Scream 7: Entre el homenaje y el agotamiento del slasher moderno El regreso de un ícono que ya no asusta igual Lunes, 02 de Marzo de 2026 El cine de terror siempre ha tenido la capacidad de adaptarse a las obsesiones de cada época. Dentro de sus múltiples variantes, el slasher se convirtió en uno de los subgéneros más reconocibles: asesinos enmascarados, jóvenes perseguidos, violencia estilizada y una estructura que combina tensión, morbo y catarsis. Sin embargo, hacia los años noventa el modelo parecía agotado, repitiendo fórmulas sin demasiada sorpresa. Fue entonces cuando apareció "Scream", dirigida por Wes Craven y escrita por Kevin Williamson, una película que no solo revitalizó el slasher, sino que lo convirtió en un juego consciente de sí mismo. Su mezcla de ironía, cinefilia y brutalidad construyó un fenómeno que redefinió las reglas del terror comercial. Desde entonces, la saga ha sobrevivido a cambios generacionales, modas industriales y múltiples resurrecciones narrativas. Su gran símbolo, Ghostface, se transformó en uno de los villanos más persistentes del género, no por su fuerza física sino por su capacidad de representar el miedo cultural de cada momento. Con cada nueva entrega, la franquicia ha oscilado entre la sátira inteligente y la explotación nostálgica. En ese contexto llega su séptima entrega, una película que intenta reconectar con el origen de la saga mientras lidia con el peso de tres décadas de historia. La cinta marca el regreso de Neve Campbell como Sidney Prescott, el corazón emocional de la franquicia. La historia la encuentra intentando llevar una vida tranquila, ahora como madre y esposa, lejos del ruido mediático y del trauma que la ha acompañado desde su adolescencia. Pero como dicta la lógica del slasher, la tranquilidad es solo el preludio de la violencia. Un nuevo ciclo de asesinatos vuelve a activarse, y con él la inevitable confrontación entre pasado y presente. Abre con una secuencia inicial que intenta recuperar el sello clásico de la saga: llamada telefónica inquietante, referencias culturales y una construcción de tensión que funciona mejor en su planteamiento que en su resolución. Durante su primera mitad, el film logra sostener un ritmo entretenido. Hay asesinatos creativos, cierta energía juvenil en los personajes secundarios y un esfuerzo por mantener viva la tradición autorreferencial que convirtió a la franquicia en un fenómeno. Incluso se permiten guiños al legado del terror, como referencias a clásicos del género entre las que asoma "The Texas Chain Saw Massacre", recordando el linaje al que pertenece la saga. Sin embargo, a medida que la historia avanza, el guion comienza a mostrar grietas evidentes. Los diálogos pierden naturalidad, los personajes aparecen y desaparecen sin desarrollo claro, y la lógica interna del relato se vuelve cada vez más difusa. El problema no es que los protagonistas tomen decisiones cuestionables —algo inherente al slasher—, sino que la narrativa deja de construir tensión y se limita a encadenar situaciones. La dirección de Williamson, en su debut dentro de la saga como realizador, cumple en lo funcional pero rara vez aporta una mirada visual distintiva. Las escenas violentas son gráficas y efectivas, por momentos incluso más crudas de lo habitual, acercándose a la brutalidad contemporánea popularizada por títulos como "Terrifier" y su asesino Art the Clown. No obstante, esa intensidad no siempre está acompañada por una atmósfera sólida o una puesta en escena que la sostenga emocionalmente. Donde la película sí encuentra algo de fuerza es en la presencia de Campbell, que vuelve a encarnar a Sidney con convicción y peso dramático. Su personaje sigue siendo el ancla emocional del relato, incluso cuando la historia no le ofrece suficiente profundidad. También hay momentos de complicidad entre personajes veteranos que funcionan más por el afecto acumulado que por el guion en sí. El mayor tropiezo llega en su tramo final. La revelación de los responsables de los asesinatos, tradicionalmente uno de los puntos fuertes de la saga, aquí resulta previsible y poco convincente. Las motivaciones se sienten forzadas, el desenlace se precipita y la sensación general es la de una película que se apoya demasiado en la nostalgia sin lograr construir una idea potente que la justifique. Lo que comenzó como un homenaje al espíritu original termina pareciendo más una imitación que una evolución. Aun así, sería injusto negar que la película tiene momentos disfrutables. Durante buena parte de su metraje funciona como entretenimiento sangriento, especialmente para quienes tienen vínculo emocional con la franquicia. El problema es que, cuando intenta cerrar su propuesta, evidencia lo difícil que se ha vuelto mantener fresca una fórmula que alguna vez se caracterizó justamente por cuestionarse a sí misma. "Scream 7" deja una sensación ambivalente: no es un desastre absoluto, pero tampoco logra estar a la altura del legado que intenta invocar. Es una película que entretiene, que ofrece algunos momentos efectivos, pero que también confirma que el mayor desafío de la saga ya no es sobrevivir, sino justificar su existencia. Matias Arteaga S. Tags #Scream #Wes Craven #Neve Campbell #Kevin Williamson Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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