Líbralos del Mal: Una experiencia sensorial intensa con un guion irregular Inquietante en forma, dispersa en fondo Viernes, 20 de Febrero de 2026 Desde hace décadas, el cine de terror ha demostrado que su fuerza no reside únicamente en provocar sustos, sino en su capacidad para convertir emociones humanas profundas en experiencias sensoriales. La incomodidad, la sospecha y la fragilidad de los vínculos suelen ser materiales más inquietantes que cualquier criatura sobrenatural. En esa tradición se ubica "Líbralos del Mal", la nueva película de Osgood Perkins, un realizador que ha construido su identidad dentro del género apostando por atmósferas densas y narrativas que privilegian la sensación por sobre la explicación. La historia parte desde un punto reconocible: Liz, interpretada por Tatiana Maslany, viaja con su pareja Malcolm, encarnado por Rossif Sutherland, a una cabaña aislada en el bosque. El viaje, que debería consolidar la relación, revela desde el inicio pequeñas grietas emocionales. Perkins se toma su tiempo para instalar la incomodidad: silencios prolongados, miradas que sugieren más de lo que dicen y un entorno natural que, lejos de ser idílico, transmite una sensación constante de amenaza. La primera mitad del film funciona con eficacia precisamente porque se sostiene en esa ambigüedad. No hay urgencia narrativa ni sobresaltos gratuitos. El director privilegia el clima, apoyado en una fotografía que transforma el paisaje en un espacio casi hostil y en un diseño sonoro envolvente que convierte cada ruido cotidiano en una posible señal de peligro. En ese tramo inicial, la película parece dialogar con el terror psicológico contemporáneo asociado a cineastas como Ari Aster o Jordan Peele, donde lo perturbador nace de la tensión emocional más que de lo explícito. Las actuaciones juegan un papel fundamental en ese equilibrio. Maslany logra transmitir dudas, inseguridad y una creciente sensación de vulnerabilidad sin caer en exageraciones, lo que permite que la historia conserve credibilidad incluso cuando empiezan a aparecer elementos más extraños. Su interpretación mantiene al espectador conectado con la experiencia subjetiva del personaje, algo esencial en un relato que depende tanto de la percepción como de los hechos. Sin embargo, cuando Malcolm debe regresar a la ciudad y Liz queda sola en la cabaña, la película empieza a desviarse. La atmósfera cuidadosamente construida se ve interrumpida por la irrupción de recursos más convencionales del género: visitas inquietantes, presencias ambiguas, visiones que alternan entre lo onírico y lo sobrenatural. Lo que inicialmente funcionaba como sugestión se transforma progresivamente en acumulación de clichés narrativos. La tensión ya no proviene del misterio, sino de la expectativa de que ocurra algo, y esa expectativa rara vez se traduce en momentos verdaderamente memorables. El guion muestra ahí su principal debilidad. Algunos giros aparecen con escasa preparación y ciertos elementos dramáticos parecen insertados más por obligación genérica que por necesidad interna del relato. Incluso decisiones aparentemente menores, como comportamientos contradictorios de los personajes o situaciones que no encuentran desarrollo posterior, contribuyen a que la historia pierda cohesión en su segunda mitad. Aun así, Perkins conserva su principal virtud: la creación de atmósferas. Visualmente, la película mantiene una identidad clara, con encuadres que potencian la sensación de encierro y un uso del espacio que convierte la cabaña en un personaje más. En ese aspecto, el filme se acerca más a la inquietud abstracta del cine de David Lynch que al terror físico tradicional. No busca asustar de forma directa, sino instalar una incomodidad persistente, una sensación de que algo no encaja del todo. El tramo final introduce explicaciones más explícitas que, lejos de fortalecer la propuesta, terminan reduciendo su potencia. Al intentar ordenar el caos narrativo, la película pierde parte del misterio que sostenía su interés inicial. Esa necesidad de explicar lo inexplicable rompe el hechizo y deja la impresión de que la historia confiaba más en su atmósfera que en su estructura. "Líbralos del Mal" es, en definitiva, una película que evidencia el talento visual y sensorial de su director, con actuaciones sólidas y momentos genuinamente inquietantes, pero también con problemas claros de guion y cohesión. Funciona como experiencia de suspenso y como ejercicio de estilo, aunque no alcanza la contundencia necesaria para convertirse en una obra perdurable dentro del género. Matias Arteaga S. Tags #Líbralos del Mal #Osgood Perkins #Tatiana Maslany #Rossif Sutherland Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Noticias Nuevos Sonidos Chilenos: Josestilez, El Fruto del Ruido, Producto Chileno y más Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Dub Is the Way: Alex Serra y Totidub vienen a Chile Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Tenemos Explosivos y Estoy Bien agendan fecha en La Cúpula Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Pedropiedra llevará ''La Tómbola'' al sur de Chile Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias ''Common People'': Lanzarán libro sobre Pulp Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Clásicos Def Leppard Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias John 5 viene a Chile en plan solista Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias The Mars Volta anuncia ''Lucro Sucio; Unfinished Business'', su primer álbum en vivo en más de veinte años Jueves, 02 de Julio de 2026