña del Mar - Chile


El anunció de que Slayer daría su último show en Chile en Viña del Mar junto a Anthrax  generó la molestia de quienes habían apostado por el Santiago Gets Louder, pero también el entusiasmo entre aquellos que soñaban con ver a Anthrax en regiones y, como no, entre aquellos que sabían que la despedida perfecta de Tom y compañía era en su propio suelo.

Las peculiaridades no se acabaron con el cartel ni la locación: Inusual para los primeros días de octubre, el calor que abrazaba a la Ciudad Jardín a esa hora de la tarde suponía una obra del demonio, quien aumentaba la temperatura a voluntad para lograr el ambiente apropiado para la performance de un par de sus creaciones predilectas.

Y si el sol despiadado era una particularidad, también lo eran la cantidad de banderas esparcidas por la explanada. Chilenas, obvio, pero también bolivianas, mexicanas y venezolanas. Pero no solo la presencia extranjera era expresión de diversidad, también lo eran la gran cantidad de mujeres y familias completas, los integrantes de bandas locales (Criminal – Pentagram, Massacre, Nuclear, Saken) y aquellos hombres que perdieron el pelo versus otros más pequeños a quienes recién le crecían los dientes, todos construyendo el marco ideal para una velada memorable.

Anthrax: Los primos favoritos de Tom Araya

Pocos minutos antes de la hora programada para el inicio del evento se divisaban técnicos trepando por las estructuras metálicas del escenario, lo que hizo suponer que el show de los neoyorquinos se atrasaría, sin embargo, eso no ocurrió y prácticamente a las 18:30 la introducción de 'Cowboys from Hell' anunciaba que la temperatura de la sofocante tarde viñamarina seguiría aumentando, lo que se confirmó con la ardiente y rebelde 'Caught in a Mosh'. Si bien en el amanecer del show pareció que el viento se llevaba el sonido, en 'Got the Time' estaba todo resuelto, consolidándose también la sintonía entre masa y banda con los intercambios entre el público y Frank Bello. Tras un enérgico saludo del incansable Joey Belladonna -¿cómo se puede tener tanta energía a los 58 años?- aparece la desquiciada 'Madhouse', excusa ideal para los múltiples mosh que revolvían el pasto y la tierra del Sporting.

Slayer en Viña del Mar: Ángel (de la muerte) para un final

El también locuaz Belladonna presentó 'I am the Law', cuya versión frenética fue ovacionada por el público, reacción que contrastó con la tibieza inicial con que fue acogida 'Now it’s Dark', la estupenda sexta canción de "State of Euphoria". Afortunadamente, en el quiebre que caracteriza la segunda mitad los metaleros estallaron en frenesí, agradeciendo de esta manera un rescate muy parecido a un tesoro. Nota aparte para Charlie Benante, macizo y certero como pocos. Justo en medio del set, el imprescindible Scott Ian introduce 'Efilnikufesin (N.F.L.)' mientras Joey se burla de su barba y riega a los fanáticos con uñetas. El ineludible de "Among the Living" fue uno de los temas más venerados de la tarde, especialmente por los saltos acompañando la introducción y los mosh que continuaron con la canción hasta su cierre. Tras otra pausa breve, y bajo una descarga de "oleeeee, oleee oleee oleeeee", Scott declara que es primera vez que están en Viña del Mar, que es un lugar del mundo muy bello y que esta tarde todos éramos primos de Tom Araya.

Continuando con su discurso  -y mientras Joey "Espectáculo Aparte" Belladonna bajaba a saludar muy histriónicamente a sus seguidores-, Ian le pregunta a la multitud si aman el thrash metal. La respuesta es un sí ensordecedor y la recompensa, una visita a "Spreading the Disease": La descomunal  versión de 'A.I.R.', seguida del segundo cover del set: 'Antisocial'. Original de los franceses Trust y adoptada por los estadounidenses para transformarse en himno, la canción tuvo un efecto doble muy peculiar: Por un lado, sintetiza todo el afán participativo y las ansias de liberación del público y por otro, acredita la prestancia y eficiencia de Jonathan Donais.

