Primal Scream: Todos juntos como uno Crónica de una noche marcada por el baile y la comunión santiaguina Viernes, 07 de Noviembre de 2025 Jueves 07 de noviembre, 2025 Teatro Coliseo, Santiago Galería de imágenes AQUÍ Bajo la extraña lluvia novembrina que cae sobre Santiago cada año como si Guns N' Roses hubiesen pactado ese tipo de disonancias climáticas para las grandes citas de la música, lo que nos convocó esta vez fue el llamado al Teatro Coliseo, paraguas en mano y corazón listo para saldar una deuda pendiente desde 2018: el reencuentro con Primal Scream. Una banda queridísima en este lado del continente, justamente por ser la responsable de inyectarle LSD sónico al tieso establishment del rock británico, desinhibiéndolo, chasconeándolo y, literalmente, haciéndolo bailar entre luces estrambóticas, melodías con harto beat, distorsión y coros grandilocuentes de puro soul. Entre veteranos de la Gen-X, herederos millennials y algún que otro neófito de la Gen-Z -seguramente convertido gracias a un algoritmo bienaventurado-, la indumentaria predilecta del público era esta vez de parkas verdes, Doctor Martens, polerones Adidas y, por supuesto, el estandarte infaltable: la polera del sol naciente amarillo y azul del “Screamadelica” (1991). A las 22:25, diez minutos más tarde de lo pactado -detalle que nadie se reprochó demasiado-, se prendieron las luces y todo el recinto -prácticamente lleno, por lo demás- se unificó en una disposición absoluta a lo que viniera, con tal de estar ahí. Y es que se sabía que no sería un setlist complaciente, aunque sí impecable, ya que vienen de una gira algo más experimental, pensada para los fanáticos más acérrimos, con varias de esas rarezas entrañables y un repertorio más cargado a su último disco, “Come Ahead”, publicado hace exactamente un año. La explosión screamadelica, ultrabailable y primal, se desató en el primer bloque con ‘Don't Fight It, Feel It’, ‘Love Insurrection’ y, claro, el temazo que no deja a nadie indiferente, ‘Jailbird’, que hizo bailar, saltar y sacar los mejores pasos de la fanaticada rendida ante la fiebre dictada por la voz del siempre icónico y magnético Bobby Gillespie, vestido esta vez con un traje blanco y botas de cocodrilo. Luego vino lo más reciente de su catálogo, con temas como ‘Ready to Go Home’, ‘Deep Dark Waters’ e ‘Innocent Money’, bien recibidas y escuchadas con mayor atención, para así darle el pase y saltar a ‘Medication’ de ese tremendísimo disco medio tripero y psicotrópico que es el "Vanishing Point" (1997). Un lujo de escuchar en vivo. Que no te deje engañar su ceño fruncido ni esa expresión severa, Gillespie sigue siendo un líder carismático y sonriente; uno con una sensibilidad que va mucho más allá de lo musical, por lo demás. Si no, pregúntenle a esa hermosa pieza a corazón abierto que nos regaló, ‘I’m Losing More Than I’ll Ever Have’, o a ‘Love Ain’t Enough’, que sin duda entregaron la cuota emocional necesaria para esas alturas del set, después de tanto guiterreo eufórico. El bloque final vino de la mano de una de las favoritas más esperadas, ‘Loaded’, que desató un cántico positivo y raver capaz de poner en jaque la acústica del Coliseo, seguida por otra rareza entrañable, ‘Swastika Eyes’, y la energía feliz de ‘Country Girl’, que contrastaba a la perfección con la herida abierta de ‘Damaged’. Ahora, se sabe que su líder escocés siempre ha sido bien enfático respecto a sus posturas políticas y en su marcada conciencia de clase, aprovechando cada escenario para ser un ávido activista. Un momento así se vivió durante la comunión sónica de ‘Come Together’, cuando se tomó un momento para pedir por una Palestina libre. En lo musical, fue igualmente impecable, tanto por el sonido, teniendo al público coreando al unísono “come together as one”, y claro, por las coristas que se lucieron como dos fuerzas místicas vestidas de lentejuelas. El encore, que dejó a todos pidiendo más, estuvo marcado por el regreso de una favorita infaltable: ‘Rocks’, desatando una nueva ola de bailoteo y algarabía colectiva antes de transformarse en un cierre explosivo con un cover stoniano y distorsionado de ‘No Fun’ de The Stooges. Allí, Andrew Innes -único guitarrista- tomó el protagonismo con una de sus Les Paul de ese arsenal envidiable, coronando el final con la medida justa de ruido, distorsión y distinción. Broche perfecto para una noche estelar dentro del Opening Act de Fauna Primavera, donde Primal Scream desplegó una vitalidad intacta, reafirmando la vigencia de Bobby Gillespie como un auténtico genio de la curaduría musical, aún capaz de tender puentes entre el punk, el soul y la cultura rave con la misma lucidez y sensibilidad de sus mejores días.Sin lugar a dudas, uno de esos conciertos que justifican todo: las esperas, la lluvia, el cansancio acumulado de la seman, pues ver a Primal Scream en vivo -y en tan buena forma- es un amistoso recordatorio de por qué seguimos creyendo en la música, no como simple espectáculo, sino como una experiencia de vida compartida que todavía nos une, nos conmueve y nos mantiene vivos y sintientes. Bárbara Henríquez Fotos: Juan Maralla Tags #Primal Scream #Bobby Gillespie #Fauna Primavera Please enable JavaScript to view the comments powered by Disqus. 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