Brant Bjork: travesía fantástica Encuentro cargado de mística en Sala metrónomo Viernes, 08 de Marzo de 2024 Jueves 7 de marzo, 2024 Sala Metrónomo Galería de imágenes AQUÍ En las agitadas semanas en que Santiago se llena de shows de primer nivel, también es bueno volver a la energía primal del rock, esa que se vive en espacios reducidos y sudorosos, en los que la gente puede ver al artista a los ojos. La opulencia instrumental, el aparataje cibernético o las multitudes apabullantes de un estadio o de un festival a gran escala distan mucho de lo que Brant Bjork vino a presentar a Chile, su primera visita con material solista después de sentarse en la batería de Kyuss Lives! hace años atrás. Lo que se vivió en la sala metrónomo tuvo un enfoque diferente. La importancia del viaje y no del destino, una travesía fantástica por distintos estados del sonido desértico que se vio reflejado en tres etapas que, si bien beben de una misma fuente primigenia, se encausan por distintas corrientes que regaron los sentidos de los espectadores. En la primera parada, Vago Sagrado nos hizo transitar por un repertorio que se mueve entre lo espacial, lo etéreo y lo nebuloso. ‘The Scroll’ partió formando planicies auditivas muy etéreas y amplias que en sus secciones más luminosas alcanzaron los colores azules y morados de Cocteau Twins, pero no tuvieron problemas con llevarnos de a poco hacia los rojos más intensos de bandas que se refugian en el peso de lo instrumental como Pelican, por ejemplo. Entre Alberto Parra y Carlos González se turnaron las voces de ‘Centinela’, un corte que busca el rock alternativo de los 90 y lo encuentra entre las luces cálidas que iluminan el recinto de Bellavista, ambos jugando a cancha abierta con guitarras moduladas y distorsionadas. El pulso urgente de Nicolás Violani sobresalió en ‘Deep Into The Shadows’, en la que sus baquetas se movieron inquietas por toda la batería, una locura que raya tanto en el post punk como en el psych rock, todo amplificado por letras repetitivas que se apagan en el caos, con los pedales de delay abriendo un portal hacia las profundidades del espacio. En la pegada le siguió su clásico ‘Ciudad Fantasma’ con un bajo muy presente de Ricardo Guzmán, quien movió su melena digitando con seguridad y se preocupándose de conectar con todos sus compañeros. Con la descarnada ‘Flat Rock’, una canción que nació de un jam en el estudio y que aún está en proceso creativo, Vago Sagrado desobedeció las instrucciones del equipo técnico que le pedía abandonar el escenario y culminó su periplo regalándonos el instante de mayor oscuridad en este viaje, ensimismados en comunicar a través de las ondas y enseñando un poderío instrumental que tuvo épica y libertad, además de probar lo bien que le vino el formato cuarteto a la banda, ya que logran edificar una intervención que magnifica ese giro delirante que siempre han tenido. El siguiente tramo de esta aventura sonora estuvo comandado por Yajaira, nuestra institución en lo que respecta a rituales sabbathicos. A pesar de que las etiquetas pueden ser molestas, se sabe que el ahora cuarteto está ligado a ese stoner pastoso por el que son ampliamente conocidos y queridos, pero que logra distinguirse una y otra vez, no importa si comparten escenario con Corrosion of Conformity, Acid King o los mismísimos Black Sabbath. Esas señas de identidad se plantean de inmediato en una introducción lisérgica que decanta en ‘Epopeya’, con ese riff endemoniado que nace desde el fondo del abismo y te engulle de manera voraz, mientras Miguel Ángel “Comegato” Montenegro aprovecha de dar vueltas antes de liderar el micrófono para invocar el maleficio. El sabbath siguió con ‘Muerte astral’ y ‘Hormigas’, dos coreadas al máximo por una audiencia que para ese entonces ya repletaba la sala metrónomo mostrando absoluta lealtad. Los solos alucinantes de Sam Maquieira, esos espacios musicales acuosos llenos de reverberación que tocan el infinito, se juntaron con los riffs humeantes resguardados por un cada vez más ambientado Gastón Cantillana y un siempre seguro Kurt Heyer, que siente cada beat de su batería en ‘Escombros’. Con Comegato poseído por el espíritu de Geezer Butler, pasando sus dedos por las cuatro cuerdas mientras su pie derecho incorpora el wah wah, apareció ‘Atormentándonos’, con su línea de bajo serpenteante que lleva a toda la banda a su punto máximo de ebullición en una mezcla de concentración y goce narcótico. Con Kurt Heyer haciendo una cruz con sus baquetas, el cierre se impuso con ‘Las Cruces’, siguiendo la línea de lo que vimos durante toda su estadía en el escenario, versiones ultra pesadas que destrozaron los cuellos sin piedad. Sí, señoras y señores, siempre se puede llegar más abajo y fluir más lento. Hemos visto a Yajaira durante años, pero pareciera que su música solo mejora con el tiempo. Sin lugar a duda, el trío es la banda más importante de nuestro país en estas ligas y un invitado que siempre viene bien cuando se trata de ponerse a la par con leyendas del tamaño de Brant Bjork. Pasadas las 21:45, el acto principal entró en escena con un público que lo esperaba hace tiempo. A diferencia de lo que se vivió con John García en septiembre del 2019 o incluso con Mondo Generator en noviembre del mismo año, Brant Bjork no deja espacio para la nostalgia, olvídense de visitar a Kyuss, Fu Manchu o Vista Chino, ni siquiera Stöner. Tampoco es