AC/DC
Powerage
Muchos lo suelen pasar por alto por estar entre dos de los álbumes más emblemáticos de AC/DC -"Let There Be Rock" (1977) y "Highway to Hell" (1979)-, pero para una parte significativa de su hinchada representa lo mejor que grabaron jamás. Sin grandes sencillos ni himnos, "Powerage" no figura entre los más citados cuando se habla de su legado, pero guarda una energía única y una brutal honestidad difícil de copiar.
Este disco marcó la llegada del bajista Cliff Williams, completando así su formación clásica. Fue también el último trabajo producido por Harry Vanda y George Young —hermano mayor y mentor de Angus y Malcolm—, quienes habían guiado a la banda durante su etapa inicial. Grabado en tres semanas y con recursos limitados, conserva una urgencia que se traduce en un sonido crudo y directo, muy similar al que desplegaban como teloneros de figuras como Black Sabbath o Rush.
Cada elemento encaja con precisión: los riffs suenan afilados, la batería de Phil Rudd mantiene el pulso con su estilo seco e implacable, y por primera vez el bajo gana protagonismo en la mezcla, aportando mucho peso y definición. Otro punto destacable es la mezcla, que resulta sencilla pero efectiva, resaltando lo mejor de cada instrumento sin recargarla. La guitarra rítmica, en particular, alcanza una demoledora nitidez, sosteniendo cada tema con una firmeza inquebrantable.
Aunque han sido históricamente acusados de repetir la misma fórmula, "Powerage" explora un rango más amplio de estructuras. De entrada, 'Rock 'n' Roll Damnation', escrita a pedido del sello como single, destaca por su ritmo contagioso y su trabajado uso de la percusión. Como siempre, las guitarras son excepcionales y la voz de Bon Scott es abrasadora, con ese filo entre lo salvaje y lo sarcástico que lo caracterizaba. 'Riff Raff' es un torbellino de energía con uno de los solos más encendidos de Angus Young, mientras que 'Sin City' brilla tanto por su creciente tensión como por un poderoso breakdown guiado por el bajo. En 'Down Payment Blues', los hermanos Young se lucen con riffs entrecortados, llenos de poder, acompañando una letra en la que Scott da muestras de su estilo narrativo callejero. Frente a la intensidad de estos tracks, también encontramos espacio para momentos más relajados y de raíz blusera, como 'Gone Shootin'', que avanza con un groove pegajoso y contenido. Mientras 'Gimme a Bullet' y 'Up to My Neck in You' se presentan como un ejercicio puro de rock 'n' roll musculoso y directo, el cierre con 'Kicked in the Teeth' eleva la intensidad al máximo, con una interpretación salvaje de Bon y riffs que rugen sin tregua. Así las cosas, la gran virtud de este disco es que no depende de un éxito aislado, sino como un conjunto que, visto a la distancia, se siente tan sólido como equilibrado.
Con el tiempo, "Powerage" ha ganado un merecido estatus de culto. No busca impresionar con pirotecnia, pero realmente deja huella. Aunque no alteró de inmediato la trayectoria comercial de AC/DC, hoy se reconoce como una obra crucial dentro de su discografía, pues captura a la banda en un momento de plenitud creativa, antes de que el estrellato comenzara a condicionar sus decisiones artísticas. Por eso no sorprende que músicos como Slash, Joe Perry o Keith Richards lo consideren su mejor trabajo. Apreciarlo más de una vez y de principio a fin permite descubrir matices y giros que escapan a una primera escucha. Eso lo ha convertido en un clásico discreto, pero indispensable.
Giordano Antonelli Villavicencio
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