Cámara Chilena de la Destrucción: Construyendo caminos La banda de Temuco conversó con Rockaxis Viernes, 24 de Julio de 2026 Publicado originalmente en revista Rockaxis #277, julio de 2026. La banda oriunda de Temuco nos habla sobre las historias tras la portada de su split con La Estrategia del Caracol, su peculiar nombre, cómo ha sido construir escena desde el sur del país y por qué definen su música como «hecha para la gente que salía última en Educación Física». Bastián Fernández Un niño sentado en un auto, sonriente y feliz, disfrutando sentir el volante y la brisa sin ni siquiera llegar a los pedales. En el fondo, casas pareadas, una reja tapada con tablas y un auto rojo tapado con el clásico aluminio en el parabrisas. Una foto clásica del Chile de los noventas. Con ese retrato, las bandas Cámara Chilena de las Destrucción y La Estrategia del Caracol presentan su split: “El Hambre y las Ganas de Comer”, un álbum que se mueve entre el hardcore, el punk, el pop; la urgencia y un enorme sentido de pertenencia. Pablo Villouta, bajista de la Cámara Chilena de la Destrucción, cuenta que la portada apareció por casualidad, cuando el reloj marcaba el tiempo de entrega del álbum y todavía no tenían definido qué hacer. En esa búsqueda, decidió revisar sus fotos familiares y se encontró con su versión del pasado sonriente sobre un auto en la casa de su abuelo. Le encantó el retrato y lo que transmite. Mandó la propuesta y le dijeron: «acá está lo que necesitamos». «Durante la creación del split mi abuelo falleció. Fue a mediados del año pasado. A nivel personal, este trabajo también es una forma de recordarlo, porque además de la foto, todo esto parte en Molco, en una cabaña que él tenía. Ahí nos juntamos con La Estrategia del Caracol. Sin eso, esto ni cagando se lleva a cabo. Se terminó formando una intertextualidad bien bonita», explica emocionado Pablo. Fue durante ese viaje al sur de Chile que la idea del álbum comienza a gestarse y volverse más ambiciosa. En un inicio, la idea era registrar solo dos canciones por banda, pero al final de su periplo escucharon el material y dijeron: «esto da para más. Hay que hacer un álbum». Doblaron la apuesta y debían ser cuatro canciones por proyecto. Se encerraron a componer durante el primer semestre de 2025 y en agosto de ese mismo año viajaron a Santiago para grabar sus canciones. Quiero entender El camino de Cámara Chilena de la Destrucción ha sido fortuito, una construcción casi casual. Partió como un espacio de experimentación: una banda para entender cómo funcionan las labores de un manager y el ecosistema nacional. Cuentan que incluso su baterista ni siquiera había tomado las baquetas previo a darle vida a este proyecto. Su única expectativa real era aprender a hacer cosas y poder plasmarlas en otras aventuras musicales. Antonio Quintana (guitarra y voz), David Pérez (guitarra y voz), Pablo Villouta (bajo) y Diego Chacón (batería) se juntaron en Temuco con la idea de hacer ruido y dar libertad a su imaginación con ese mundo sonoro que se gestó durante su adolescencia y temprana adultez, entre Green Day, hardcore y el cariño por la canción pop. Hoy, se sienten felices por el alcance que está generando el proyecto. Pablo y Antonio, desde la Región de La Araucanía, nos transmiten esa alegría desde las primeras respuestas, afirmando que todo este sorpresivo éxito es también una victoria colectiva y de la creación desde regiones, una bandera que llevan con orgullo. Pero la primera gran interrogante es el nombre de la banda. Un juego de palabras que le da otro sentido a una de las asociaciones gremiales más poderosas de Chile. «Es una frase que una vez vi en un meme de Team Fortress (videojuego) que decía: cuándo llega la Cámara Chilena de la Destrucción. Lo tiré de hueveo cuando estábamos buscando un nombre –explica Antonio–; ahí me acordé que en la universidad fui ayudante de la presidenta de la Cámara Chilena de la Construcción de Temuco. Le conté a los cabros y fue como: “este tiene que ser el nombre”, porque también hay una conexión personal. Además, la banda tiene el concepto de ir duro, entonces calza perfecto. Canciones para el último de la sala A pesar de la velocidad con la que sus singles han sumado adeptos en las plataformas de streaming, llamando la atención de un público más ligado al rock alternativo y a sonidos más suaves que al hardcore duro, esto se lo toman con total naturalidad. Sus influencias no solo vienen de machacar guitarras, también por su gusto por el pop, otras bandas a las que han pertenecido y el colectivo Doble Cara, el que está levantado espacios desde el sur de Chile. Pablo interviene en la conversación para declarar que «pertenecemos más a la escena indie que a la del hardcore, tanto por cómo nos movemos