Bad Religion: Más allá de sueños eléctricos Entrevista con el bajista Jay Bentley Lunes, 11 de Mayo de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #274, abril de 2026. En la antesala de su regreso a Chile para el festival Rockout, el bajista y miembro fundador de las leyendas del punk rock, Jay Bentley, repasa su historia, su vínculo con el público chileno y reflexiona sobre el escenario geopolítico global: «Nunca había visto un mundo tan miserable como el de hoy». Cristián Jara A más de cuatro décadas de su formación, la emblemática agrupación de punk rock Bad Religion sigue operando como una de las voces más consistentes del género, no solo por su sonido, sino por la persistencia de un discurso que nunca ha buscado acomodarse. En ese trayecto, Jay Bentley ha sido un testigo directo –y protagonista– de cómo una banda nacida en la periferia cultural de Los Angeles terminó convirtiéndose en referencia global sin perder del todo su impulso original. En la forma en que Bentley recuerda los inicios, marcados por la marginalidad, la incomodidad y una identidad en construcción, aparece una clave: Bad Religion nunca fue una banda pensada para encajar, sino para tensionar. Y esa tensión, lejos de diluirse con el tiempo, hoy dialoga con un presente que parece amplificar muchas de las preguntas que la banda viene planteando desde los años ochenta. En ese cruce entre pasado y presente, el vínculo con Chile ocupa un lugar particular. No solo por la intensidad de su público, sino por una conexión que se ha construido en la experiencia compartida. Su regreso, en el marco de Rockout, se da además en un escenario global marcado por la polarización. Un contexto que, lejos de ser ajeno a la historia de Bad Religion, parece reactivar el sentido de su propuesta. Sin embargo, y fiel a su estilo, Bentley evita romantizar ese escenario: más que una oportunidad creativa, lo ve como una señal de alerta: «no me interesa hacer música a partir de que haya gente viviendo mal o sufriendo; preferiría que ese contexto simplemente no existiera», sostiene. Chile ha sido una plaza muy de mucha conexión con Bad Religion a lo largo de los años. En ese contexto, ¿cómo se siente volver a tocar acá y qué lugar ocupa el público chileno dentro de su experiencia en vivo? Nos sentimos muy emocionados. Ir a Chile siempre tiene algo especial para nosotros. Es un lugar donde las cosas no son previsibles, donde la reacción del público puede tomar cualquier forma, y eso es precisamente lo que lo hace tan interesante. Esa sensación de no saber exactamente qué va a pasar genera una energía distinta, más viva, que como banda valoramos mucho porque nos obliga a estar completamente presentes en el escenario. Su última visita dejó imágenes muy marcadas, tanto por la energía del show como por lo que ocurría alrededor. ¿Qué elementos hacen que ese concierto permanezca tan presente en la memoria de la banda? El fuego de las bengalas, sin duda (ríe). Fue algo muy intenso, muy fuera de lo común, incluso para nosotros. No es solo lo visual, sino cómo eso se integró con la energía del show. Terminó siendo una de las experiencias más potentes que hemos tenido tocando en vivo. De hecho, fue algo que siguió presente mucho después de que terminó la gira; lo comentamos durante semanas, tratando de dimensionar lo que había pasado esa noche. En esa misma línea, realizaron dos presentaciones consecutivas en Chile. ¿Cómo interpretan esa respuesta del público, que no solo se sostiene, sino que incluso escala de una noche a otra? Lo más llamativo fue justamente eso: la primera noche fue tan intensa que parecía difícil que algo pudiera superarla. Pero la segunda noche lo hizo. Esa capacidad del público de no solo mantener el nivel, sino de elevarlo, es algo que realmente no es común. Habla de una conexión muy fuerte, de una entrega que no se agota, y eso es algo que como banda se siente de manera muy clara sobre el escenario. Considerando el contexto actual, ¿cómo piensan un show hoy? ¿Qué criterios entran en juego al