Y si se trata de himnos, en el cierre asomaba uno gigantesco: 'Indians'. Consciente de su estatura y del efecto energizante que tiene en la masa, Scott le preguntó a los presentes si estaban listos para el wardance y los arengó para luego empujarlos a la batalla: "Let's fucking do this, Viña del Mar". Los mosh comenzaron instantáneamente y fueron tantos que de pronto el cielo quedó cubierto con tierra, generando un marco tribal ad hoc. Luego, lo inesperado: segundos después del reventón que produce el grito "¡wardance!", el quinteto dejó de tocar para exigir que la respuesta creciera y que se movieran todos. Por supuesto, la detonación fue aún más grande y se fusionó con otro tramo de 'Cowboys from Hell' para culminar 1 hora de una actuación sólida, potente y electrizante.

Slayer: ¡Viva Chile, mierrrrdaaaaa!

Cuando Joey Belladona gritó "long live rock & roll" y la multitud se diseminó por el recinto en compañía de Rainbow tratando de hidratarse, comer, ir al baño o sencillamente buscando un paño de pasto para recostarse, parecía que la espera iba a ser lo suficientemente larga para que arreciara la impaciencia. No obstante lo anterior, eso nunca ocurrió: A las 20:25 - 5 minutos antes de lo establecido -, la noche viñamarina fue intervenida por la inquietante 'Delusions of Saviour' la que, por supuesto, dio paso a 'Repentless', ovacionada, posiblemente, por ser el clásico más joven del cuarteto. En el otro extremo del catálogo, pero incluso más ovacionada, 'Evil Has No Boundaries'. 32 años de diferencia que se transforman en nada gracias a un grupo brutal hasta la demencia y ajustadísimo hasta la exageración.

El show continuó con la ondera e inquieta 'World Painted Blood', que regaló dos de las principales características de la noche: Un fraseo antológico y un torrente vocal sobresaliente por parte de Tom y el volumen mayúsculo, pero extraordinariamente nítido de los instrumentos. La versión apocalíptica de 'Postmortem', en tanto, contagiaba con su violencia a los mosh y dibujaba la sonrisa de la satisfacción y el éxtasis en la faz de nuestro compatriota. Tras una nueva ovación - esta vez luego de la virulenta interpretación de 'Hate Worldwide' - Araya se quedó solo en el escenario y sus coterráneos supieron cómo hablar: "Chileeeenooo, chileeeenooo". Tomás, conmovido, solo dijo "gracias". Después, la audiencia le brindó un divertido, pero afectuoso "tío Tom, tío Tom".  El también terapeuta respiratorio, intrigado, manifestó "mmmmmm, ¡Viva Chile!"

Slayer en Viña del Mar: Ángel (de la muerte) para un final

"Quiero que pasen un buen tiempo. A la cuenta de 3, griten waaaaaarrrrrrrr". De esta manera Tom introducía 'War Ensemble'. Cuando cantaba este imprescindible firmado en 1990 no podía dejar de reír. Su felicidad era evidente e indisputable como indisputable era la sorpresa en la multitud cuando comenzó 'Gemini', corte del '96 poco habitual en los conciertos de los californianos. Pese a una interpretación notable de Paul Bostaph - la sección lenta del tema permite advertir su precisión y contundencia  - , la ejecución general no fue sobresaliente, especialmente por la confusión que se advirtió en la parte rápida. De hecho, en ese lapso una ráfaga  comenzó a mover el telón que se ubicaba detrás de la batería, como reclamando mayor velocidad, la que llegó con 'Disciple'. Pese a sus rasgos modernos, el tema tiene una de las líneas más impactantes en la historia del grupo - "God Hates Us All" -, por lo que su coro fue uno de los que sonó más fuerte.

