Gojira: en otro mundo El abrazo definitivo de la banda francesa con el público local Miércoles, 31 de Agosto de 2022 Martes 30 de agosto, 2022 Teatro Caupolicán Revisa la galería de imágenes AQUÍ. Cuando Gojira visitó Chile por primera vez en 2015, la banda venía en un período muy distinto de su carrera. Este primer encuentro con las huestes nacionales ocurrió nueve meses antes de lanzar “Magma” (2016), uno de sus discos más celebrados y que cimentó la búsqueda de una transversalidad a veces resistida por sus fanáticos más antiguos. Si en ese Santiago Gets Louder ya se avizoraba una estrecha relación con nuestro país, el concierto que el martes 30 de agosto del 2022 dieron ante un Caupolicán repleto hasta las banderas fue el abrazo definitivo entre franceses y chilenos, una instancia marcada no solo por la mayor visibilidad que han recibido gracias a un disco impecable como "Fortitude" (2021), sino que también por un planteamiento sónico y estético del show que dejó al público inmerso en una experiencia repleta de incentivos sensoriales. ¿Por qué comenzamos esta reseña marcando una diferencia entre dos puntos específicos de la carrera de Gojira? Porque ayuda a entender cómo los elementos fueron cuajando para formar una gran línea narrativa. En otro momento de la historia de los franceses, quizá más cercana a "L'Enfant Sauvage" (2012) o al mismo "Magma" (2016), caería de cajón juntarlos con All Tomorrows, por ejemplo, pero considerando que la aguja se movió hacia el metal con elementos étnicos en "Fortitude", la decisión de tener a Mawiza como primer plato de la noche fue más que acertada. Tener en frente la simbología mapuche y escuchar el mapuzungun de manera tan natural, tanto en las letras de las canciones como en las interacciones con el público, fue una gran oportunidad para conectarnos con las raíces de nuestra cultura, que merece todo nuestro respeto y admiración, incluso regalando un afafan a los mismos Gojira, motivado por el enclave nacional y seguido por la audiencia. La gran gracia de la propuesta de Mawiza es formar un gran y robusto puente cultural. Hace bastante tiempo que el metal chileno está incorporando no solo la iconografía de esta primera nación, sino que también sus sonoridades. Esto va más allá de darle un espacio puntual a una trutruca en una canción de arquitectura metálica, lo del cuarteto nacional tiene que ver con la traducción completa de la música mapuche hacia las guitarras pesadas, como en 'Killari', en la que van entrelazando las líneas melódicas de raíz, con una alta dosis de técnica en los instrumentos eléctricos. Cortes como 'Kumbagüe', 'Ancestral', '¡¡Nunca!!' y 'Mawiza Ñi Piwke', que podemos encontrar en el brillante "Kollong" (2019) -cuando eran Nunca Seremos Dichosos-, sonaron atronadores y gozaron de una audiencia muy prendida, especialmente en las primeras filas, quienes se entregaron de lleno a los riffs intrincados, a los armónicos chirriantes y al groove de una batería enérgica que Awka, Karü, Zigurat y Txalkan ejecutaron en total dominio de sus capacidades y con una propuesta muy llamativa desde lo visual. Cuando los dos actos, el de apertura y el principal "hacen match", el espectáculo es redondo y eso es lo que ocurrió en esta oportunidad. Mawiza puso el nombre del metal nacional en alto con sus códigos auditivos y discursivos, siempre con el puño en alto y regalando un encuentro lleno de newen que hizo temblar el Kallfülikan (Caupolicán). Tras la gran presentación de Mawiza, el escenario se cubrió con el telón de Gojira. El intermedio estuvo amenizado por bases electrónicas que cerca de las 21 horas empezaron a dar señales de que esta espera de 7 años llegaría a su fin. El riff de 'Born for One Thing' machacó los cráneos mientras las sombras se iban proyectando en el telón blanco hasta que pudimos encontrarnos frente a frente con Christian Andreu, Jean-Michel Labadie, Joe y Mario Duplantier, que ya con la segunda ('Backbone') se dieron cuenta de que la locura chilena en los grandes conciertos de metal estaba lejos de ser un mito. Naturalmente, "Fortitude" tuvo la mayor parte de la torta en lo que se refiere al setlist, con siete canciones que se desplegaron a lo largo de la velada, pero, a diferencia de lo que suele pasar con los discos nuevos en la mayoría de los conciertos, las intervenciones de la placa más reciente del cuarteto, como 'Hold On' o 'Grind' no hicieron caer la energía del público. Esto se debe también a que todos los entes de la banda estaban empecinados en vivir a concho esta tertulia, con un Andreu que sonreía mientras pasaba sus dedos por el diapasón o de un Labadie hiperquinético, corriendo para todos lados y saltando desde la tarima de un Mario Duplantier que sin polera