Iron Maiden: Corriendo por la vida eterna Gran cierre de su gira latinoamericana Lunes, 02 de Noviembre de 2026 Domingo 1 de noviembre de 2026 - Estadio Nacional Galería de imágenes AQUÍ. Nuevamente la casa de Iron Maiden en Chile se vestía de gala para recibir a sus hijos ilustres, quienes venían a celebrar sus 50 años de carrera en un país que los acogió contra viento o marea desde esa primera y no concretada visita de 1992. Desde entonces, la familia local ya cruza tres generaciones de fans, quienes colmaron el recinto durante dos noches históricas. También resultó histórica la presencia de los ariqueños Nuclear, quienes desde 1998 vienen trabajando arduamente para hacerse de un nombre que cruce nuestras fronteras. El trabajo honesto y sacrificado siempre tiene una recompensa, y tal como lo djo el vocalista Matías Leoncio, “es un honor estar abriendo para una banda tan importante e influyente en nuestras vidas como Iron Maiden”. Con un sonido potente y bien definido, el grupo desenpolvó artillería pesada con su thrash de la vieja escuela en canciones como ‘Abusados’, ‘Violent DNA’, ‘Heaven Denied’, ‘Belligerence’ y ‘Apátrida’, que fueron un comprensivo repaso de toda su discografía, y donde en 30 minutos de sólida y compacta actuación, demostraron por qué son uno de los mejores nombres de nuestra actual escena del metal y con mucha proyección internacional. Una velada especial merecía un regalo en la misma categoría, y eso fue Mammoth, quienes se presentaron exclusivamente en Chile. La banda es liderada por el hijo de Eddie Van Halen, Wolfgang, que a sus 35 años está labrando su propia carrera y edificando su propia historia. El nombre de la banda es un homenaje al primer nombre que tuvo Van Halen antes de llamarse Van Halen, y si bien en estudio su líder es un multi-intrumentista que toca casi todo en sus tres discos a la fecha (siendo el más reciente “The End” del año pasado), en vivo cuenta con una banda de apoyo de gran nivel donde destacan los guitarristas Frank Sidoris (también miembro de la banda de Slash), y Jon Jourdan, el bajista Ronnie Ficaro y el nuevo baterista que se unió a la banda justo antes de los shows en Chile, Nathan Bulla que reemplazó a Garret Withlock. Con un sonido excelente, un Wolfgang muy contento de estar acá y diciéndonos frases en español como “¿qué pasa huevones?” y “¿dónde es el mejor país de Chile?”, el quintento se enfrascó en presentar su hard rock moderno en canciones como ‘The End’, ‘The Spell’, ‘Optimist’, ‘Feel’, ‘Take a Bow’ y la final ‘Don’t Back Down’, que tienen su propio sonido y vibración, pero cuando Wolfie mete el tapping en su guitarra, ahí vemos como el ADN hace su magia inconfundible y es como escuchar a su padre, apareciendo esa nostalgia triste de sentir que nunca tuvimos la posibilidad de ver a Van Halen en Chile. Lo de Mammoth fue un gran set de 50 minutos, y esperamos tener de vuelta a la banda por aquí más temprano que tarde. Cada visita de Iron Maiden a Chile se toma como un ritual, como una fiesta donde nadie puede faltar. El tiempo va pasando y nuestros hérores van envejeciendo, y la audiencia también, aunque siempre está esa nueva facción de fans jóvenes que representan la renovación y que con toda la ilusión del mundo vienen a vivir su primera vez con la Doncella. Siempre hay muchos detalles que analizar en sus shows, y esta gira de conmemoración del 50 aniversario, donde se tocarían canciones de sus nueve primeros discos, presentaba muchos elementos para aquello, como la total ausencia de material de "No Prayer for the Dying" (1990). Con un inicio puntual y con un sonido potente y definido, sobre todo en la parte delantera de la mesa de control, ‘Murders in the Rue Morgue’ arrancó con mucho brio desatando la locura de los fans, para engancharla enseguida con ‘Wrathchild’ que sonó en una versión más ralentizada que la original, lo que también se pudo apreciar en otros temas durante la noche. Himnos de la primera era de la banda como ‘Killers’ y ‘Phantom of the Opera’ son un privilegio de escuchar en vivo en Chile, y la emoción se podía percibir en muchos ojos humedecidos. Tras ‘The Number of the Beast’ llegó quizás uno de los temas más esperados de la noche, la inmensa ‘Infinite Dreams’ y toda una prueba de fuego para el