Iron Maiden: cinco décadas de clásicos, precisión y espectáculo
Bogotá recibió una celebración de primer nivel.
Cincuenta años de trayectoria no son poca cosa, especialmente para una banda que ha convertido el heavy metal en un espectáculo de dimensiones monumentales sin perder su identidad. Desde que Steve Harris fundó Iron Maiden en 1975, la agrupación británica ha atravesado distintas épocas y transformaciones, manteniendo una propuesta que ha logrado conectar con varias generaciones de seguidores. Su legado no solamente se encuentra en los discos que marcaron la historia del género, sino también en una manera de entender los conciertos donde la música, la teatralidad y una puesta en escena cuidadosamente elaborada forman parte de una misma experiencia. Y si algo quedó claro durante su quinta visita a Bogotá, es que la Doncella de Hierro todavía tiene mucho que ofrecer.

La gira “Run For Your Lives” celebra ese recorrido por su historia, concentrándose en los primeros nueve álbumes de estudio y recuperando composiciones que durante décadas permanecieron fuera de sus presentaciones. Sin embargo, esta celebración también llega acompañada de un cambio importante: por primera vez en Sudamérica desde el retiro de Nicko McBrain de las giras, la batería está a cargo de Simon Dawson, conocido por su trabajo junto a Steve Harris en British Lion. Una modificación significativa para una formación que durante años se caracterizó por su estabilidad y que ahora enfrenta una nueva etapa sin renunciar a su esencia.

El domingo 11 de octubre, el Vive Claro Distrito Cultural recibió a Iron Maiden para una presentación de dos horas donde prácticamente todo funcionó a la perfección. El sonido fue extraordinariamente claro, permitiendo distinguir cada instrumento sin perder contundencia, mientras la iluminación, las enormes pantallas y los elementos escenográficos acompañaron un recorrido musical construido con precisión. Desde los primeros minutos quedó en evidencia que la banda había llegado a Colombia con una producción a la altura de su historia.

Como es tradición, ‘Doctor Doctor’ de UFO comenzó a sonar por los parlantes, anticipando lo que estaba por venir. Luego, ‘The Ides of March’ preparó el ambiente mientras las imágenes proyectadas transportaban al público hasta los primeros años de la agrupación. A las 8:30 de la noche, ‘Murders in the Rue Morgue’ dio inicio al espectáculo, seguida por ‘Wrathchild’ y ‘Killers’, completando una primera sección dedicada al álbum “Killers” de 1981. Esta última trajo consigo la aparición de Eddie, quien protagonizó uno de sus habituales enfrentamientos con Bruce Dickinson, desatando la respuesta inmediata de los asistentes.
La naturalidad con la que Iron Maiden se desenvuelve sobre el escenario sigue siendo uno de sus mayores atributos. Steve Harris recorrió cada rincón con su característico bajo, mientras Dave Murray, Adrian Smith y Janick Gers desplegaron ese inconfundible entramado de guitarras que define el sonido del grupo. Dickinson, por su parte, mantuvo una presencia escénica impresionante, demostrando que su voz todavía conserva la potencia y el control necesarios para enfrentar un repertorio particularmente exigente.

‘Phantom of the Opera’ permitió regresar hasta el debut discográfico de 1980, recuperando una composición que demuestra la ambición musical que Iron Maiden tenía desde sus comienzos. Su complejidad instrumental encontró una ejecución impecable, preparando el terreno para ‘The Number of the Beast’, uno de los primeros grandes momentos de la noche. Sin embargo, una de las sorpresas llegó con ‘Infinite Dreams’, perteneciente a “Seventh Son of a Seventh Son” de 1988, una canción que la banda recuperó para esta gira después de permanecer ausente de sus conciertos desde aquel mismo año. Sus cambios de ritmo y atmósferas ofrecieron uno de los pasajes más interesantes de la presentación.
El espectáculo avanzó hacia el universo de “Powerslave” con la canción homónima, acompañada por una escenografía inspirada en el antiguo Egipto, antes de que ‘2 Minutes to Midnight’ devolviera al público a un terreno más directo y contundente. Ambas prepararon el camino para ‘Rime of the Ancient Mariner’, una de las composiciones más ambiciosas del catálogo de Iron Maiden. Durante sus cerca de catorce minutos, el escenario se transformó en una embarcación envuelta en humo, sombras e imágenes que acompañaron esta historia inspirada en el poema de Samuel Taylor Coleridge. La precisión instrumental y la manera en que la banda administró sus distintos cambios de intensidad hicieron de este uno de los momentos más destacados del concierto.