aleonaba con sus golpes y un Joe Duplantier que incluso se acercó a los lados del escenario para tocar entre la gente. Cuando analizamos el otro porcentaje del repertorio que no estaba dedicado a su lanzamiento más reciente, nos damos cuenta de que no haber tenido un concierto de presentación de "Magma" en Chile, solo hizo que canciones como 'Silvera' crecieran a fin de ingresar en el cajón de clásicos de la banda. Secciones como la parte lenta de 'Stranded', cuando Joe Duplantier hace la voz limpia, pusieron la piel de gallina, aumentando las sensaciones al máximo cuando se formó un mar de manos que se empinaron hacia el techo del Caupo, como si todo el público estuviera dispuesto a recibir la energía distorsionada en su cuerpo. Si ya con el carisma innato de los músicos y un sólido repertorio actual bastaban para que el show fuera memorable, los elementos visuales no se quedaron atrás. Desde el canto de ballenas que anunciaba 'Flying Whales' y las células danzantes en 'The Cell', pasando por el vertiginoso y perturbador corto que acompañó 'Love' y su enganche con 'Rememberance' o la animación de 'Another World', en que el cuarteto fantasea con subirse a un cohete para buscar otro mundo, pero se decepciona al descubrir una Torre Eiffel en ese lejano lugar, una metáfora de que el humano volvería a cometer el mismo error una y otra vez donde sea, hasta la fábrica humeante en blanco y negro que ilustraba 'Toxic Garbage Island', todo ayudó a llevar el concierto al siguiente nivel, especialmente en estas canciones clásicas que se esperaban con ansias. Uno de los apoyos más potentes fue sin duda el de 'The Gift of Guilt', en el que las personas se pasaban "el regalo de la culpa" envuelto en una caja de generación en generación hasta abrirla para liberar una bandada de pájaros negros y un monstruo en clave "The Wall" de Pink Floyd que finalmente crece para convertirse en un árbol, un gran mensaje que llegaba al alma entre la batahola de riffs, el mosh y el headbanging sumido en el groove. La intensidad de 'L'enfant Sauvage', el coro masivo de 'The Chant', que incluso siguió después de que acabara la canción, la agitación de 'New Found' y la despedida con 'Amazonia', en la que Joe Duplantier se sacó la guitarra para tomar el micrófono con ambas manos y cantar una vez más con el público, son más postales que sirven para enmarcar este concierto entre los grandes eventos del año y no solo por los agentes sonoros, visuales y anímicos que analizamos en tanto detalle, sino que también por agentes externos. Ver a Mario Duplantier con un cartel en el que se leía el aviso "¡Más fuerte por la chucha!", para pedir más interacción con los fanáticos durante su acotado solo de batería, el cuál fue respondido con un "¡La raja!" cuando el público gritó más fuerte, o la polera de la selección chilena que lucía el mismo baterista con el nombre de Ben Brereton Diaz en la espalda, le dieron un sabor extra al concierto, un juego entre lo cerebral del mensaje musical y la buena onda que la banda tuvo en todo momento. Cabe destacar también que el recinto de calle San Diego respondió adecuadamente. Mucho se reclamó que Gojira debiese haber tocado en un lugar más grande, pero la verdad es que tenerlos en un espacio íntimo fue clave para disfrutar esos detalles que a veces se pierden en la grandilocuencia de entornos con mayor capacidad. No cabe duda, eso sí, que con el paso del tiempo y la respuesta que ya obtuvieron de los fanáticos locales, el cuarteto va a ir requiriendo un mayor aforo para sus próximas visitas, ojalá no tan distanciadas en el tiempo. En la entrevista que Bulldozer, nuestro medio hermano metalero, tuvo con Joe Duplantier en 2021, el líder del conjunto nos dio una pequeña pista cuando le preguntamos si había posibilidad de tenerlos en Chile una vez que se dieran las condiciones. "Espera y verás", nos dijo y, bueno, la espera no fue en vano. Gojira es de esas bandas que crea un universo propio a su alrededor, y necesitábamos urgentemente vivir la experiencia de un show completo de ellos para poder apreciar su arte en 360 grados, además en un lugar significativo para la música en vivo en nuestro país que incluso ha visto pasar a las grandes influencias de los europeos. Que importante es ver a las bandas en el momento y lugar adecuado porque te llevas a casa un pedazo de la historia, y en tu memoria quedan alojadas las imágenes de un espectáculo bien logrado y rebosante de estímulos. Así fue el paso de Gojira, nos hicieron sentir en otro mundo. Pablo Cerda Fotos: Sergio Mella Tags #Gojira #Teatro Caupolicán #Joe Duplantier #Mario Duplantier #Mawiza Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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