que hiciera falta, porque su actualidad lo muestra vigente, eso queda de manifiesto en esfuerzos como “Bougainvillea Suite” (2022), del que cayeron ‘Bread for Butter’ y ‘Trip on the Wine’. Apareció ‘Stackt’ del “Tao of the Devil” (2016), con una interpretación soberbia que el trío completado por Ryan Gut y Mario Lalli abordó con bestialidad, aumentando los decibeles de la versión de estudio. Esto no es solo es un detalle, Brant Bjork moldea las canciones de manera diferente en el directo, lo que está ligado a una filosofía de vida del oriundo de Palm Desert, la diversión está en que la música sea un fluir de la conciencia cada noche. Quedó más claro aun cuando visitó su antepenúltimo registro homónimo del 2020, lo hizo con unas versiones más apuradas de Mary (You’re Such a Lady)’ y ‘Cleaning Out the Ashtray’, lo que añadió el vértigo necesario a su catálogo. El concierto se fue desentramando en pequeños bloques, en los que juntaba su material solista, con las canciones que ya hemos mencionado, y los proyectos en los que decide asociar su nombre a un colectivo, como Brant Bjork and The Low Desert Punk Band, del cual se pudo apreciar ‘Buddha Time (Everything Fine)’ del maravilloso “Black Power Flower” (2014) en la partida. Pero fue el repaso a sus labores con Brant Bjork and The Bros lo que desató una reacción positiva que no se hizo esperar. ‘Let the Truth Be Known’ y ‘73’ sirven como postales de un público que disfrutó de los pasos que Bjork se sacaba moviendo sus pies, casi como si bailara twist sosteniendo su squier stratocaster. El icónico Mario Lalli tampoco pasó desapercibido para el respetable. Con boina negra y lentes, se mantuvo como un tótem al lado derecho mirando hacia el escenario, con sus dedos gigantes aplacando el riff de las nuevas ‘Sunshine’ y ‘U.R Free’. Sonó de manera impetuosa, se echaba las canciones al hombro sin problemas, demostrando que el bajo es un elemento sumamente importante para entender el stoner rock. El joven Ryan Gut no se quedaba atrás. Dueño de un flow magistral, supo llevarnos por los caminos del desierto sónico, conduciendo de manera segura con su pulso sostenido y con una personalidad chispeante que lo hizo ver feliz y receptivo. Es que para estar al lado de dos bestias como Bjork y Lalli, hay que tener carisma y el chico lo tiene, sino pregúntenle a cualquiera que experimentó el drone de ‘Low Desert Punk’, en la que cada una de las partes forma una verdadera masa de distorsión aplastante. Habíamos entrado así a la sección de “Jalamanta” (1999), ese registro místico lanzado por la importante Man’s Ruin Records que dejó clásicos para la posteridad como la instrumental ‘Lazy Bones’ y la icónica ‘Automatic Fantastic’, que se expandió libre en un jam exquisito que creció hasta superar los 10 minutos. “Vinimos el 2019, pero no pudimos tocar por todo lo que estaba pasando”, mencionó Bjork antes de lanzarse con ‘Too Many Chiefs... Not Enough Indians’, otro caballo de batalla de “Jalamanta” (1999) que dejó el ánimo por los cielos gracias a esa potencia que se vio durante el trayecto en el que el fuzz fue el rey, especialmente cuando el pedal de Big Muff brillaba en los solos de guitarra. Las últimas cartas bajo la manga fueron ‘Daze’ y ‘Mountain’, que formarían parte del nuevo álbum que Brant Bjork tiene ya en el horno, como nos contó cuando conversamos con él. Se nota que el espíritu sigue siendo el mismo, canciones hechas para viajar por zonas áridas, pedregosas y polvorientas. Manteniendo a Vago Sagrado y Yajaira en el cartel, los mismos invitados nacionales agendados para la fecha original del 2019 que se mantenía como un aura presente en el merch y en los vasos plásticos para la cerveza, Brant Bjork debutó como solista en plena autoridad, deleitando a los fanáticos del rock desértico que buscan la autenticidad, un valor que el músico ha tenido como norte a lo largo de toda su carrera, plantándose en sus propios términos y a su propio ritmo, sin jugar el tentador naipe de la nostalgia. Por si fuera poco, lo vimos disfrutar junto a su afable compañero Ryan Gut y a la leyenda Mario Lalli, hombre de Yawning Man que ya nos había visitado con su banda, y que en esta oportunidad solo habló con su bajo. A veces, basta con la comunicación musical. La sabiduría popular dice que todo pasa por algo y este 2024 deberíamos estar hablando de la segunda venida solista de Brant Bjork, como se va a escribir en los portales de Argentina y Brasil. La historia quiso que esperáramos más de 4 años, ¿pero saben qué? A lo mejor eso aumentó la mística de lo que vimos tanto en Santiago como en Concepción junto a The Polvos!, Icarus Gasoline y Kayros el día anterior en Casa de salud, una verdadera caravana espiritual amparada por un rock que solo sabe de legitimidad, oficio y buena onda. Quizá, este último es el concepto que mejor sintetiza este debut de Brant Bjork, lo pudimos ver cuando alguien de las primeras filas le pasó un plátano y el fingió hablar por teléfono diciendo “Mamá, no puedo hablar ahora, ¡estoy en Santiago!”, causando las risas de los asistentes, como también en esa electricidad mesiánica de cada canción que el hermano del desierto escogió para guiar nuestra ruta en esta travesía fantástica. Pablo Cerda Fotos: Juan Maralla Tags #Brant Bjork #Yajaira #Vago Sagrado #Kyuss Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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