momento de definir qué decir sobre el escenario y a través del repertorio? Lo que buscamos es que el set tenga sentido con el momento que estamos viviendo. El mundo ha cambiado mucho, y eso inevitablemente influye en cómo pensamos los shows. Con tantos años de música, tenemos la posibilidad de elegir canciones que conecten mejor con ese contexto. No se trata solo de tocar, sino de armar algo que dialogue con lo que está pasando, aunque todavía tenemos que definir exactamente cómo se va a ver ese set. Con una discografía que atraviesa más de cuatro décadas, el setlist se vuelve casi un ejercicio curatorial. ¿Cómo equilibran el peso de los clásicos con la necesidad de construir un relato coherente con el presente? Es una combinación de intuición, contexto y también de lo que sentimos en ese momento como banda. No es solo una selección de canciones conocidas, sino una forma de construir algo que tenga coherencia. En lo personal, disfruto mucho tocar ‘Beyond electric dreams’ (del álbum “The Empire Strikes First”, 2004) porque tiene muchas partes distintas, muchas dinámicas, y eso la hace especialmente interesante en vivo. Pero en general hay un vínculo muy fuerte con todo lo que hacemos; después de tantos años, esas canciones siguen teniendo sentido para nosotros. Si tuvieras que mirar hacia atrás desde una dimensión más personal que musical, ¿hay algún disco de Bad Religion que sintetice mejor un momento vital tuyo o de la banda? ¿Qué lo hace significativo en ese sentido? Es una buena pregunta, porque para mí, los discos no pasan tanto por lo musical, sino por lo emocional. Cuando pienso en un álbum, lo que recuerdo es en qué momento de la vida estábamos, qué estaba pasando con nosotros como personas mientras lo hacíamos. En ese sentido, “Suffer” (1998) y “The Process of Belief” (2002) son momentos muy importantes, porque en ambos casos no había presión externa. Nadie estaba pendiente de lo que hacíamos, y eso nos permitió enfocarnos completamente en hacer un disco para nosotros, desde un lugar mucho más libre. Bad Religion ha sido históricamente una banda asociada a la reflexión política y social. Frente al escenario actual, marcado por polarización y cambios estructurales, ¿qué lugar crees que sigue ocupando el punk como espacio de pensamiento crítico? Siempre se plantea que momentos como este son buenos para hacer música, pero no lo veo así. Desde mi perspectiva, el estado actual del mundo es extremadamente negativo. Tengo 62 años y nunca había visto algo así. Entonces, más que verlo como una oportunidad creativa, lo que siento es que ojalá no estuviéramos en esta situación. No me interesa hacer música a partir de que haya gente viviendo mal o sufriendo; preferiría que ese contexto simplemente no existiera. Honestamente, nunca había visto un mundo tan miserable como el actual. Y no tengo problema en decir que gran parte de eso se lo debemos a figuras como Donald Trump. Mucha gente dice «este es un gran momento para que hagan un nuevo disco», pero yo pienso lo contrario. Preferiría que todo esto desapareciera y no tener que hacer música en este contexto. En distintos países, incluyendo Chile donde acaba de asumir un gobierno conservador, se observan giros políticos que generan debate, ¿cómo lees este fenómeno a escala global? Sí, veo que esto está pasando en muchos lugares. Obviamente no vivo en Chile, así que no lo experimento como quienes están allá. Pero lo que más me impacta, como estadounidense, es la cantidad de personas que creen que lo que está pasando es algo positivo. Eso es lo que todavía me desconcierta. Imagino que allá pasa algo similar, que hay gente que cree que lo que ocurre es bueno. Y ahí está la gran pregunta. A veces incluso me detengo a pensar si el equivocado soy yo, si estoy interpretando mal las cosas, porque hay muchas personas que ven esto como algo correcto. Es una sensación incómoda. Esto está pasando en todo el mundo y creo que será algo que se va a estudiar por generaciones: por qué, después de eventos como la pandemia, muchas