Si en 'Gemini' se lució Paul, en 'Mandatory Suicide' despuntan Gary Holt y su trabajo en el trémolo y Tom declamando primero y gritando agónico después. Su alarido fue tan espeluznante y poderoso que encendió bengalas en el mosh y la guerra química destripadora en el escenario. Después, una tripleta poco habitual: 'Payback'  - con Araya preguntando en la introducción si sabemos lo que es payback (y contestando, "¡es una puta!”) -, 'Temptation' - versión maravillosa coronada por la clínica de Kerry King y la audiencia enardecida gritando "hey, hey, hey" - y 'Born of Fire', pieza interesante cuya asombrosa interpretación alcanzó el cenit con Tom bramando al límite de sus capacidades y, como en toda la noche, subrayando las líricas con un espectro amplio de expresiones faciales, cual actor avezado.

Si hasta ese momento el espectáculo era aplastante y colosal, su tramo final conquistó cumbres de bellezas inenarrables cuyo efecto hipnótico dialoga con lo inaudito. Un set list dentro de otro set list, un espectáculo dentro de otro espectáculo, un metaconcierto. Un portal dimensional que nos transportó a un universo donde los museos del thrash metal existen y donde Slayer es uno de sus artistas preferidos. Un mundo con galerías de arte donde se exponen como patrimonios invaluables piezas de eras diversas con características distintas, pero todas icónicas por ser tanto reflejos de épocas como alimentos de culturas, ¿Qué otras cosas pueden ser 'Seasons in the Abyss', 'Hell Awaits', 'South of Heaven', 'Raining Blood', 'Black Magic', 'Dead Skin Mask' y 'Angel Of Death'? Cuando el portal se abrió y nos trajo de regreso, estábamos en el mismo lugar, pero todo era diferente. Algo cambió porque en ese viaje de 7 canciones, nosotros cambiamos.

Slayer en Viña del Mar: Ángel (de la muerte) para un final

¿Por qué los shows recientes estuvieron entre los más multitudinarios –si es que no fueron, decididamente, los más numerosos– de Slayer en Chile? Para muchos aficionados, Slayer murió cuando murió Jeff; y si estos seguidores dejaban un espacio milimétrico para una resurrección, era solo si Dave Lombardo recuperaba los tambores ¿Cuál era la diferencia, entonces, entre los fundamentalistas y los muchos miles que colmaron el Bicentenario de la Florida y el Sporting Club de Viña del Mar? Probablemente, que los segundos entienden que hay grupos que se transforman en instituciones y que cuando alcanzan ese estatus, pueden perder a integrantes, pero nunca el núcleo duro que caracteriza a las entidades que trascienden.

Posiblemente, también se dieron cuenta que el thrash en general y Slayer en particular son el tipo de descubrimientos que permanecen para siempre porque aparecen en ese punto de la vida en que la pureza de la infancia se combina con los primeros atisbos de libertad genuina que ofrece la adolescencia, arrojándonos a lo que Adolfo Vera en “El Ser y la electricidad (una filosofía del rock)” llama “una posibilidad de experiencia” que transforma toda apropiación cultural y que hace sentir que con esa música, algo de nosotros se transforma. En otras palabras, la audiencia acudió masivamente porque entendió que en la despedida de Slayer una parte de su existencia se reencontraba, pero también una parte de su existencia se iba con ellos.

Finalmente, el público advirtió que seguir a Slayer en sus últimas actuaciones en Chile conectaba con un sentido de pertenencia. A un estilo, claro, pero también a un territorio (¿habrá algo más parecido a una epifanía cuando descubrimos que a Araya lo había parido nuestro mismo paisaje famélico?). Y en el caso de Viña del Mar, el sentido de pertenencia se profundizaba: Tomás estaba en su casa y si nació ahí, era el mejor lugar para morir simbólicamente. Quizás por eso no hubo bis y, en cambio, tuvimos a Tom muchos minutos recorriendo solo el escenario de un extremo a otro, como queriendo agradecer con su mirada melancólica a cada uno de los presentes. Tal vez por eso gritó “¡Viva Chile, mierrrrdaaaa! tan desgarrada y conmovedoramente. Y con el mentón temblando, nos dio las gracias por estar todos estos años y nos dijo que nos iba a extrañar. No, Tom, gracias a ti y a tus compañeros por estar todos estos años. Nosotros también los vamos a extrañar, nos van a hacer mucha falta.

Mauricio Salazar Rodríguez
Fotos: Juan Pablo Maralla



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