Melvins Houdini Jueves, 05 de Noviembre de 2026 1993. Atlantic Records En 1993, las grandes discográficas estaban dispuestas a contratar casi cualquier cosa que oliera a Seattle. Nirvana había convertido una escena en negocio y, de pronto, las bandas que llevaban años tocando para públicos pequeños parecían tener un valor que nadie les había visto antes. Melvins llegó así a Atlantic Records, aunque había un problema: su música tenía bastante que ver con el nacimiento del grunge, pero muy poco con lo que la industria esperaba vender bajo ese nombre. "Houdini" fue la respuesta a esa contradicción. Y no tuvo nada de conciliadora. Buzz Osborne y Dale Crover venían de pasar buena parte de los ochenta haciendo que el punk y el metal sonaran cada vez más lentos, pesados y desagradables. Su influencia sobre Kurt Cobain y tantos otros músicos de Washington era conocida, pero escuchar a Melvins nunca había sido una experiencia particularmente cómoda. Los riffs podían repetirse hasta agotar la paciencia, las canciones cambiaban de dirección cuando menos convenía y las letras parecían escritas para que nadie pudiera explicar de qué trataban. Con un contrato importante en las manos, había razones para esperar algún intento de acercarse al público. Lo curioso es que "Houdini" tiene varias de sus canciones más fáciles de recordar sin dejar de ser un disco profundamente raro. Basta con escuchar 'Hooch'. El riff entra como si quisiera aplastarlo todo, pero tiene un movimiento casi bailable, sostenido por una batería que nunca se limita a marcar el tiempo. Dale Crover es fundamental en esa mezcla de fuerza y precisión: sus golpes abren espacios, cortan frases y hacen que una canción aparentemente simple tenga mucho más pasando por debajo. 'Honey Bucket' lleva esa energía hacia una velocidad cercana al hardcore, mientras 'Night Goat' hace exactamente lo contrario y deja que el bajo y las guitarras avancen con una pesadez que parece imposible de mover. No hay una fórmula única, aunque todas las canciones suenan inequívocamente a Melvins. El disco también tiene sentido del humor, algo que suele perderse cuando se habla de su importancia para el sludge metal. La versión de 'Goin’ Blind', de Kiss, parece una elección improbable hasta que uno escucha cómo la banda se apropia de ella. Y después están 'Hag Me', 'Joan of Arc' o 'Set Me Straight', que se mueven entre el ruido, el rock más directo y esa costumbre de estirar las ideas hasta dejarlas al borde de romperse. El cierre con 'Spread Eagle Beagle', más de diez minutos de percusión, termina de aclarar que nadie estaba demasiado preocupado por hacer un álbum fácil de programar en la radio. La presencia de Kurt Cobain en los créditos ayudó a convertir "Houdini" en una historia atractiva para la prensa. Antes de alcanzar la fama con Nirvana, Cobain había sido un seguidor cercano de Melvins, una banda que influyó profundamente en su manera de entender el rock. Dale Crover incluso había tocado la batería en las primeras grabaciones de Nirvana. Cuando Atlantic contrató a Melvins, la participación de Cobain como coproductor parecía una buena manera de conectar el disco con el fenómeno musical del momento. Pero las cosas no resultaron como se esperaba. Cobain atravesaba una fuerte adicción a la heroína, su trabajo durante las sesiones fue irregular y terminó siendo apartado de la producción. Su aporte musical fue bastante más limitado de lo que la historia del disco ha sugerido con los años. Es tentador contar "Houdini" como una curiosidad en la biografía de Nirvana, aunque hacerlo sería perderse lo verdaderamente interesante: aquí estaban algunos de los responsables de que ese sonido existiera, aprovechando su oportunidad en una multinacional para seguir haciendo lo que se les daba la gana. Con los años, el álbum se convirtió en la puerta de entrada más conocida a Melvins, aunque no necesariamente en su disco más extremo. Tal vez ahí esté su gracia. Tiene canciones que se quedan pegadas, riffs enormes y una producción que permite apreciar cada golpe, pero también conserva suficientes decisiones incómodas como para recordar de dónde viene la banda. Más de tres décadas después, cuando el grunge ya es parte de la historia oficial del rock, Houdini sigue sonando como una broma pesada hecha desde adentro: la industria fue a buscar a uno de sus antepasados y recibió un disco que no tenía ninguna intención de portarse bien. Martín Sepúlveda B. Melvins regresará a Chile como parte del festival Levitation, junto a Osees, Boris, Frankie and the Witch Fingers, Yucatán y Arteaga, el próximo 21 de enero en Teatro Coliseo. Entradas disponibles en Puntoticket. Tags #Melvins #Houdini #Kurt Cobain #Garth Richardson #Buzz Osborne #Dale Crover #Lori Black Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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