Stoned Jesus: En las montañas del fuzz Club Ámbar recibió a los ucranianos en su mejor momento Jueves, 30 de Octubre de 2025 Miércoles 29 de octubre, 2025 Club Ámbar, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Stoned Jesus debe ser una de las bandas más especiales del ecosistema sabbathico. Fundada en 2009 por su mente maestra, Igor Sydorenko, el enclave llamó la atención del mundo stoner con "First Communion" (2010), canciones de extenso minutaje que planteaban desde muy temprano las intenciones del proyecto. Cuando medios dedicados al estilo como The Obelisk o The Sludgelord reseñaron en tiempo real el siguiente título, "Seven Thunders Roar" (2012), notaron de inmediato el salto cósmico de un creador que no iba a tener miedo de derribar todas las fronteras y eso se fue confirmando con cada entrega posterior. "The Harvest" (2015), "Pilgrims" (2018), "Father Light" (2023) y el último, "Songs to Sun" (2025), son todos distintos entre sí, lo que conforma un catálogo rico que oscila entre el stoner, el heavy rock y el rock progresivo con total naturalidad. Es más, analizar su show desde una perspectiva discográfica ayuda a entender por qué clavaron la bandera del stoner con tanta seguridad en las alturas de la escena fuzzera contemporánea. Con una formación recargada tras el alejamiento del bajista Sergii Sliu y del baterista Dmytro Zinchenko debido a que Sydorenko no estaba a gusto con su forma de trabajo, el nuevo aterrizaje en Club Ámbar fue secundado por las cuatro cuerdas de Andrew Rodin y las baquetas de Yurii Ciel, a quienes urgía ver desplegándose tanto en los clásicos como en la presentación del flamante "Songs to Sun". Es que no hay que pasar por alto el buen recibimiento que ha tenido el esférico más actual de los ucranianos, y esos comentarios positivos toman cuerpo cuando el setlist llega a 'Shadowland', sin lugar a dudas, una de las más destacadas de su actualidad. Desde el riff sabbathico, pasando por el intermedio a la Helmet y llegando hasta el blast beat, es una representación fiel de que estamos frente ante una agrupación única. Más allá de los recursos que ocupan, es la forma en cómo los hacen propios y los expanden en su vasto universo. Tanta es la confianza en el nuevo material, que se lanzaron con 'Low' tras el encore, pulso marcado por el Yurii Ciel más contundente. Tras los tambores, el hombre era puro fuego, atacó con potencia y no dejó títere con cabeza, mientras a sus pies los asistentes vivían el concierto a concho, especialmente cuando los blast beats volvieron a escena. El anterior disco, "Father Light" (2023), también se inscribió con dos anotaciones. La primera fue 'Porcelain', el momento de protagonismo para un Andrew Rodin que cortó cabezas sin piedad con su robusto bajo. De hecho, proyectaba esas vibraciones graves que hacen temblar las paredes cuando dejaba la última cuerda sonando al aire. Con su polera de Cult of Luna, otro destacado que falta ver por estas tierras, Rodin se perfiló como uno de esos bajistas que nos gusta ver, los que participan, los que cantan, los que mueven la melena en círculos y exigen sus cuerdas vocales gritando frente al micrófono. A su lado izquierdo, mirando hacia el escenario, vemos a un Sydorenko que nunca ha escondido sus opiniones acerca de la guerra entre Ucrania y Rusia. Por eso mismo, hizo saber a todos los presentes que había un espacio en el merch para juntar dinero que, según sus palabras, "va de la gente a la gente, sin putas instituciones entre medio" y de ahí se lanzó con 'Thoughts and Prayers', que tiene una de las letras más lúcidas de todo el "Father Light", y que el vocalista y guitarrista interpretó con una pasión desbordada. 'Thessalia' fue la única de "Pilgrims" (2018), el que marca la frontera entre el Stoned Jesus actual y el clásico. Arriba de las tablas, es una de las que más luce la combinación entre stoner y progresivo a la que hemos hecho tanta referencia en este escrito, ya que manejan las dinámicas como absolutos reyes del cosmos, y oscilan entre lo pesado y lo astral con total comodidad. 'Here Come the Robots' se hizo cargo del magnífico "The Harvest" (2015), reconocido como su peak creativo. Sydorenko pidió pogo y lo tuvo a destajo. El respetable se activó con entrega absoluta y dejó uno de los mejores recuerdos del show, todo amenizado por ese stoner punk divertido que los ucranianos también manejan al dedillo. Antes de ello, el contraste vino con 'Black Woods', la única de "First Communion" (2010), un riff tan heavy que Sydorenko se tuvo que sacar los lentes para poder hacer headbanginng como corresponde, ajustando su Marshall con la bandera de Ucrania cuando la distorsión lo requería. Es el momento sabbathico del concierto, ese en el que surge el ser primitivo dominado por el fuzz incandescente. A lo largo del viaje, el más favorecido fue, cómo no, "Seven Thunders Roar" (2012), su clásico por el que están en la historia de este estilo. De hecho, 'Bright Like the Morning' fue la encargada de empezar la jornada, con su halo místico que dejó al Club Ámbar flotando en el espacio. Si bien no la tocaron entera, 'I am the Mountain' siempre es un momento especial del concierto. "¿Están listos para cantar?", gritó Sydorenko al principio y el público sí que respondió con un barullo de proporciones. Literalmente, Stoned Jesus nos hizo llegar a la cima de su montaña de fuzz para apreciar esa maravilla de canción desde las alturas de un clímax absoluto, con el ruido de la distorsión como catalizador de una energía primal. Como era de esperarse, la conclusión con 'Electric Mistress' fue de antología, todo el club Ámbar siguió la letra, el trío se dio el tiempo para jugar con los riffs de 'Smoke on the Water' y 'Crazy Train' en la sección media, y Sydorenko aleonó a cada uno de los asistentes para que participaran en un final apoteósico. Aunque nos quedaron debiendo ese último riff que nos hunde en su lado más doom, fue un broche perfecto para un concierto perfecto. La buena onda de la banda, como el instante en el que Andrew Rodin encontró un teléfono en el pogo de 'Here Comes the Robots' y lo devolvió al público muerto de la risa, el abrazo que los tres se dieron cuando empezó el show, la concentración absoluta de Yurii Cielo tras el kit de batería, pasando de lo rápido a lo lento sin mayores complicaciones, la escenografía propia del Club Ámbar, que encaja a la perfección grupos de esta índole, o las veces en que Sydorenko y Rodin se juntaban en el centro del escenario para alzar sus hachas al firmamento en señal de gozo son las postales de una escuadra que lo pasa bien sobre el escenario y eso mismo se traspasa a seguidores que respondieron en toda ley, alucinados por las alturas de esos riffs pedregosos e imponentes que recibimos cariño desde su primera visita en 2016, y son la clave de un lazo afectivo que se confirmó en 2017 y se consolidó este 2025. No cabe duda de que Stoned Jesus nos visitó en su mejor momento, con el respeto de un catálogo prominente, una actitud aguerrida y un oficio respetable. Prometieron no hacernos esperar tanto para un próximo encuentro y aquí estaremos dispuestos a escalar la montaña del fuzz las veces que sea necesario, encandilados por el brillo de esas canciones que rugen como siete truenos. Pablo Cerda Fotos: Juan Maralla Tags #Stoned Jesus Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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