Fue precisamente en estas composiciones donde Simon Dawson demostró estar completamente preparado para asumir su responsabilidad. Reemplazar a Nicko McBrain después de 42 años no es una tarea sencilla, pero el baterista ofreció una ejecución sólida, precisa y contundente, respetando la identidad rítmica del grupo. Su desempeño permitió que la maquinaria de Iron Maiden continuara funcionando con absoluta naturalidad, sin que el cambio afectara la potencia del espectáculo.
‘Run to the Hills’ devolvió al Vive Claro a los coros multitudinarios, mientras ‘Seventh Son of a Seventh Son’ recuperó el carácter progresivo y conceptual del álbum de 1988. Esta última estuvo acompañada por una impresionante representación visual de Eddie, reforzando la atmósfera sobrenatural de una composición que permitió disfrutar especialmente del trabajo de las tres guitarras. El sonido mantuvo una claridad notable incluso durante los pasajes más complejos, confirmando el extraordinario nivel técnico de la producción.

El tramo final reunió varios de los clásicos más reconocibles de la banda. ‘The Trooper’ llegó acompañada por una nueva aparición de Eddie, esta vez caracterizado como soldado, mientras Dickinson recorría el escenario con las banderas de Colombia y Gran Bretaña. La teatralidad continuó con ‘Hallowed Be Thy Name’, donde el vocalista apareció encerrado en una celda, recreando la historia de un condenado que espera su ejecución. Finalmente, ‘Iron Maiden’ cerró el bloque principal con toda la contundencia de una composición que continúa siendo parte fundamental de sus presentaciones.
Tras una breve pausa, el discurso de Winston Churchill anticipó el regreso de la agrupación con ‘Aces High’, acompañada por imágenes de aviones de combate y Dickinson caracterizado como piloto. La velocidad de la canción volvió a demostrar la coordinación de los músicos, antes de dar paso a uno de los momentos más emocionantes de la noche: ‘Fear of the Dark’. Miles de voces comenzaron a entonar su reconocible melodía mientras el vocalista recorría el escenario con gabardina y una lámpara en mano, convirtiendo al recinto en un enorme coro colectivo. El cierre quedó reservado para ‘Wasted Years’, perteneciente a “Somewhere in Time” de 1986, una elección especialmente significativa para una gira que celebra medio siglo de historia y cuyo mensaje sobre el paso del tiempo encontró un sentido particular en esta ocasión.

Más allá del repertorio, el nivel de producción fue uno de los grandes protagonistas del concierto. Cada guitarra, cada línea de bajo, cada golpe de batería y cada intervención vocal encontraron su espacio dentro de una mezcla equilibrada y potente. La iluminación y las pantallas acompañaron las distintas atmósferas sin quitarle protagonismo a la música, mientras los cambios escenográficos aportaron una dimensión cinematográfica a una presentación que mantuvo su intensidad de principio a fin. A esto se sumó la respuesta del público colombiano, que acompañó cada canción con una energía que Dickinson agradeció en reiteradas ocasiones.
Después de cinco décadas, Iron Maiden no necesita demostrar su importancia dentro de la historia del heavy metal, pero continúa entregando argumentos para justificarla sobre el escenario. Su quinta presentación en Bogotá fue una muestra de experiencia, disciplina y pasión musical, con una formación que sigue funcionando con extraordinaria precisión pese a los cambios y al paso de los años. La Doncella de Hierro celebró su pasado sin quedarse atrapada en él y confirmó que todavía conserva esa capacidad de transformar un concierto en una experiencia donde la música y el espectáculo alcanzan un equilibrio difícil de igualar. Porque si algo quedó claro en el Vive Claro Distrito Cultural es que 50 años después, Iron Maiden sigue teniendo mucho que decir, y lo hace con la misma convicción que la convirtió en una de las bandas fundamentales del género.
Texto: Matias Arteaga S.
Fotos: Khris Forero
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