Execrator Cultos de Muerte Jueves, 20 de Agosto de 2026 2026. Chargola Rec & Prod. Execrator nunca fue solo groove, ese pulso rítmico que los convirtió en los noventa en una de las bandas más reconocidas del metal chileno, ya que, a su vez, la brutalidad primitiva, la oscuridad y el gusto por los sonidos extremos fueron igual de decisivos en construir su identidad. Desde "Non Nobis" (1992) y "Death of Gods" (1993) hasta la consolidación de su faceta más cruda en "Borning in the Shadows" (1994), la banda armó un lenguaje propio, donde los riffs contundentes y una actitud agresiva convivieron siempre con un lado más melódico y pausado. Lo primero que llama la atención en "Cultos de Muerte" es su portada, que recupera el diseño original del logo de Execrator y, con él, parte de la identidad gráfica de sus primeros años. No es un detalle menor: el trabajo estuvo a cargo de Alex Ortega, autor de la portada de "Non Nobis" y baterista de la banda en esa etapa. El resultado es sobrio, oscuro y directo, sin necesidad de recargar la imagen para transmitir la crudeza de la música. Un regreso a las raíces también desde lo visual. En lo que respecta a lo musical, después de un largo silencio y de lo que en su momento pareció una despedida definitiva con "Tuo da Gloriam Satan" (2012), Execrator vuelve sin caer en la nostalgia. El álbum recoge el bagaje acumulado en sus distintas etapas, pero también las experiencias e influencias que sus integrantes sumaron en el camino. Hay madurez compositiva, oficio y perspectiva, aunque nunca a costa de la crudeza: los riffs siguen siendo pesados, la oscuridad sigue ahí y la blasfemia atraviesa el disco de principio a fin. 'Demons of Fire' irrumpe desde el primer instante como una tromba arrolladora, desplegando una energía intensa que deja claro, desde sus primeros compases, la dirección que tomará el resto de la placa. En ello, se encuentra un equilibrio muy efectivo entre brutalidad, técnica y groove, con cada elemento en su lugar y sin que uno opaque al resto. Los riffs se apoyan en una ejecución precisa y en una base rítmica que no da respiro. Hay fuerza, pero también control; virtuosismo, pero sin exagerar. Un corte que golpea y que además tiene gancho, y una manera bastante clara de avisar que Execrator está de vuelta y no para bajar las revoluciones. El momento más particular llega con 'De Sangre y de Fuego', la primera canción que la banda interpreta completamente en castellano. Es una pieza cadenciosa, de atmósfera opresiva y con reminiscencias del doom. El idioma juega a favor: la voz de Álvaro, ya cruda a lo largo del disco, acá suena todavía más desgarradora, como si las palabras pesaran aún más. Junto con lo anterior, la ausencia de efectos que la suavicen refuerza uno de los grandes atributos del álbum: su carácter directo, áspero y visceral. 'Men and their Gods' también rompe esquemas, al desplegarse como una extensa pieza de más de seis minutos construida sobre una amalgama de ritmos densos y oscuros. Su desarrollo pausado pero envolvente, aporta una atmósfera particular al conjunto, reflejando con claridad el carácter ecléctico del álbum y su capacidad para transitar por distintas texturas y matices sin perder su identidad. Con 'While my Enemies Die' la banda vuelve a pisar el acelerador. Los riffs cargan con el peso del tema y los solos aportan una veta melódica que, lejos de suavizar, potencia su costado salvaje. 'Old Wizard' y 'Blasphemous Flame', por su lado, parecen condensar el ADN de Execrator en una sola canción: brutalidad, densidad y una voz desgarradora de principio a fin, sin demasiadas vueltas y directo al hueso. Bien podrían funcionar como carta de presentación de la banda. El cierre con 'Sabbath's Thrones' también se erige como un corte que mira decididamente hacia atrás y remite al Execrator clásico de "Silent Murder" y el álbum homónimo de 1998: estructura breve, directa y sin adornos. Un guiño a los primeros años y, al mismo tiempo, la forma más natural de terminar el disco, volviendo a las raíces después de recorrer distintos momentos de su trayectoria. Quizás uno de los aspectos más llamativos de "Cultos de Muerte" está precisamente en la manera en que toda su historia sonora logra convivir. Pese a la distancia física entre sus integrantes y al largo silencio discográfico, en ningún momento se percibe una banda intentando recuperar una fórmula perdida: hay fiato, seguridad y una conexión musical que sobrevivió intacta. El disco se siente compacto y cohesionado, con cada instrumento en su sitio, canciones con personalidad propia y un hilo conductor que las mantiene unidas junto a una producción a la altura, desplegada por Juan Pablo Donoso en los estudios Sade. "Cultos de Muerte" funciona como mirada al pasado y como reafirmación del presente. Execrator recupera elementos de su historia, los cruza con la sensibilidad ganada en estos años y entrega un disco honesto y fiel a su identidad. Pasó el tiempo, los caminos se separaron y el silencio fue largo, pero después de escuchar este álbum una cosa queda clara: el espíritu de Execrator sigue ahí, tan brutal y desafiante como siempre. Maximiliano Sánchez Tags #Execrator #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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