Deftones: Ecos de trascendencia Análisis a su actualidad marcada por el reciente "Private Music" Lunes, 16 de Febrero de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #271, enero de 2026. «’Cause back in school, we are the leaders of it all». La frase hoy suena menos como arrogancia juvenil y más como presagio. Deftones entendió temprano que liderar no es imponer una forma, sino saber mutar sin perder densidad. “Private Music” no es un regreso cómodo ni un gesto nostálgico: es la confirmación de que la banda sigue operando como un eje entre generaciones, capaz de volver a ocupar un lugar central sin maquillarse de actualidad. Karin Ramírez Fotos: Jimmy Fontaine Lejos de “actualizarse” para sonar vigente, Deftones optó en su último trabajo por algo más complejo: volverse permeable. “Private Music” (2025) funciona como un puente; mientras que para oyentes jóvenes es una puerta de entrada a una historia que no pesa como museo, para quienes los siguen desde los noventa es la prueba de que el paso del tiempo no endurece necesariamente, sino que puede afinar la escucha. Hoy, en ese cruce generacional, la obra de los de Sacramento sigue siendo lenguaje común. No como reliquia ni como novedad forzada, sino como una banda capaz de acompañar trayectorias largas, biografías fragmentadas y escuchas que cambian con el tiempo. Porque crecer con Deftones nunca fue dejar algo atrás, fue aprender que el ruido también envejece, se transforma y sigue diciendo cosas distintas. Deftones es una de esas bandas excepcionales que no solo resisten el paso del tiempo, sino que crecen junto a su audiencia. Ese proceso fue clave para la redefinición del género. “Adrenaline” (1995) apareció en una industria aún previa al internet masivo, donde la difusión musical estaba profundamente anclada al cuerpo y al territorio: sellos discográficos, tiendas físicas, radios especializadas y, de manera central, el circuito en vivo. En ese contexto, el disco no operó como una mercancía de consumo rápido, sino como una experiencia compartida y acumulativa, como un proceso de construcción de capital simbólico. Su expansión fue lenta y orgánica, sostenida por el boca a boca, la asistencia reiterada a conciertos y la rotación nocturna en radios alternativas, espacios donde se producía comunidad antes que audiencia. La ausencia de un hit inmediato no constituyó una carencia, sino una condición estructural de su crecimiento: Deftones consolidó reconocimiento a través de la persistencia y la presencia sostenida, más que mediante la espectacularización o el impacto instantáneo. Con “White Pony” (2000), Deftones dio un paso decisivo. El disco no solo expandió su paleta sonora, sino que dialogó con una industria en transición. Aunque todavía anclado al formato físico, su difusión ya combinaba MTV, singles icónicos y una estética visual consciente con los primeros circuitos digitales, foros, sitios web y descargas informales que amplificaron su alcance. Para la Generación X, Deftones fue banda sonora de una adultez temprana marcada por la precariedad, la incomodidad y la sensación persistente de no encajar. Hoy, cuando su música circula en streaming, sigue cargando esa densidad material y emocional. No compite con el algoritmo: lo desacelera. Y en una industria que confunde renovación con obsolescencia, Deftones demuestra que el ruido –cuando es real– no se recicla, se transforma. 25 años después, lo digital es norma. En ese escenario –y con otros seis discos entremedio–, “Private Music” no opera como un gesto nostálgico ni como una estrategia de retorno al pasado, sino como un proceso de rearticulación de la memoria cultural de Deftones. El álbum se construye a partir de restos y fragmentos de su propia trayectoria, no para ser reproducidos fielmente, sino para ser reorganizados en un nuevo marco de sentido. Así, el pasado no aparece como un archivo fijo, sino como un repertorio dinámico que se activa y resignifica en el presente. La potencia de “Private Music” radica precisamente en asumir que la historia de una banda no se conserva intacta, sino que se reescribe de acuerdo con las condiciones materiales, generacionales y tecnológicas de cada momento. Lo que produce el disco no es un defecto, sino el resultado de ese desplazamiento, una obra que no busca restaurar una identidad previa, sino tensionarla, evidenciando cómo la permanencia en el campo musical depende menos de la repetición que de la capacidad de reconfigurar su propio legado. Para la generación millennial, Deftones siempre fue ruptura. En los noventa, cuando el nü metal comenzaba a rigidizarse en fórmulas y exceso performativo, la banda optó por la ambigüedad, la atmósfera y una emocionalidad incómoda. Creció desde lo análogo –territorio, cuerpo, persistencia– y no desde el impacto inmediato. Esa ética de resistencia es la que hoy vuelve a jugar a su favor. Con los centennials, Deftones se convirtió en herencia. Llegaron por el boca a boca digital, los foros y las playlists que diluyeron fronteras de género. Para ellos, la banda confirmó que el ruido podía ser íntimo y que la agresividad no anula la fragilidad. Ahí, Deftones dejó de ser una banda de época para transformarse en lenguaje común. Su auge reciente no se explica solo por redes sociales ni por la lógica viral. Aunque lo digital amplifica su circulación, la vigencia de la banda se sostiene en una legitimación cultural acumulada en el tiempo. Deftones no se adaptó al algoritmo, resistió desde la continuidad y, en un campo musical cíclico, esa persistencia volvió a encontrar un nuevo contexto generacional. “Private Music” aparece así como un eco desplazado, no un regreso forzado. Es un disco que atraviesa la velocidad del presente sin someterse a ella, entendiendo la memoria como materia viva y demostrando que la trascendencia se alcanza permaneciendo hasta volver a resonar. En términos musicales y simbólicos, “Private Music” evita el maximalismo del pasado y apuesta por desplazamientos sutiles que permiten renovar el lenguaje, sin traicionar su historia. En lugar de competir por visibilidad con las nuevas generaciones, Deftones las hospeda, ofreciendo un marco de sentido apropiable desde distintos momentos vitales. En una industria que confunde adaptación con dilución, “Private Music” demuestra que la trascendencia no se construye desde el impacto inmediato, sino desde la persistencia y la continuidad significativa. Lollapalooza Chile 2026 se realizará este 13, 14 y 15 de marzo en Parque O'Higgins. Entradas en Ticketmaster. Tags #Deftones #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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