nuevo baterista Simon Dawson. Lo cierto es que tratar de llenar los zapatos de un baterista como Nicko McBrain es una tarea titánica, pero demostró que su estilo se acopla mucho mejor al groove que le imprimía Clive Burr. En esas canciones de la primera etapa es donde Dawson más consistente suena, pero en el material de Nicko hay muchos elementos que se extrañan, como la técnica del pie veloz, con la que McBrain aceleraba de forma impresionante la velocidad del bombo, así como también ese juego de tresillos y las partes de galope las acompañaba siempre liderando con su ride, quedando esa sensación inequívoca de que se simplificaron mucho las partes de batería, sobre todo en el material de “Somewhere in Time” (1986) y “Seventh Son of a Seventh Son” (1988). Por supuesto, la culpa no es de Simon, que ofrece y da todo lo que tiene de si para la banda, y por eso su elección ha sido cuestionada, pero el grupo, sobre todo el jefe Harris, prefiere tener a un amigo de confianza que no altere la buena comunión interna de la banda en lugar de una estrella de la batería. Fue el mismo argumento que se privilegió cuando entraron Janick Gers y Blaze Bayley, y por ello fueron tan resistidos y criticados en sus ingresos, no así Adrian Smith, Bruce Dickinson y Nicko McBrain, quienes eran exponencialmente mejores como músicos que sus predecesores, y gracias a ello, el grupo creció enormente en su capacidad compositiva e interpretativa. La tripleta con ‘Powerslave’, ‘2 Minutes to Midnight’ y ‘Rime of the Ancient Mariner’ resultó espectacular, aunque también se siente esa nostalgia de que ahora todos los decorados del escenario sean con diseño digital. Se echan de menos los viejos telones y las figuras volumétricas en 3D, como el avión Spitfire de tamaño real, el Ícaro gigante al cual Bruce le derretía las alas con un lanzallamas, el enorme Eddie momificado y tantos otros recursos extraordinarios. Las gráficas de las pantallas no logran equiparar del todo en cuanto a espectacularidad. Luego de una celebrada ‘Run to the Hills’ llegó ‘Seventh Son of a Seventh Son’ ,donde Dickinson nos regaló un agudo sostenido durante más de 30 segundos, y lo cierto es que el espadachín de 68 años todavía es capaz de bridar actuaciones sobresalientes en materia vocal. Por eso es que se insistió tanto en que la gente no prendiera bengalas, porque tal como sucedió en Ecuador, el humo afecta su voz. Por su parte, Dave Murray y Adrian Smith siguen demostrando porque son una de las mejores duplas de guitarras de la historia del heavy metal. Su pulcritud y precisión siguen en un altísimo nivel, y siempre es un placer verlos tocar. Por su parte Gers, sigue siendo ese entretenedor que aporta el filo más callejero, mientras que Steve Harris no ha perdido un ápice de intensidad y precisión, y verlo tocar con tanto power y con su pie sobre el monitor y apuntando su bajo a las cabezas de la audiencia, es un gusto supremo. El cierre de la primera parte del show llegó de la mano con ‘The Trooper’, ‘Hallowed Be Thy Name’ y la homónima ‘Iron Maiden’ donde hizo su aparición un Eddie digital en la pantalla. Luego de unos minutos de descanso, la banda salió a rematar la faena con un triple bis compuesto por ‘Aces High’ -donde la sección intrumental de bajo y guitarras iba en velocidad crucero y la batería un cambio más abajo, lo que hizo que la primer estrofa de la canción sonara muy descordinada-, para luego llegar al karaoke masivo de ‘Fear of the Dark’ y el cierre con la siempre emotiva ‘Wasted Years’ y ese mensaje de “no pierdas el tiempo buscando los años desperdiciados y date cuenta que estas viviendo los años dorados”. Sumando y restando, y teniendo en cuenta los pro y contras, un show de Iron Maiden en Chile siempre será una experiencia inolvidable de vivir, y ese “les prometo mis amigos que dentro de dos años estaremos de vuelta” de Bruce Dickinson es un compromiso para enmarcar en letras de oro. Afortunados somos todos los que hemos coincidido en el tiempo con una de las bandas de metal más grandisosas de la historia, y esos son los verdaderos años dorados. Cristián Pavez Fotos: Juan Maralla Tags #Iron Maiden #Nuclear #Mammoth #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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