como porque todos nosotros hacemos hartas cosas dentro del mundo de la música. El Toño toca en Todos Mis Amigos Están Tristes, que es su banda principal. Yo estoy metido en el management y tenemos el colectivo Doble Cara en Temuco. La banda es la primera que nació 100% inserta en esa orgánica que estábamos creando». Sobre qué hay en ellos que acerca a las melodías más duras a un público más general, explican que tiene que ver con su voluntad y ganas por crear canciones de vocación pop. «Toño y Matón tienen un don para eso», señala el bajista. «Desde la parte musical lo tomamos de la misma manera –acota Antonio–. A veces compongo pensando para cual proyecto va, en canciones que no calzan para Todos Mis Amigos Están Triste. Acá todo es mucho más relajado. Y eso nos ha ayudado». Esa falta de pretensión se traduce en una identidad transparente, honesta y que refleja a esta generación que creció frente a la pantalla. «En la bio de la Cámara dice “música para gente que elegían al último en Educación Física” y es como “I know that feel, bro”. Está muy pensada en los adultos jóvenes criados por el internet. Por lo mismo, las referencias a virales como el de las Calilas. O en el split, que hay un par de referencias a letras de Niños del Cerro, que fue parte del crecimiento musical de los cuatro», explica Pablo. Construyendo caminos Crear desde regiones, en un país tan centralizado como Chile, siempre es un gran desafío. Implica lidiar con las enormes distancias territoriales y a la fijación de que todo lo importante sucede en la capital. Para Cámara Chilena de la Destrucción, la geografía y el clima no son detalles menores; son elementos que se cuelan en el ADN de sus canciones de forma inconsciente. ¿Cómo es para ustedes crear desde Temuco? Pablo Villouta: Uno no se da cuenta cómo las circunstancias de vivir en región o en lugares más chicos permean en la música. El frío, especialmente el frío, el clima que siempre tiene muy poco sol... todo ese tipo de cosas permean ahí. De hecho, una vez leí una reseña sobre el disco que decía algo así como: «¿Por qué esta ciudad en el medio de Chile está tan deprimida? Está so fucking depressed». Y decía exactamente eso. Antonio Quintana: Uno quizás no se da cuenta, y otras veces sí lo eliges como un tema de inspiración. Yo soy de Collipulli, pero ahora estoy viviendo en Temuco, y me acuerdo que a mí me llegaba la música de los noventas y los dos mil en los 2010 como si fuera lo más nuevo. No tenía acceso a mucha música nueva. Entonces, todos estos elementos terminan siendo un cúmulo de cosas que afectan y uno no se da cuenta. PV: He vivido toda mi vida en Temuco, excepto seis meses que viví en Santiago hace un par de años. Y algo que ha cambiado últimamente con respecto a esto de hacer música de región es que se han formado estructuras, como estos mismos colectivos y sellos para que la música no nazca y muera en su región. De hecho, el año pasado tocamos más en Santiago que en Temuco. Esta itinerancia los ha llevado a mapear otras realidades y a sorprenderse con la efervescencia que se vive en puntos del mapa que, a veces, la prensa musical pasa por alto. Para los integrantes de la Cámara, el fenómeno que hoy se vive en su ciudad no es un hecho aislado, sino parte de una posta que se van pasando distintas agrupaciones de la zona. El ruido llama al ruido. ¿La clave de este despertar? Asia Menor. El efecto de su música puso a curiosos a escuchar lo que ocurre en el sur y también a adolescentes y adultos a crear espacios, tomar las guitarras y hacer que las cosas pasen. En este contexto de grupos que están emergiendo se les etiquetó bajo el nombre de Nueva Escena. ¿Se sienten parte? ¿Les hace sentido? PV: La Nueva Escena está en todo el país. Es un súper buen antecedente para la gente que quiere hacer música desde regiones ver cómo aparece gente un poco de la nada, hace sus cosas en su región, funcionan y les va más o menos bien, al menos dentro del nicho del que estamos hablando. Ojalá siga así; a mí me gustaría que cada capital regional tenga su escena marcada y que se entienda a nivel nacional como polos para la música. Si uno mira a Argentina, es así: cada capital tiene su espacio y eso permite que constantemente vayan naciendo proyectos. Porque si no, un grupo de músicos desaparece y hay que empezar de nuevo a construir espacios. Con el split “El Hambre y las Ganas de Comer” expandiéndose desde los vientos fríos de La Araucanía, la banda de Temuco tiene clara la hoja de ruta para esquivar los vacíos de la industria tradicional. «Habrá que levantarse a construir», exclaman entre risas y convicción. Tags #Cámara Chilena de la Destrucción #2026 Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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