personas optaron por este tipo de caminos políticos. Volviendo a los orígenes, a fines de los años setenta en El Camino Real High School, cuando todo partía, ¿qué recuerdos tienes de esos primeros años y de qué manera ese contexto terminó moldeando la identidad de Bad Religion? Cuando conocí a Greg (Graffin), éramos prácticamente los únicos dos en el colegio con el pelo corto y negro. Él usaba una polera de Black Flag y yo una que decía “virgin” (ríe). De alguna forma, nos encontramos porque éramos los que parecíamos encajar en eso. Brett (Gurewitz) era mayor que nosotros, y Greg lo conoció en una fiesta. Así empezó todo. Esa época era emocionante, pero también solitaria. No había mucha gente interesada en lo mismo que nosotros. Era incluso un poco intimidante. Pero mirando hacia atrás, creo que me gustaba esa confrontación, esa sensación de estar en contra del resto. Cuando empezamos la banda, probablemente no éramos muy buenos, pero sí éramos mejores de lo que pensábamos. Y para mí, eso lo era todo: descubrir que podíamos escribir canciones y decir cosas que, en teoría, un chico de 15 años no debería estar diciendo. Y eso fue clave, porque nos permitió entender que podíamos hacer música y decir cosas que no eran habituales para alguien de esa edad. Respecto al presente creativo, han mencionado que no existe una urgencia por sacar nueva música. En ese escenario, ¿qué tendría que ocurrir para que un nuevo disco de Bad Religion cobre sentido? En los últimos meses han aparecido varias ideas, sobre todo de Brett. Él escribe canciones, se entusiasma, nos juntamos a grabar, pero a veces después de una o dos semanas deja de gustarle (ríe). Lo que necesitamos hacer es escribir muchos temas y luego ver si realmente tiene sentido hacer un nuevo disco. Hoy no hay una necesidad clara de otro álbum de Bad Religion. Tenemos más de 300 canciones y 17 discos de estudio. Entonces, si vamos a hacer algo nuevo, tiene que ser algo que vaya más allá de lo que ya hicimos. Esa es la conversación pendiente: decidir si realmente queremos avanzar hacia nuevo material o no (ríe). Después de tantos años de relación con Chile, ¿qué significado tiene hoy ese vínculo y qué le dirías a un público que se apropia de sus canciones? Lo principal es agradecer. Que la gente no solo escuche, sino que además se tome el tiempo de entender lo que decimos, especialmente cuando no es su idioma, genera una conexión mucho más profunda. Esa diferencia es muy clara para nosotros, y es algo que valoramos mucho. Para cerrar, algo que siempre me interesó averiguar considerando tu amplio gusto musical, si tuvieras que elegir cinco artistas o bandas fundamentales en tu vida, ¿cuáles serían? ¡Uf! Es una pregunta muy difícil y quizás no la que algunos piensan. Diría que la dupla de Elton John junto a Bernie Taupin como letrista, sin duda. También Elvis Costello. En lo personal, elegiría a Paul Weller (The Jam, The Style Council) por sobre muchos otros, porque realmente es alguien que ha marcado mi gusto musical. También me gustan mucho los Arctic Monkeys; hay algo en ese sarcasmo británico que encuentro muy atractivo, muy entretenido. Y, por último, Burt Bacharach, porque escribió muchas canciones increíbles e inolvidables. Tags #Bad Religion #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. Ultimos Contenidos Rock Noticias Metallica hace donación a víctimas de terremotos en Venezuela Viernes, 03 de Julio de 2026 Rock Noticias ''Confessions II'': Madonna lanza su primer álbum Viernes, 03 de Julio de 2026 Rock Videoportada rrainero Viernes, 03 de Julio de 2026 Rock Noticias Se anuncia la edición 2026 de Ruidosa Fest Viernes, 03 de Julio de 2026 Rock Discos Inundaremos Viernes, 03 de Julio de 2026 Rock Articulos Bruno Valverde: Técnica y poder desde Brasil Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Nuevos Sonidos Chilenos: Josestilez, El Fruto del Ruido, Producto Chileno y más Jueves, 02 de Julio de 2026 Rock Noticias Dub Is the Way: Alex Serra y Totidub vienen a Chile Jueves, 02 de Julio de 2026